Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘– Historia Naval’ Category

Se denomina arráez a un patrón de barco, pero también hace referencia al jefe de todas las faenas que se llevan a cabo en la almadraba (lugar donde se pesca y donde después se prepara el atún). En el norte de África se usó para denominar al capitán de la embarcación musulmana. Precisamente por ésto deriva del árabe hispano arráyis, y éste del árabe clásico ra’īs. En el Al-Andalus se hacía uso del término para nombrar a los caudillos de ciertas zonas que protagonizaron revueltas, tanto contra los reyes musulmanes como contra los católicos (Segura 2006). Este tema, de indudable interés histórico, apenas ha sido tratado, por lo que aquí exponemos una síntesis de lo investigado hasta el momento. Vamos a realizar un repaso de la adjudicación de este término en los ámbitos naval y marítimo según la distribución geográfica.

En el Mediterráneo hispano

Durante la Edad Moderna, en los puertos andaluces y en las ciudades costeras mediterráneas hispanas, el arráez era el capitán de una embarcación pesquera. Aunque inicialmente eran musulmanes, los que se quedaron en la Península tras la reconquista pasaron a ser conocidos como mudéjares y moriscos, y muchos mantuvieron su oficio. Posteriormente el término se asimiló, y se usaba para designar a los patrones de los barcos, fueran o no cristianos, especialmente de pesca, aunque también a veces se nombra así a los que transportaban pasajeros a Indias.

En el Reino de Aragón

Según los estudios realizados, parece que el transporte, tanto el fluvial como el marítimo, era una actividad familiar (Zulaica 1997). Tenemos noticia de que en la localidad de Mequinenza (Zaragoza), durante el siglo XV, Mahoma el Moro era un activo arráez que trabajaba con sus dos hermanos Asmez y Aziz Focen. Otras familias dedicadas al transporte fluvial eran los Fogaça. También había cristianos como los Lombart y los Soro. Está documentado que además se les llamaba “raíces”, y eran los que monopolizaban el tráfico fluvial por el río Ebro. Se habían establecido en Zaragoza y en otros pueblos de aguas abajo del citado río hasta Flix. Ya habían formado una cofradía en la que se incluyeron a algunos pescadores, según Cabezudo.

‘La pesca de los atunes’ de Sorolla

En Andalucía

Para poder desarrollar el oficio de arráez de barcos de carga y descarga en el río Guadalquivir era necesario realizar previamente un examen. Hemos hallado el acta de uno de los que se les llevaron a cabo en el año 1610. Los aspirantes fueron los siguientes:

Alonso Sánchez, Domingo Suárez, Jerónimo de la Cruz, Juan de Zamora, Francisco Sánchez, Antonio González, Alonso Calzado, Cristóbal Zarco el Viejo, Amador Pérez, Cristóbal Zarco el Mozo, Pedro Gudiel, Roque Bernal, Juan de Ortega, Manuel Pérez, Miguel Páez, Antón de Carmona y Gonzalo Hernández.

De ese mismo año se ha hallado un documento del examen celebrado en la Casa de la Contratación, ante Rodrigo Zamorano, cosmógrafo y piloto mayor, para el examen de arráez del río Guadalquivir de Miguel Hernández.

También conocemos que establecieron cofradías, de las que tenemos noticia en Vera y también en Cartagena.

En América

En la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, impresa en 1841, se trata de los arráeces de los barcos de carga y descarga (Ley XXIII, título 26, libro 9, tomo III). Se manda que no se consienta que salgan de Cartagena de Indias sin haberse examinado (Ley XLVII), ni que lleven pasajeros sin licencia (Ley LIX).

Arraeces prisioneros

Durante toda la Edad Moderna, en los enfrentamientos entre naves hispanas y norteafricanas, una de las clases de prisioneros con los que la normativa era más dura eran precisamente los arráeces y sus ayudantes (sotarráeces), ya que se consideraban muy peligrosos por sus conocimientos náuticos. De hecho, una vez capturados no podían ser vendidos, sino que debían ir directamente a prisión. Si se destinaban a galeras, sólo podían remar y tenían prohibido abandonar la nave, ya que el riesgo de fuga era muy grande.

Para concluir

Un término, que designa a la persona que tiene las habilidades para dirigir una nave, cuyo origen es andalusí, como muchos otros vinculados con esta materia, que ha tenido varios derivados y uno de ellos hace alusión al jefe que gobierna la almadraba. Sus habilidades náuticas los hacían tremendamente peligrosos cuando eran capturados por sus enemigos, ya que en un descuido podían hacerse con la embarcación, o con una pequeña barca, y escapar.

En otro ámbito, arráez también se ha convertido en apellido y es la denominación de una localidad almeriense.

Más información

ADIEGO, Elvira. Visión histórica y urbana de los ríos en Zaragoza. Ríos y ciudades. Aportaciones para la recuperación de los ríos y riberas de Zaragoza. Institución Fernando el Católico, 2002.

