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Posts Tagged ‘Mar Mediterráneo’


Este efecto, cuyo nombre evoca leyendas artúricas, es un espejismo que se manifiesta en la parte superior de la visión (encima del horizonte), y que no sólo se produce en el mar, aunque aquí vamos a centrarnos en ello. De hecho puede ocurrir en cualquier lugar, y se da con mayor frecuencia en los polos. En la navegación está vinculado con las visiones que los marinos tenían en ciertos lugares y con determinadas condiciones atmosféricas. En tiempos antiguos no se conocían los motivos de estas ilusiones ópticas, pero sí los efectos, que causaban pánico entre las tripulaciones.

Antiguo dibujo que representa la fata morgana. En la parte superior se puede observar el barco de la izquierda en posición inversa y el de la derecha, que está más lejano, se puede ver que el espejismo lo reproduce mucho más grande y lo duplica (uno a la inversa y otro recto).

La fata morgana está históricamente vinculada a una bella isla del Mediterráneo, Sicilia. Parece que era frecuente su aparición en aguas del Estrecho de Mesina, donde confluyen las aguas del mar Egeo con las del Tirreno, y que por su propia naturaleza geológica ha sido objeto de mitos y leyendas desde la Antigüedad clásica (Scila y Caribdis). En algunas narraciones se denomina también Lavandaja (Giovene 1791) y en otras se atribuye al diablo.

Localización del estrecho de Mesina

La leyenda asociada al nombre

La denominación está relacionada con Morgana, la hermana del rey Arturo de las leyendas. Se dice que era una bruja o un hada, y de ahí viene fata morgana (hada es fata en italiano), aunque también hay quienes piensan que el origen del nombre de la poderosa hechicera proviene de mori-gena, que traducido  significa nacida del mar, y lo vinculan con las sirenas por el parecido con el nombre inglés (marmoid). Hay que recordar que en la mitología clásica las sirenas atraen a los marinos con sus cantos para luego ahogarlos.

Arturo y Morgana. Ella le da una Excalibur (espada) falsa a su hermano. MS 38117. British Library.

El efecto fata morgana

Esta ilusión visual es mas compleja que los simples espejismos. Se produce por encima de la línea de visión y distorsiona los objetos que aparecen de forma significativa, por lo que no es extraño que en tiempos pasados los navegantes pensaran que era cosa de brujas.

Diagrama sobre cómo se produce este efecto óptico

El fenómeno óptico se produce al darse una inversión térmica en la atmósfera, que tiene lugar cuando en un mismo espacio hay dos capas de aire que están a diferente temperatura y la más caliente sube por la que está más fría (habitualmente sucede lo contrario). Al elevarse, la masa de aire caliente sobre la fría produce una refracción, ocasionando una serie de dos imágenes invertidas y rectas.

Explicación gráfica del efecto fata morgana

Citas históricas de este espejismo superior

Parece que desde la Antigüedad se observaba este fenómeno en las costas sicilianas, como muestran textos de Flavio Josefo y de C. Agripa. Ya en época moderna otros como Ferrariis (s. XVI) nos dan su versión del tema, aunque lo centra en el golfo de Trento (al sur de Italia):

“… se ven ciertas apariciones, que se llaman Mutationes o Mutata. La gente común cuenta historias de no sé qué, vampiros o brujas o, como dicen en Nápoles, janare [hadas], o como dicen los griegos, nereidas. … Y a veces verás ciudades y castillos y torres, y ovejas y ganado de diferentes colores e imágenes o espectros de otras cosas, donde no hay ciudad, ni ovejas, ni siquiera un zarzal. Yo mismo he tenido el placer de ver estas obras, esta lusus naturae. No duran mucho, pero cambian como los vapores en los que aparecen, de un lugar a otro, de una forma a otra, de donde tal vez se llaman Mutata, o porque el cielo cambia de soleado a lluvioso por estas apariciones”.

Una descripción más detallada la encontramos en el s. XVIII, y va acompañada de un grabado en el que se puede ver claramente el efecto fata morgana.