CABEZUDO ASTRAIN, José. Noticias y documentos sobre moriscos aragoneses. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 1956, 5, p. 105-117.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de marina en la España del siglo XVIII. Almería: Universidad, 2011.

PORRAS ARBOLEDAS, Pedro Andrés. Las ordenanzas de arraeces y pescadores de las ciudades de Vera (Almería, siglo XVIII) y Cartagena (Murcia, siglos XVI-XVII) y las reales ordenanzas de la pesca con pareja de ‘bous’ de 1786. Cuadernos de Historia del Derecho, 2019, 26, p. 195.

SEGURA GONZÁLEZ, Wenceslao. Amenazas cristianas a la Tarifa musulmana. Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, 2006, 63, p. 4-10.

SOTO MELGAR, Mercedes. El elemento léxico árabe en el habla viva de los marineros gaditanos. Estudios Interlingüísticos, 2020, 8, p. 269-284.

ZULAICA PALACIOS, Fernando D. Mercados y vías fluviales: el Ebro como eje organizador del territorio e integrador de la economía aragonesa en los circuitos europeos. Aragón en la Edad Media, 1997, 13, p. 65-104.

Read Full Post »

Las normas sobre cómo saludar en la mar eran muy estrictas durante la Edad Moderna. Estaba todo escrito, tanto entre las escuadras de la misma nación como con las otras. Sin embargo, había países que se autonombraron líderes del Mediterráneo y exigían ser saludados antes, ya fuera dentro de sus límites como fuera de ellos. Esta actitud causó muchos enfrentamientos, ya que ningún general estando dentro de lo que hoy serían sus aguas jurisdiccionales tenía que ser el primero en saludar a una extranjera, ya que los reglamentos nacionales así lo marcaban.

Óleo de Juan de Toledo que muestra la crudeza de un abordaje entre galeras en el Mediterráneo, en el segundo tercio del siglo XVII, cuando españoles, turcos y venecianos luchaban por la supremacía en el mar. Fuente

Esta semana vamos a contar lo que le sucedió a un capitán de la escuadra de España precisamente por negarse a ello. Ha quedado constancia por un escrito enviado al rey, recogido tanto por Sanz de Barutell como por Fernández Duro. El protagonista por parte hispana es el general Papachino, un marino napolitano al servicio del rey Carlos II.

El almirante Papachino

Parece que Honorato Bonifacio Papachino había nacido en Cerdeña (Italia), aunque no se puede precisar la fecha, y que murió en el Puerto de Santa María (Cádiz), en 1697. Posiblemente comenzó su vida de marino en la escuadra de galeras de Cerdeña, utilizada tanto para la seguridad de la isla como para vigilar a los corsarios argelinos, y que fuera ganando ascensos paulatinamente. El capitán general de la Armada del Mar Océano, duque de Veragua, almirante y adelantado mayor de Indias, a cuyas órdenes servía Papachino lo describía como “jefe de gran provecho”. Participó en múltiples batallas por lo que el rey Carlos II le concedió el título de almirante honorario “por los muchos años que ha servido con diferentes plazas hasta la de capitán, y por los viajes, ocasiones y combates en que obró con valor y crédito de soldado y marinero”. En 1683, el Rey le concedió además la merced de 500 escudos de sobresueldo y el título de almirante real.

Firma de Papachino en su testamento

El enfrentamiento

En mayo de 1688 el almirante Papachino había salido de Nápoles con sólo dos buques, la capitana de Flandes y la fragata San Jerónimo, con orden de dirigirse con premura a Málaga por los recientes sucesos de Orán. Al llegar cerca de Altea (costa de Valencia), el 1 de junio, detuvo su navegación por vientos contrarios y tras emprender de nuevo la marcha, al día siguiente, avistó tres navíos. Al estar próximos pudieron ver que eran franceses. Se acercó una embarcación, cuyo patrón le dijo que el almirante Tourville, que mandaba la escuadra francesa, pedía que le saludase. Papachino se negó, pues tenía instrucciones de no hacerlo en aguas españolas, donde los buques extranjeros debían ser los que iniciaran el saludo al estandarte real de la escuadra española (capítulo 2 de la Cédula Real dada en Madrid a 26 de mayo de 1664 por Carlos II), retirándose la embarcación, haciendo una señal con la bandera.

Plano de una fragata del siglo XVII de 60 cañones. Fuente: AGI

Sin embargo, Tourville puso la proa hacia la nave de Papachino con tal violencia que las vergas de ambos bajeles se tocaron, y en esta posición empezó a hacer fuego y a arrojar granadas de mano. Ante la agresión, Papachino se vio obligado a hacer lo mismo con la mayor rapidez; y como la verga de su trinquete y la de cebadera se habían enredado con las del francés, estuvieron batiéndose más de media hora en esa situación. Enseguida se acercaron dos navíos franceses y entraron en el combate, que duró más de tres horas.