“Cuando el sol naciente brilla desde el punto donde su rayo incidente forma un ángulo de unos cuarenta y cinco grados en el mar de Reggio, y la superficie brillante del agua en la bahía no es perturbada ni por el viento ni por la corriente, el espectador siendo colocado en una eminencia de la ciudad, de espaldas al sol y de cara al mar; de repente aparecen en el agua, como en un teatro catoptrico, varios objetos multiplicados; es decir, innumerables series de pilastras, arcos, castillos bien delineados, columnas regulares, altas torres, espléndidos palacios, con balcones y ventanas, extensos callejones de árboles, deliciosas llanuras con rebaños y manadas, ejércitos de hombres a pie y a caballo, y muchas otras imágenes extrañas, en sus colores naturales y acciones apropiadas, pasando rápidamente en sucesión a lo largo de la superficie del mar”. (A. Minasi, 1773).

Una muestra de la fata morgana en un grabado de 1774. Il prospetto della città di Reggio nel canale di Messina, con la vaga veduta della Fata Morgana.  Fuente

En la actualidad

En esta época sigue surgiendo la fata morgana, como lo prueban las fotografías y videos publicados (en la figura inferior puede ver una recopilación de ellos).

Mountains in a Dream State

Más información

Fata morgana. Enciclopedia Culturalia. 2012.

MINASI, Antonio. Dissertazioni sopra diversi fatti meno ovvi della Storia Naturale, Dissertazione prima sopra un fenomeno volgarmente detto Fata Morgana, o sia apparizione di varie, successive, bizzarre immagini, che per lungo tempo ha sedotti i popoli, e dato a pensare ai dotti. A Sua Eminenza il Signor Cardinale di Zelada. Roma: Imp. Benedetto Francesi, 1773.

YOUNG, Andrew T. and FRAPPA, Eric. Mirages at Lake Geneva: the Fata Morgana. Applied Optics. 2017, 56, p. 59-68 (sólo está accesible el resumen y trata sobre la fata morgana en el lago Leman, situado entre Francia y Suiza).

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Por Jorge González Crespo, Licenciado en Historia y Máster en Historia y Patrimonio Naval

Durante el período helenístico, los soberanos de Egipto, la dinastía de los Ptolomeos, vivían en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro, pero también de continuas guerras, por lo que crearon inmensas estructuras que, a la vez que reflejasen su poder y grandeza, también sirvieran para intimidar a sus enemigos. Tenían establecida su capital en Alejandría y eran de origen macedonio, pues su primer rey-faraón, Ptolomeo I, había sido un general del gran Alejandro Magno.

Alejandría, la ciudad que fundó Alejandro Magno, fue la capital de Egipto en época helenística, y estaba situada al norte, en el delta del Nilo

Durante el siglo III a. de C. uno de los miembros de esta dinastía, Ptolomeo IV de Egipto (un antecesor de la famosa reina Cleopatra), mandó hacer embarcaciones de proporciones monstruosas como la Tessarakonteres, ya descrita en una entrada previa. Otra de sus ocurrencias fue la construcción de un palacio flotante, la Thalamegos, que posiblemente fue una exposición más de la grandeza de la dinastía ptolemaica.

Posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General

Pocas fuentes hablan de la Thalamegos (θαλαμηγός, “portacámaras”), pero las que lo hacen abundan en detalles. La describe Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios, en el que recoge el testimonio de Calíxeno de Rodas. Tenía casi 90 metros de eslora, con unos 13 de manga y una altura de 17. Era como un gigantesco catamarán formado por dos grandes naves de remos unidas (las que luego se llamarían galeras).

Ateneo lo describe como una embarcación fluvial, con un calado poco profundo, cuyas cubiertas delanteras y traseras (proa y popa) estaban elevadas (“ancho y llano por debajo como un arca”). El casco estaba equipado con todo lo necesario para poder realizar viajes por el Nilo.