Hasta ese momento la fragata San Jerónimo había secundado muy bien a la capitana, pero habiendo cortado un proyectil la driza de la bandera, viéndola caer, su comandante creyó que se rendía aquélla y ella lo hizo también, dejando a la Capitana sola contra los tres navíos. Le partieron el palo mayor y, advirtiendo que al caer había inutilizado toda la artillería de una banda, atacaron por allí para obtener ventaja, si bien Papachino consiguió desembarazarse del estorbo y seguir el combate por ambas bandas.

Dos horas después se alejaron, dejando a la Capitana en tal estado que no quedaban palos, vergas, velas, ni siquiera guardines del timón. Entonces el almirante francés envió una embarcación con un oficial para decirle a Papachino que considerase el estado en que se encontraba, y que hacía ya dos horas que la San Jerónimo se había rendido. El napolitano preguntó qué quería decir eso, y contestó que insistía en el saludo. Reunió entonces a los oficiales para analizar la situación del buque y saber si eran de la opinión de que se continuara el combate, pero unánimemente manifestaron que el navío no estaba en condiciones de navegar; que ya había sólo en esta nave 120 bajas (que además irían en ascenso), y que no pudiéndolos auxiliar la fragata rendida, “quedaban como una boya, enteramente al descubierto, y que podrían tirar sobre ellos como se tira al blanco”. Con este dictamen Papachino comunicó al oficial francés que saludaría forzado por la necesidad, pero haciendo constar que era contra su voluntad.

Al fin, considerando no haber otro remedio, tiró nueve cañonazos sin bala y le contestaron otros tantos, y volvió por tercera vez la embarcación gala a decirle, de parte de Tourville, que sentía mucho lo ocurrido, y que aunque su navío estaba en muy mal parado, sin embargo, si necesitaba alguna cosa, todo lo que él tenía estaba a su disposición. Respondió que no necesitaba nada y se marchó.

Una imagen del rey Carlos II

Papachino hizo lo que pudo para acercarse a tierra y lo consiguió en Benidorm, donde estuvo cuarenta horas, y de allí se dirigió al puerto de Alicante. Al día siguiente elevó al rey un informe detallado de todo lo ocurrido. Tourville, por su parte, también escribió al ministro de Marina francés, dando su versión de los hechos, en el que se refería a Papachino como “el héroe de España”.

Una vez que el informe llegó a la corte, el Gobierno aprobó el proceder de Papachino, señalando el rey “haber quedado satisfecho del valor con que se portó en el combate, muy conforme con el que había mostrado en todas ocasiones”; en cambio, mandó someter a un Consejo de Guerra a Juan Amant Bli, comandante de la fragata que se había rendido.

Las cifras finales

En total, tras un recuento general, en la parte española hubo, entre heridos graves y fallecidos, unos 180, mientras que en la francesa parece que también rondaron los 200 hombres. Todo ésto ocurrió tan sólo porque el almirante francés pretendió, estando en aguas españolas, que Papachino lo saludara antes. Al negarse éste se inició una batalla que acabó con unos 400 hombres fuera de combate entre muertos y heridos.

Más información

FERNÁNDEZ DURO, C. Etiquetas y saludos. En: Disquisiciones náuticas. Madrid: Instituto de Historia y Cultura Naval, 1996.

GONZÁLEZ PAÑERO, J.A. et al. Catálogo de la colección de documentos de Sanz de Barutell que posee el Museo Naval (serie Simancas), Madrid: Museo Naval, 1999.

MADUEÑO GALÁN, José Mª. Honorato Bonifacio Papachino. Real Academia de la Historia (s.f.).

VARGAS PONCE, J. Catálogo de la colección de documentos de Vargas Ponce que posee el Museo Naval (serie segunda: numeración arábiga), vol. III, t. 6, doc. 17 (9).

Ceremonial marítimo actual. 1988.

Ejecución de los saludos en la mar. 2017.

Read Full Post »

Hemos oído hablar de las hazañas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, de cómo deslumbraron con su joven inteligencia a los sabios franceses, pero no conocemos hasta qué punto sus descubrimientos fueron importantes y cómo repercuten en la actualidad. Por eso recurrimos al trabajo de un catedrático de este ramo, Miguel Sevilla, para conocerlos.

La forma y dimensiones de la Tierra son factores que están muy implicados con la navegación, ya que facilitan el establecimiento de sistemas de referencia y la representación de puntos de la superficie.

Ya en la Antigüedad, el bibliotecario de Alejandría Eratóstenes (276-195 a.C.) determinó el radio terrestre, y lo calculó en unos 6267 Km. Posteriormente otros siguieron con estos trabajos hasta llegar a Newton, que concluyó que la Tierra no es una esfera, sino que es un elipsoide de revolución achatado por los polos del eje de rotación.