Aspecto del pasillo de la nave según un dibujo de Walsh

El lujo imperaba en la nave real: disponía de cubiertas dobles de cerca de 160 metros para pasear, salas de banquetes y fiestas, alcobas colosales, un gineceo, templos y una construcción de piedra a modo de caverna que contenía estatuas de la familia real, entre otros. Todo ello realizado con los mejores y más caros materiales de construcción de la época: oro, marfil de Etiopía, cedro escita, ciprés milesio, tuya, lino egipcio, bronce de Chipre, piedras preciosas de la India y mármol de Paros. La nave era, como la propia dinastía ptolemaica, una síntesis de elementos egipcios y griegos.

Otra vista de la nave, con una estatua de Afrodita, según un dibujo de Walsh

Tuvo mucho más éxito que la Tessarakonteres, siendo usada durante dos siglos por los señores del Nilo. Se sabe que la última soberana helenística de Egipto, la famosa Cleopatra VII (51-30 a.C.), aún recorrió el río sobre ella junto a Julio César. Es la última noticia que se tiene del palacio flotante.

Bibliografía

  • De Náucratis, Ateneo. Banquete de los sabios. Madrid: Gredos, 1988.
  • García Fleitas, L. y Santana Henríquez, G. De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, 11, p. 211-240.
  • Schuller, W. Cleopatra: una reina en tres culturas. Madrid: Siruela, 2008.
  • Walsh, J. & Reese, T. F. Alexandria and Alexandrianism. Symposium by the J. Paul Getty Museum and the Getty Center for the History of Art and the Humanities and Held at the Museum, 1993.

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Esta es la segunda entrega dedicada a el mundo de las galeras, con la que abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

La corulla de la galera de la primera mitad del siglo XVI no tenía cobertura superior. Adosados al yugo de proa se disponía de una serie de fuertes maderos verticales: los maimones, que sirven para meter en batalla (meter en batería) al cañón de crujía, y los maimonetes, que aguantaban la reculada de los medios cañones y sacres, sirviendo también de ciriales (afuste vertical donde se introducía la horquilla de los morteretes y esmeriles). El orificio era de mayor diámetro que el pie de la horquilla, permitiendo su giro.

Artillería de la corulla de una galera en la primera mitad del siglo XVI. Los tojinos de madera (en color naranja) clavados sobre el yugo de proa servían para evitar que el roce de las gúmenas amarradas a los ferros desgastasen el yugo.

Esta acumulación de artillería en la corulla se debía a la conveniencia de disponer de la máxima potencia de fuego en el área ofensiva del buque; a la dificultad de colocar artillería por las bandas, dado que las galeras de este periodo carecían de corredor, que no aparecerá hasta la segunda mitad del siglo y a la carencia de artilleros en estas fechas (normalmente uno por galera, con un ayudante o aprendiz, que solía ser hijo o yerno del artillero).

Habitualmente las piezas se llevaban cargadas con anterioridad, y el artillero disparaba las de la corulla y el ayudante las de la banda y popa. En combate era inusual la recarga de las piezas.

Por último, decir que el cañón de crujía iba estibado dentro de la crujía, delante del árbol maestro (para evitar el riesgo del quebranto). Como el modelo de las galeras era anterior a la incorporación de tanta artillería, el sistema para retirar el cañón de crujía a su estiba (las anguilas) no podía inclinarse tanto que permitiese cubrirle con los cuarteles de la crujía, razón por la cual asomaba parte de la pieza. Este inconveniente se corrigió en las galeras de la segunda mitad del siglo.

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de la imagen que aquí aparece, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. La artillería de las galeras. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/03/06/la-artilleria-de-las-galeras/

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Remando en las galeras de España

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Uno de los pueblos más desconocidos del occidente europeo son los etruscos, una cultura surgida de grupos de comerciantes, navegantes y piratas, que dio origen a la fértil civilización romana. Durante su momento de mayor expansión ocupó una parte importante de la península itálica, y poblaron tanto las costas del Mar Tirreno como las del Adriático.

Extensión del mundo etrusco. Fuente.

Sin embargo, los inicios de Etruria como tal son, a fecha de hoy, un enigma. Se han llegado a hacer pruebas de ADN, que ligan a etruscos con jonios y lidios (en la actual Turquía occidental, entonces Asia Menor) y con distintos pueblos costeros del área mediterránea.

Delfines

Delfines saltando y pájaros. Detalle de la tumba de la caza y la pesca. Tarquinia. 510 a. C. Museo de Boston.

Una cultura marinera

El motivo de esta entrada semanal es explicar los dioses marinos de la mitología etrusca, muy influenciada por otras potentes culturas del Mare Nostrum como la griega, la fenicia o la egipcia. A pesar de que el pueblo etrusco heredó ciertas deidades, lo cierto es que terminó transformando ideas e iconos, y los enriqueció de acuerdo con su peculiar personalidad artística y su fuerte sentido religioso. Así, se irían perfilando algunos de los rasgos de las civilizaciones surgidas en suelo itálico.

Detalle de la tumba de la caza y de la pesca. Tarquinia. 510 a. C. Museo de Boston.

Esta cultura era eminentemente urbana, y su época de esplendor estuvo determinada por la riqueza que le proporcionaba la actividad mercante. Durante el siglo VII a.C. el comercio estaba lo suficientemente desarrollado como para que se hicieran frecuentes en el Mar Tirreno las naves de cierta envergadura usadas para realizar transacciones comerciales, y, si era necesario, como navíos de guerra.

Enfrentamiento en el mar. Dibujo de una de las escenas de la crátera de Aristonothos (Cerveteri, Italia). Fuente Copeland 2015.

Eran un pueblo marinero, poblado por comerciantes ambiciosos y también por piratas que aparecen con cierta frecuencia en las fuentes clásicas, refiriéndose a su bravura y al terror que su sola presencia inspiraba en el mar.

Detalle de uno de los navíos de la batalla en el mar, crátera de Aristonothos (Cerveteri, Italia).

Una narración mítica sobre este tema vincula a Dionisos, el dios de la vid, con unos piratas tirrenos a los que contrató para ir a la isla de Naxos. Sin embargo, estos piratas, fingiendo aceptar el trato económico propuesto por el dios, lo hicieron prisionero. Cuando se dieron cuenta, la ira de Dionisos fue tan grande que los piratas temerosos se lanzaron al agua, y allí fueron transformados en delfines por la deidad.

Dioses marinos etruscos: herencia y creatividad

El arte griego, su perfección de formas y estilo alcanzaron a muchos pueblos de la cuenca mediterránea. En los momentos de mayor desarrollo etrusco, a partir del año 750 a.C., a la producción de obras suyas se unió una masiva importación de tallas griegas, cuyas formas e iconografía sirvieron para el desarrollo propio que, como solía ocurrir con el resto de manifestaciones culturales, no asimiló profundamente el estilo, sino que lo adaptó.

Kylix procedente de Cerveteri. S. VI a.C. Nethuns cabalgando sobre un hipocampo.

Muchos de los asuntos populares en el mundo helénico, y entre ellos los relacionados con las divinidades y seres marinos, fueron igualmente exportados a Etruria, para deleite de personalidades y nobles. Al principio eran muy similares, pero luego fueron adquiriendo un toque propio, como por ejemplo el Kylix de Cerveteri.

Nethus, el dios de las aguas

Aunque no se han encontrado evidencias de Poseidon, el dios de las aguas, los etruscos conocieron uno cuyo nombre era Nethuns. Esta deidad era considerada el espíritu de la salubridad de las aguas, los manantiales y las fuentes, y con el tiempo sería el Neptuno romano. El kylix de Cerveteri representa a este dios de las aguas cabalgando sobre un caballo marino (imagen anterior).

Nethuns a la izquierda y a la derecha un tridente ornamental con 2 delfines. Moneda etrusca S. III a. C. Colección Alban.

Uni, la diosa de los navegantes

Había una diosa portuaria y marinera llamada Uni (que luego se convertiría en Juno para los romanos). Era la protectora de los navegantes y de la luz matutina. Uni tiene rasgos similares a la diosa Astarté de los fenicios y a la Afrodita griega, entre otras. La civilización romana la convertiría en Mater Matuta, una deidad marinera que fue objeto de culto en las zonas costeras y portuarias, y que se dibuja como claro antecedente de las vírgenes protectoras del Mar Mediterráneo.