Giovanni Cassini

Más tarde astrónomos italianos como los Cassini concluyeron que el elipsoide terrestre debía ser alargado en el sentido del eje de rotación, lo contrario de lo obtenido por Newton.

Para intentar zanjar esta controversia, en el siglo XVIII, la Academia de Ciencias de París organizó dos expediciones, para medir la longitud de un grado de meridiano en dos lugares: uno en las proximidades del Polo (Laponia) y otro en el Ecuador (entonces en el Virreinato del Perú), y posteriormente comparar los resultados experimentales obtenidos por estas expediciones.

Poder llegar a esos dos lugares suponía solicitar permiso e invitar a las naciones en las que ambos territorios estaban integrados. Así, la realidad era que pretender hacer mediciones en el Ecuador suponía entrar en tierras coloniales españolas, por lo que la diplomacia entró en juego rápidamente y la Armada española fue llamada a participar, para lo que invitaban a dos “de su más hábiles oficiales”. Así una Real Orden (1734) ordenaba seleccionar a:

dos personas en quienes concurrieran no sólo las condiciones de buena educación, indispensables para conservar amistosa y recíproca correspondencia con los académicos franceses, sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones y experiencias conducentes al objeto, de modo que el resultado fuese fruto de sus propios trabajos, con entera independencia de lo que hicieran los extranjeros.”

En un alarde de inteligencia, los responsables decidieron enviar a los dos guardiamarinas mejor preparados que tenían en la Academia, aunque eran muy jóvenes en comparación con la media de 30-40 años de los científicos franceses. Juan y Ulloa no tenían más que veintiuno y diecinueve años y carecían de graduación militar, por lo que se les ascendió directamente a tenientes de navío. Inicialmente esta situación provocó la burla y el desprecio de los expedicionarios galos, pero conforme iban pasando tiempo con ellos la relación fue de camaradería y de admiración. Estos lazos durarían toda la vida de los protagonistas y les abrirían las puertas de las más prestigiosas academias europeas del momento.

Portada del libro que escribieron

El arco del Ecuador

La expedición, que tuvo lugar entre 1734 a 1744 estuvo integrada, además de los citados Jorge Juan y Antonio de Ulloa, por prestigiosos académicos franceses como Louis Godin (1704-1760) (astrónomo), Charles Marie de La Condamine (1701-1774) (químico y geógrafo), Pierre Bouguer (1698-1758) (matemático) y otros expertos botánicos, cirujanos, ingenieros, agrimensores y dibujantes. Llegó al Virreinato del Perú, y se situó a 2 grados de latitud sur para hacer las mediciones.

Una ilustración del libro que escribieron en 1747

Como la longitud del grado resultó mayor en el Polo que en el Ecuador, se confirmaron las conclusiones a las que llegó Newton. Años más tarde, Jorge Juan y Antonio de Ulloa publicaron sus trabajos en el libro “Observaciones Astronómicas y Físicas hechas de orden de S.M. en los Reynos del Perú (1748).

Desde entonces la Tierra se considera, en segunda aproximación, un “elipsoide de dos ejes, achatado por los polos del eje de rotación”. Ésta es otra aportación más de los oficiales de la Real Armada ilustrada del siglo XVIII español.

Más información

Jorge Juan y la Ciencia ilustrada. Madrid: Ministerio de Defensa, 2017.

Jorge Juan Santacilia. Revista Canelobre, 2006, 51.

SEVILLA DE LERMA, Miguel J. La Geodesia, de Jorge Juan a nuestros días. Jornadas sobre Jorge Juan y la Ciencia Española. Madrid: Publicación de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 2009, p. 57-76.

Read Full Post »

Los que estaban encargados de muchas de las labores manuales de la nave eran marineros, grumetes y pajes. Aunque se considera que los dos últimos eran también marineros, en los barcos se generaba como una jerarquía, en la que el paje era el de menor rango y por encima estaba el grumete. Los marineros eran, por lo tanto, los que tenían mayor consideración dentro de esta tríada. Veamos los conocimientos, edades recomendadas y funciones a desarrollar, aunque las investigaciones a este respecto son escasas.

El grumete blanco, de Julian de Tellaetxe. Fuente: Museo de Bellas Artes de Bilbao

Marineros

En el siglo XVI, un importante autor como Escalante los dividía entre marineros de isla y de alta mar. Establecía diferencias según hubieran navegado por las costas españolas, francesas, inglesas y por el mar Mediterráneo, a los que llama de costa y derrota, y los de altura y escuadra, que eran los que iban en naves que daban la vuelta al mundo o que llegaban hasta la India y China. La edad ideal era entre 20 y 40 años, porque después “empiezan a acudir mal a su oficio de marineros”.

Marineros. Fuente

Debían saber gobernar muy bien el timón, hacer las guardias, acudir a los aparejos y a todos los asuntos de la nave. Estas tareas las debían realizar de manera diligente, sin esperar a que nadie se lo ordenase. En caso de que no cumplieran con su cometido podían ser castigados por el capitán.

Grumetes

Para serlo tenían que haber navegado de manera continuada durante al menos 3 años, “ser muy sueltos, mandados, prestos y diligentes”. La edad oscilaba entre los 16 y los 20 años. Sus funciones eran saltar al batel (barca) siempre que fuera necesario y atender bien el remo de éste, subir a la gavia, tomar y largar velas y entenales, así como acudir a todos los aparejos que se les ordenaran. Todo el personal podía mandar sobre ellos.

Pajes

Habitualmente eran hijos o parientes de las autoridades del barco (capitán, piloto o contramaestre). Se les llamaba pajes de escoba. A diferencia de los grumetes, sólo sus “amos” podían mandar sobre ellos o castigarlos, todo para evitar arbitrariedades del resto de la tripulación. No bajaban casi nunca a tierra. Sus funciones eran barrer la nave, llamar a los marineros, sacar el pan del pañol, ayudar a subir a bordo a los que llegasen a la nave, cantar y rezar el Ave María, velar la ampolleta y “dar los buenos días”. La edad mas conveniente estaba entre los 12 y los 16 años. A pesar de las recomendaciones de Escalante, estas edades eran aproximadas y hay noticias de pajes de menos edad, incluso de unos 8 años.

Un seminario de formación de marineros

En 1606 se creó el seminario de marineros de Guipúzcoa, señorío de Vizcaya y las Cuatro Villas. El curso que debían hacer era de dos años. Se iniciaba unos cuarenta días antes de la partida de los buques a Terranova, porque los chicos debían embarcar con un patrón de los que iban a estas tierras y hacer las prácticas en su nave. Previamente se les enseñaban unos rudimentos de navegación básicos. A la vuelta se alojaban en el seminario y hasta la salida de las embarcaciones el próximo año recibían el resto de la formación diseñada. Una vez graduados se podían unir a cualquier flota, aunque los navíos del rey, que siempre estaban faltos de marinería, eran la salida mayoritaria. Ante el temor a que los chicos no tuvieran en las naves un trato justo, se hacía responsable al patrón de sus cuidados y se le obligaba a devolverlos a tierra sanos y salvos. Aparte de las funciones ya explicadas, muchas veces debían llevar a cabo otras menos adecuadas y más extenuantes, como manipulación y transporte del pescado, entre otras.

Una vida dura

Aquí sólo hemos mencionado las actividades que debían llevar a cabo según su categoría, pero por la historiografía sabemos que los marineros sufrían mucho en su trabajo y que con cierta frecuencia se amotinaban o al menos creaban conflictos dentro del buque. La forma de mandar de los oficiales durante la navegación, la paga, las condiciones del viaje y la climatología estaban vinculadas y de ellas dependía muchas veces que el viaje fuera tranquilo o que estuviera lleno de conflictos.

“Marinero de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Procedencia de marineros, grumetes y pajes

En las naves españolas no sólo había marineros hispanos, también se alistaban, muchas veces por falta de personal, otros procedentes de Portugal y de Italia. No se han hecho de momento estudios globales, aunque sí ciertas aproximaciones que pueden darnos una idea del origen de estos navegantes.

Jacobs hizo el análisis de una cuarta parte de los navegantes a Indias en los dos últimos años del siglo XVI y primer decenio del XVII. Con respecto a los de nacionalidad española, concluye que casi la mitad de la población era andaluza. Tras éstos estaban vascos y gallegos. Fuera del país, por número, eran portugueses (la mayor parte del Algarve) e italianos (de Génova y Saboya sobre todo), seguidos de los del norte de Europa y también algunos inscritos como negros, esclavos e indios.

Mulatos e indio pescando, provincia de Casanare (Colombia). Acuarela de M.M. Paz. Siglo XIX. Fuente: Biblioteca Nacional de Colombia.

Más información

BARREDA, Francisco de. El marinero instruido en el arte de navegacion speculativo, y practico, segun el método, con que se enseña a los Colegiales del Real Seminario de Sr. San Telmo, extra muros de la Ciudad de Sevilla. Sevilla, 1776.

DESIDERATO, Agustín Daniel, et al. Los marineros corsarios de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Una aproximación socialRevista Universitaria de Historia Militar, 2020, 9, 19, p. 146-164.

JACOBS, Auke P. Migraciones laborales entre España y América. La procedencia de marineros en la carrera de Indias, 1598-1610. Revista de Indias, 1991, 51, 193, p. 523-543.

MORENO FLORIDO, María Berenice. Marineros extranjeros en los protocolos notariales de Gran Canaria (1590-1599)Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 2003.