Diosa Uni esculpida en terracota, año 380 a.C. Museo Nacional de Arte Etrusco.

Caballos marinos

Aparte de estas deidades, en la mitología etrusca vinculada con el simbolismo funerario, hallamos seres como el caballo marino (o hipocampo) en los frisos pintados sobre toba de las tumbas, aunque con carácter de complemento a otras escenas. Suelen estar pintados enfrentados.

Hipocampo en la tumba del Barón (510 a. C.). Tarquinia. Museo de Boston.

Un ejemplo son los de la Tumba del Barón. En una escena ritual, hay un frontispicio en el que unos bellos caballos marinos, dispuestos simétricamente, galopan sobre la superficie acuática, acompañados por delfines. Estos hipocampos solían ser de tonos rosáceos y son distintos de los griegos porque poseen patas delanteras de caballo terrestre, aletas a lo largo de su cuerpo, así como una elegante y sinuosa extremidad ictioforme.

Tumba del Barón (510 a. C.). Tarquinia. Museo de Boston.

Síntesis

Un pueblo que llegó de otros lugares del Mediterráneo a la península itálica, con un peculiar sentido artístico y una fuerte religiosidad, que prosperó gracias al comercio marítimo y al conocimiento del medio acuático, que además sentó las bases de otra cultura, la romana, que traspasó fronteras y llegó más lejos que ninguna otra.

De los tarquinos, los romanos heredaron la predisposición a adaptar la cultura de los pueblos que conquistaron y a asimilar sus saberes. Esto, posiblemente, unido a su feroz maquinaria de guerra, les hizo no sólo mantenerse en el tiempo, sino trascender hasta el punto de que hoy casi toda Europa se considera heredera del imperio romano.

Más información

Etruscos

Los etruscos y el mar. 2006

RODRÍGUEZ LÓPEZ, M.I. Dioses y demonios marinos en el mundo etrusco: creencias, significación e iconografíaAkros. 2006, 5.

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Dado el interés que ha tenido la serie de entradas sobre el mundo de las galeras, abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

Introducción

El conocimiento de las galeras españolas, en sus seis siglos de historia (ss. XII al XVIII), plantea al lector interesado algunas dificultades, muchas de ellas motivadas por el desconocimiento de los términos empleados en la denominación de las partes del casco, aparejos y maniobras, y porque éstos apenas tienen equivalencia en los diccionarios náuticos actuales. También, a pesar de que han sido las embarcaciones mediterráneas por excelencia y que en esta materia España tuvo mucho que aportar, apenas hay estudios académicos y científicos que avancen en el tema, siendo la mayoría de índole divulgativa y basados en trabajos anteriores, careciendo con frecuencia de consulta y análisis de la documentación histórica de la época, que por cierto es bastante escasa. Por ello trataremos de presentar al lector unos esquemas de algunos aspectos, para que se vaya familiarizando con las galeras.

Remos y remeros

Hasta mediados del siglo XVI las galeras navegaban a tercerol, es decir, con tres remos por banco manejado, cada uno por un solo remero. Los tres remos eran de diferente tamaño, lo cual complicaba la logística de los de repuesto. Aún no había aparecido el corredor que une la espalda con la corulla, el cual serviría de pasillo y de lugar de asiento y de dormir (en la ballestera) a la gente de guerra. La galaverna (un refuerzo que lleva el remo) servía para proteger al remo del roce con el escálamo o tolete, al que estaba unido por un cabo llamado estrobo, y con su zapatilla.

La boga a tres remeros en cada banco exigía una buena coordinación de éstos entre sí, lo cual solamente se alcanza con mucha práctica. De hecho, durante el reinado de Carlos I no se consideraba a la chusma (gente de remo) veterana hasta que hubiesen estado bogando un año.

Remeros voluntarios

Aunque anteriormente a este periodo hubo algunos casos de tener remeros que eran esclavos, prisioneros de guerra o condenados, la mayoría eran voluntarios que bogaban por sueldo y comida durante un tiempo convenido, normalmente durante el período del “mare apertum” (del 15 de marzo al 15 de octubre de cada año). Cuando se invernaba (“mare clausum”) la chusma y la mayoría de la dotación desembarcaba y la galera se guardaba dentro de una atarazana o se amarraba en el estuario de un río, con algunos guardianes abordo.