LINEBAUGH, Peter, et al. La hidra de la revolución: marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico. Barcelona: Crítica, 2005.

RODRIGO ALHARILLA, Martín. Víctimas y verdugos a la vez: los marineros españoles y la trata ilegal (1845-1866)Drassana: revista del Museu Marítim, 2017, 25, p. 112-132.

TEMPÈRE, Delphine. Vida y muerte en alta mar. Pajes, grumetes y marineros en la navegación española del siglo XVII. Iberoamericana 2001-2002, 2, 5, p. 103-120.

TERJO RIVERA, Flor. Marineros de la Carrera de Indias: la tripulación del navío Nuestra Señora del Juncal de la flota de la Nueva España. Sociedad Indiana, s.f.

VALERA MARCOS, Jesús. El Seminario de Marinos: Un intento de formación de los marineros para las Armadas y Flotas de Indias. Revista de Historia de América, 1979, 87, p. 9-36.

.

Read Full Post »

A lo largo de la Historia se han propuesto una importante variedad de modelos para mejorar las prestaciones navales de las flotas y armadas. El que esta semana nos ocupa, la barcaza espín, es un precedente de los múltiples intentos de acorazar los barcos. Nos situamos en el contexto posterior a la paz de Utrecht (1713), en la que España había perdido dos puertos importantes, Gibraltar y Mahón, que pasaron a dominio inglés.

Dibujo de la barcaza espín según Pardo (2001)

Un oficial de la Real Armada llamado Juan de Ochoa diseñó una batería flotante con coraza. Su idea era fortalecer los costados de las embarcaciones de guerra forrándolas con planchas de hierro, e introducir otras innovaciones. Mandaba cartas al rey pidiendo su protección, como la fechada en 11 de Febrero de 1727, que llevaba un dibujo del proyecto y la explicación de sus pormenores que aquí reproducimos. Sólo pedía que los procedimientos se mantuvieran en el mayor secreto hasta el momento preciso de llevarlos a la práctica.

“por lo que estoy notablemente deseoso de ejecutar y tener la honra de que por mi medio restaure Su Magestad sus dos usurpadas plazas sin pérdida de sangre; porque esta embarcación es un inexpugnable fuerte móvil y navegable, segura de todo fuego militar. Teniendo en la bahía de Gibraltar tres ó cuatro mas, pueden echar á pique toda una escuadra entera. No dejando entrar naos ni otras embarcaciones que socorran la plaza, será tomada en breves días, porque se entregarán sin otro remedio; y asimismo se tomarán todos los navíos que allí se hallasen. Lo mismo sucederá en Mahón, y yendo allí con algunas otras embarcaciones, y en cualquier parte en que convenga hacer hostilidad, se puede hacer”.

Texto adaptado de la versión de Ochoa
Dibujo original de la barcaza, vista desde arriba

La barcaza espín podía formarse con el casco de un buque ordinario, contaba con ocho cañones por banda y otros tantos remos que se armaban entre las portas. En la proa llevaba un espolón reforzado de hierro y otros ocho menores en cada costado, en línea vertical con los respectivos cañones, siendo de suponer que por estos apéndices se le otorgó el nombre de espín a la embarcación. Tenía una techumbre o cubierta formada de cuarteles independientes, que arrancaba de los costados y que se unían en línea paralela á la quilla, formando entre sí un ángulo de 90° aproximadamente, y por tanto de 45° con el plano horizontal, que se podía usar para proteger las piezas y a los artilleros. Esta cubierta podía desmontarse en el caso de que el buque se tuviera que arbolar para la navegación larga. También llevaba una “bala tenaza” que servía para desarbolar los navíos tanto en la mar como en tierra, que se puede ver en el dibujo en que aparecen los elementos que forman esta nave (“con la bala tenaza, que llevarán todos los navíos, es maravilloso, porque á pocos tiros se desarbola una nao, y se toma fácilmente; pero conviene ocultar lo mas que se pudiere este secreto: se puede usar en los puertos de mar contra naos enemigas, sin temer a enemigos”).

Dibujo original de la barcaza convertida en una fortaleza

Los elementos de este pequeño acorazado

En el dibujo del proyecto, el autor especifica cada una de las partes:

  • a) “Cubierta de la barcaza, que se compone de dos medias puertas que cierran y unen al medio del buque, con sus goznes de hierro desde el borde de ella.

  • b) Demostración de las dos medias puertas con sus aldabones, que cierran de la parte de adentro y aseguran, la una levantada y la otra caída. Y deben de quedar descansando sobre el borde de la barca, y no sobre los goznes.

  • c) Cubiertas de popa y proa, que se componen de dos medias puertas unidas que ajusten con las de los costados.

  • d) Espolón de la barcaza, como el de las galeras, de hierro para su defensa.

  • e) Espolones de los costados, todos de hierro, puestos de modo que no embaracen los remos.

  • f) Ventanas por donde se han de usar los remos, de los cuales estará siempre para función bien proveída.

  • g) Cañoneras de la artillería, la cual ha de ser de 24 para arriba del calibre que se quisiere.

  • h) Remos de la barcaza, que han de ser como los de las galeras, y manejados asimismo; y si entre cañón y cañón se pudiesen meter dos remos, será mejor, pudiéndose usar sin embarazo.

  • m) Bala tenaza, la cual sirve para desarbolar los navíos de mar y tierra: se mete en la pieza, como se demuestra en la figura: se le puede dar toda la largura que tiene el cañón, porque cuanto más larga sea es más segura la obra.

  • n) Demostración conforme sale del cañón; y con este género de bala no se ha de disparar segunda vez hasta que éste esté frío.

  • o) Ha de ser la barra triangular como se demuestra, con el corte á la parte del peso de la bala.

  • p) Taco de madera en dos mitades con sus cóncavos para atarlas antes de acabar de meter la bala, y que ajuste al cañón.
  • q) Atacador, que ha de tener las tres varillas de hierro largas que no den en la bala y no estorbe el atacar, y el rodete de palo, o de hierro todo; si hallasen ser mejor, atacarán con él dos personas”.

La barcaza espín, con las partes más importantes señaladas, según el original presentado por su autor

Cómo construirla

También relata cómo se puede llevar a cabo, y para explicarlo recogemos el párrafo original por la elocuencia del autor:

“La dicha barcaza espín, si se fabricase, se debe de hacer muy fuerte, con las costillas lo más unidas que el arte de esta fábrica permitiese, sobre una quilla bien fuerte, con solo una cubierta para que resista el peso de el artillería; haciéndole los servicios necesarios que se sabe, para el gobierno de la gente que fuere en ella. Después de tener fabricada dicha barcaza, se ha de cubrir con planchas de hierro de un dedo de grosor, empezando desde la misma quilla del principio de su fábrica, que por esta razón se ha de unir las costillas para que no queden en hueco las planchas de hierro y con las balas se doblen, lo que no sucederá quedando sentadas sobre madera fuerte, siendo libre de todo fuego y peligro de guerra; por lo cual se lograrán grandes efectos, con escándalo de los enemigos y seguridad de nuestros puertos; y abriendo las cubiertas se puede navegar con ella y conducirla adonde se quisiere, arbolándola con sus velas. Se pueden aprovechar algunas embarcaciones viejas al presente, para mayor brevedad, con el estilo referido”.

Texto adaptado de la versión de Ochoa

Para concluir

La barcaza espín fue un precedente de los futuros buques acorazados. Sin embargo, sólo se quedó en una propuesta, ya que una vez firmada la paz con Inglaterra, el proyecto de Ochoa se terminó archivando. Hoy la documentación sobre ella está depositada en el Archivo Naval de Madrid.

Sobre esta idea, que de forma remota recuerda el barco tortuga coreano, se diseñaron posteriormente otras naves, tanto españolas como de otras naciones, que veremos en próximas entradas.

Más información

CONDEMINAS MASCARÓ, Francisco. La marina militar española. Desde los orígenes hasta 1898. Málaga, 2000.

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. Disquisiciones náuticas. Madrid: Aribau, 1881. Tomo V.

PARDO GONZÁLEZ, Juan Carlos. Máquinas infernales para la conquista de Gibraltar. Almoraima: Revista de Estudios Campogibraltareños, 2001, 25, p. 295-316.

Read Full Post »

Casi todos identificamos una fragata como un buque de guerra, que adquirió gran protagonismo a lo largo del siglo XVIII. Uno de los ejemplos más conocidos es la llamada Nuestra Señora de las Mercedes, la nave que fue atacada y hundida por los ingleses, cuyo hecho ha salido en multitud de medios de comunicación y ha sido objeto de estudios, debido a la riqueza de su cargamento y especialmente al fallo de la justicia norteamericana, que en una decisión histórica dio la razón al gobierno español, e hizo que la empresa Odissey devolviera todo lo que había obtenido a través de la recuperación ilegal en el pecio de este buque de estado.

Fragata Nuestra Señora de las Mercedes

Sin embargo, previamente hubo otra embarcación mucho más pequeña que se denominó igual y que posiblemente fue su punto de partida.

Las fragatas del siglo XVI: pequeñas y ligeras naves

Fragata es una palabra de origen italiano, que en menos de un siglo se extendió a casi todas las lenguas románicas de nuestro entorno. Se convierte, además, en español en una voz de gran uso y frecuencia, como atestigua su presencia en distintos diccionarios y vocabularios del momento. Se registra, por ejemplo en las cartas de San Ignacio de Loyola, en las obras de Cervantes y en las de Lope de Vega. A finales de la centuria se sabe que ya había pasado a América.