A estos remeros voluntarios se les empezó a llamar buenasboyas, italianismo procedente de la voz “bonavòglia” o “buonavòglia”. Estos se ajustaban en Italia a precios asequibles, especialmente en la costa del Adriático, pero en España, a partir del descubrimiento de América, los sueldos solicitados por los buenasboyas aumentaron a cantidades imposibles de pagar. La introducción de la llamada “pena utilitaria de galeras”, enviando a estas embarcaciones, de por vida o por cierto tiempo, a los delincuentes que antes se ejecutaban o mutilaban, solucionó la falta de remeros, aunque tuvo algunos inconvenientes.

Una hoja del libro de galeras nº 14.

La normativa

Los tratadistas sobre los forzados a galeras toman la disposición de Carlos I, de 31 de enero de 1530, como el origen de esta pena. En realidad este documento sólo trata de extender a todos los reinos de España lo que era norma en Castilla (ya que desde el 7 de marzo de 1503 la Reina Católica impuso este castigo).

Hay que decir que el rey Fernando el Católico había publicado en 1492 en Aragón, un documento conocido como “Contra el corso”, por el cual se ordenaba desarmar todas las galeras y libertar a los galeotes, con la excepción de “moros, judíos y esclavos”. Esto supuso una mengua en la marina aragonesa, corregida más tarde por lo dispuesto por Carlos I.

También este rey dispuso que los piratas y corsarios apresados en combate naval y los capturados por los paisanos, cuando naufragaban embarcaciones corsarias en la costa española, fueran presas de la Corona, estableciendo un precio fijo, que se entregaba a los captores. Con estos “esclavos del Rey” y con los forzados se cubrió la chusma de las galeras, empezando a desaparecer los buenasboyas.

El espacio donde vivían y bogaban

La figura superior detalla las banquetas (o remiches), con sus cueros rellenos de estopa para amortiguar la culada de los remeros. El cuero se dejaba colgar por la parte de atrás del banco, para proteger del viento a estos, que dormían hacinados en las banquetas.

Había que encadenar en la bancada a los forzados y esclavos del rey. Para ello se afirmó una branca (cadena con ramales) sobre la banqueta. Cada remero estaba sujeto a un ramal por la calceta (grillete fijo al tobillo del pie más próximo a la banda en la cual bogaba).

Movimientos para bogar

En las galeras siempre se bogó de pie y mirando a la popa. Los movimientos del remero, partiendo de la posición de sentado en el banco, eran:

  • entra voz para incorporarse y empujar el remo,
  • monta subir el pie, contrario a la banda, sobre el banco o la contrapeña de enfrente, y
  • casca, dejarse caer con fuerza hacia atrás sobre el banco, tirando del remo sin flexionar los brazos y empujando con el pie.

En realidad la maniobra era un poco más complicada, pues hay que considerar el uso de la peaña y de la contrapeaña. Por otra parte, esa historia sobre que a la chusma se le metía un corcho en la boca para que no gritasen, es falsa, pues a las primeras paladas estarían agotados.

Galeote español. Obra de Christop Weiditz (1528/1529)

La vestimenta de los galeotes

La chusma bogaba completamente desnuda. En estas dos imágenes (superior e inferior) los galeotes aparecen con la “ropa del Rey”: el bonete, que debía ser colorado, la almilla, sin mangas, del mismo color, y el calzón, normalmente de anjeo. Los forzados o esclavos del Rey en la imagen portan barriles chatos para hacer la aguada, con los témpanos elípticos para poder estibarlos bajo la banqueta o remiche. Los dos galeotes bogan en la banda siniestra de la galera, pues llevan la calceta en el tobillo izquierdo. Podemos apreciar que habían introducido harapos entre la calceta y el tobillo para no llagar este.

Galeote español. Obra de Christop Weiditz (1528/1529)

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de las imágenes que aquí aparecen, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. Los remeros de las galeras del S. XVIII. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/01/07/remeros-en-las-galeras-del-s-xvi/

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Por Jorge González Crespo, Licenciado en Historia y Máster en Historia y Patrimonio Naval

Pese a que el barco asociado a la antigua Grecia es el rápido, ligero y eficaz trirreme, durante el período helenístico se construyeron embarcaciones cada vez más grandes y pesadas. Los soberanos vivían en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro, pero también de continuas guerras, por lo que crearon inmensas estructuras que a la vez que reflejasen su poder y grandeza también sirvieran para intimidar al enemigo. En el fondo, se trataba de trasladar al mar la carrera mantenida por ver quién construía el palacio más lujoso o la biblioteca mejor surtida. Tenían establecida su capital en Alejandría y desde allí gobernaban su mundo.

Alejandría según el mapa de Piri Reis

Ptolomeo IV de Egipto (un antecesor de la famosa reina Cleopatra) que gobernó durante el S. III a. de C., mandó construir embarcaciones de proporciones monstruosas.

tessarakonteres

La Tessarakonteres, junto a un soldado para comparar la escala. Fuente: el supercatamarán de la Antigüedad.

Una de ellas fue la Tessarakonteres (τεσσαρακοντήρης, “nave de cuarenta remeros”). Pese a que no se conservan imágenes de ella, los autores antiguos la describieron como un coloso de más de 120 metros de eslora, cerca de 17 de manga y con 20 metros de altura sobre el agua. Los remos del banco superior (los más largos) medían más de 17 metros. Necesitaba 4.000 remeros para ser impulsada, 400 hombres de tripulación y era capaz de transportar a casi 3.000 soldados. Tenía poco calado y llevaba a bordo catapultas. Otros aspectos no están tan claros, y fueron diversos autores de la Antigüedad los que se refirieron a ella, como Calíxeno de Rodas, que sostiene que en un testimonio recogido por Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios, afirmaba que tenía dos proas y dos popas, por lo que se debate si tendría forma de catamarán, con dos cascos unidos por un puente central. Tampoco está claro cómo se aplicaría el llevar 40 remeros por banda, pues no hay más que indicios sobre cuántos remos manejarían, o de su disposición.

Hay un aspecto que los escritores de la Antigüedad sí que dejan claro: su inutilidad. Plutarco afirma que “no sirvió mas que de espectáculo, pudiendo ser mirada como un edificio fijo destinado a la vista y no al uso, por ser muy difícil de mover, y aun no sin peligro”. Calíxeno relata su viaje inaugural, en el que quedó en evidencia lo engorroso e inmanejable que resultaba: tuvo que moverse mediante un andamiaje empujado por una multitud, y después tirado por un remolcador, siendo necesario incluso excavar un canal para que pudiera llegar al mar. Pese a que El banquete de los sabios es una obra que presenta muchos detalles, jamás se menciona que se usase en batalla.

En definitiva, la Tessarakonteres, tal vez la mayor embarcación de la Antigüedad, era hija de su tiempo: un navío gigantesco, inmanejable, carísimo y pomposo. En teoría era militar, pero no se hizo para participar en la guerra: su única utilidad en tal caso sería la de una fortaleza flotante demasiado lenta y frágil para poder funcionar adecuadamente; existía para demostrar el poder y la grandeza del monarca que la hizo construir.

Bibliografía

  • El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historiaMemento Mori!.
  • García Fleitas, Luz María y Santana Henríquez, German. De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de filología clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, volumen 11.
  • Tessarakonteres, el supercatamarán de la AntigüedadLa Brújula Verde – Magazine cultural independiente.

Información mas detallada sobre esta nave aquí

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En una entrada anterior hablamos de la Geografía de Ptolomeo. Usamos una de las muchas ediciones existentes (todas copias, porque el original se perdió), que sin ser la mas artística, era de las que servían para encontrar rápidamente, precisamente por la falta de colores, las miles de ciudades, muchas de ellas costeras. Ahora, por la belleza de sus imágenes, traemos la Cosmografía de este mismo autor. No es una obra distinta, sino que en los albores del Renacimiento quienes la copiaron decidieron cambiarle el nombre original por otro mas sonoro.

Gracias a que se puede utilizar libremente, podemos disfrutar de la cartografía marítima de un autor, que en época antigua se atrevió a dibujar el mundo entonces conocido, y con ello dio paso a otros que en siglos posteriores levantarían magníficos portulanos e impresionantes cartas náuticas.

En el mapa mundi superior aparecen 12 vientos romanos, cuyas denominaciones han variado según la época. Hacemos una enumeración de estos vientos, en sentido de las agujas del reloj, a partir del Norte. Al principio encontramos su nombre en latín y entre paréntesis su correspondiente en español.

  • Septentrio (Septentrión, Polar  N.)
  • Aquilo (Aquilón, NNE)
  • Vulturnus (Volturno,  NE)
  • Solanus (Solano   E. De donde sale el Sol)
  • Eurus  (Euro, ES)
  • [Ilegible]
  • Austro/Notus  (Austral/Noto, S)
  • [Ilegible]
  • Africus (Ábrego, SW)
  • Cefirus (Céfiro, W)
  • Caurus (Coro, NW)
  • Circius (Cierzo, NNW)
españa ptolomeo 79

La Península Ibérica, algo distinta de la actual

El autor y su teoría geocéntrica

Claudio Ptolomeo (c. 100-180) es uno de los mayores exponentes del saber de la Antigüedad, que trabajó especialmente en las áreas de la Geografía. Durante siglos sus obras fueron copiadas, seguidas y utilizadas como guías de viaje. Sólo cuando su teoría de que la Tierra estaba en el centro del mundo se demostró que era incorrecta, dejó de ser el modelo a seguir.

arbais ptolomeo

La Península arábiga, rodeada de mares

A pesar de que hay errores frecuentes, la estética de estos mapas (iluminados en el s. XV) es imponente, llamando la atención el color azul de los mares cartografiados, cuyos nombres delatan que estamos ante la visión del mar del hombre de la Antigüedad, mucho menos exacta que la actual, pero amplia y abierta. En los mapas hallamos denominaciones como Pontus Euxinus (Mar Negro) u Oceanus Occidentalis y Exterius Mare para el Océano Atlántico. Junto a ellas también aparecen los nombres que han llegado hasta la actualidad, aunque adaptados al idioma español, tales como Cantabricus, Adriaticum o Indicum.

indico ptolomeo

El Océano Índico bañando parte de las costas asiáticas

El libro primero contiene generalidades, mientras que en los siguientes podemos encontrar un prontuario (o compedio) detallado de cartografía como aplicación práctica, ya que el propósito real de Ptolomeo era dibujar un mapamundi, es decir hacer una representación gráfica del mundo.

mar africano ptolomeo

Parte de la costa africana, en el sur del Mediterráneo

Según la Real Academia de la Historia de España, la amplia y prolongada resonancia de esta obra durante la Edad Media, e incluso hasta el S. XVI, consiguió convertirla en una guía muy buscada por los viajeros, que en sus periplos creían reconocer algún lugar de los indicados por Ptolomeo.

pontus euxinus ptolomeo

Las costas de Asia Menor y el Pontus Euxinus

Esta es una de la obras de la Antigüedad Clásica que los hombres del Renacimiento se encargaron de recuperar e iluminar, proporcionándonos un rico patrimonio que sirve tanto para estudiar el pasado como para admirar la pericia y calidad artística de nuestros antecesores.

mas caspio ptolomeo

Mar Caspio

Un ejemplar de esta Cosmografía está en la Biblioteca Nacional de España, y se puede consultar a texto completo gracias a la Biblioteca Digital Hispánica.

Nota curiosa: De una de las copias de esta obra, la que pertenece a la Biblioteca Nacional de España, fueron robados los famosos mapamundi de Ptolomeo. Años mas tarde serían encontrados en Australia, tras ser vendidos en una casa de subastas, y en Nueva York.

Más información

Cosmografía de Claudio Ptolomeo. Real Academia de la Historia. 2016.

La Cosmographia de Ptolomeo. Serie “Mapas recuperados”. Biblioteca Nacional de España.

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