Durante el siglo XVI la voz se aplicaba a una especie de chalupa o pequeña embarcación de la familia de las galeras que éstas solían llevar amarrada a popa para saltar a tierra o usar en caso de naufragio. Según Fondevila podía llevar entre 7 y 9 bancos para remar, con un hombre por banco. No tenían cubierta, pero sí crujía y llevaba un palo con aparejo latino.

Covarrubias la definió como:

Batelejo que suele llevar consigo la galera, y la echa a la mar cuando hay necesidad de llegar con ella a tierra, o ir de una galera en otra con algún recaudo, por ser como una parte y miembro de la galera, que va haciendo ruido con la presteza del bogar y menear de los remos; porque como es bajel pequeño va más ligero. Es bastante frágil porque no puede resistir las olas del mar, si hay un poco de tormenta

(Versión adaptada del Tesoro de la lengua castellana, o española, compuesto por Sebastian de Cobarrubias Orozcos, 1611, p. 557)
Una chalupa actual, que puede servir de referencia para saber cómo eran las fragatas mediterráneas

Otro autor, Jal, dice que hasta el siglo XVII la palabra se refería a embarcaciones sin bordo y con un sólo puente o ninguno, pero que eran muy rápidas y ligeras. Y además sabemos que varias de este tipo intervinieron en el combate naval de Lepanto:

“Las fragatas que se hallaren en la armada esten por popas de las galeras, y al tiempo de la batalla tengan dos esmeriles y diez arcabuceros, con un caporal para combatir con dos baxeles pequeños del enemigo”.

(Vander Hammen, Don Juan de Austria, Madrid, 1627, referencia tomada de Jal, I, p. 717).

Eran, sin duda, naves pequeñas con poca o ninguna artillería dependiendo del uso asignado, pero muy útiles en el auxilio de los navíos de mayor porte por su velocidad.

Una chalupa que podía ser similar a la fragata mediterránea

La transición en el siglo XVII

En este siglo se gesta el cambio, que comienza en el momento en el que se dota de artillería a estas embarcaciones. Al armar la fragata para la guerra y aumentar su tonelaje, lo que antes era un batelejo o chalupa se empieza a transformar en una embarcación más grande, que termina siendo de alto bordo, incorporando un puente y una batería de cañones, lo que hace que su tamaño termine siendo mucho mayor. Creemos que este cambio se produce cuando el centro de atención de las potencias marítimas pasa desde el Mediterráneo al Atlántico.

La antigua fragata mediterránea no era adecuada para la navegación atlántica precisamente por su debilidad; sin embargo, el desarrollo de la piratería en el Caribe y en buena parte del Atlántico durante la segunda mitad del siglo XVI, hizo muy necesario construir un barco de guerra (por tanto suficientemente grande para transportar artillería) pero al mismo tiempo muy ligero y rápido (características que se atribuían a la fragata del Mediterráneo). El resultado de la adaptación técnica a unas necesidades nuevas del viejo invento siciliano fue el surgimiento de una novedosa embarcación de alto bordo: la fragata atlántica.

Planos de la fragata rusa llamada “Shtandart”, cuyo primer comandante fue el mismo Pedro el Grande en 1703. Astillero de Olonets

Las fragatas desde el siglo XVIII

La que algunos autores llaman fragata atlántica, es un buque de cruz y de tres palos, aunque menor que el navío. Las hay tanto para la guerra como para el comercio.

Plano de la fragata correo de Su Magestad nombrada Reyna Luisa, alias San Carlos. Fines s. XVIII. AGI

Para saber más sobre las fragatas del siglo XVIII existen varios recursos de interés, como la historia de muchas de ellas, una monografía que recoge la evolución técnica de las fragatas españolas o sobre las más actuales.

Para concluir

La fragata era un barco pequeño de auxilio en el Mediterráneo a lo largo de la baja Edad Media, que se terminó adaptando en el Renacimiento a la navegación atlántica, y que en el siglo XVII eleva sus prestaciones, así como su tamaño y se empieza a utilizar como embarcación militar independiente hasta dar como resultado las magníficas fragatas de la época ilustrada. En esos momentos la antigua y pequeña fragata cambia, pero conserva el rasgo de su gran velocidad, para ello deja de ser ligera hasta convertirse en una nave de alto bordo con tres palos y hasta tres baterías de cañones, ya en el siglo XVIII.

Más información

BORREGO PLÁ, María del Carmen. Cartagena de Indias en el siglo XVI. Sevilla: Editorial CSIC, 1983.

JAL, Auguste. Archéologie navale. Paris: A. Bertrand, 1840.

VELASCO HERNÁNDEZ, Francisco. El auge del microcorso berberisco tras la guerra de las Alpujarras y su incidencia en el sureste español (1570-1610). En El siglo de la Inmaculada. Universidad de Murcia, 2018. p. 233-248.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »