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Hay expresiones y términos vinculados con la Historia Naval y Marítima que son difíciles de identificar porque apenas existen investigaciones sobre ellas. La voz “Barcos de Biblos” (con las variaciones correspondientes, como Byblos) o también “naves de Tarsis” aparecen muy a menudo en las crónicas egipcias vinculadas con el comercio marítimo y la guerra en el mar, pero sobre ellas apenas se ha escrito.

Los barcos de Biblos, o de Tarsis, son las naves egipcias de alta mar, las que se adentraban en el “Gran Verde” (Mar Mediterráneo) y en el Mar Rojo. Se aplica tanto a las embarcaciones que allí se construyeron, como a las que se hicieron con la madera del Líbano. El origen fenicio de esta denominación deja claro quiénes dominaron durante un tiempo las aguas del Mediterráneo.

Navegar por el río Nilo

Los egipcios hacían múltiples viajes y un porcentaje muy importante era a través del gran río Nilo. Es decir, la navegación solía ser fluvial, ya que su caudaloso cauce les permitía realizar desplazamientos a corta y a larga distancia.

Embarcación fluvial. Historia National Geographic

El paso al mar

Sin embargo, estos viajes fluviales no eran suficientes para abastecer a la poderosa civilización egipcia. Era necesario llevar productos de otros lugares y reinos, y para ello, con mucha frecuencia, había que pasar al Mediterráneo o al mar Rojo. La mayor parte de las veces eran naves de otros estados las que llegaban a las costas egipcias para hacer el intercambio de mercancías, pero salir al mar era necesario para un pueblo con ansias expansionistas, cuyas costas, además, eran atacadas a menudo. Abastecimiento, ataque y defensa eran cuestiones demasiado importantes para no abordarlas, por lo que los faraones se encargaron desde los primeros tiempos de tener una flota dispuesta. Pero hay que tener en cuenta que las naves fluviales exigían menos requisitos técnicos que las que entraban en el mar, especialmente las que navegaban por el Mediterráneo.

Barco de Byblos o de alta mar. Fuente: Historia National Geographic

Las dificultades técnicas de la navegación marítima

Desde muy antiguo los navegantes y constructores mediterráneos conocían la dificultad de evitar, en las largas y estrechas embarcaciones a remo, el quebranto. Esta avería consistía en un encorvamiento de la quilla (la que podría considerarse la “columna vertebral” de la nave) hacia abajo, doblándose más los extremos de popa y proa que la parte central. Esta deformación podía provocar la rotura de la quilla y hacer que la nave se partiera en dos. El quebranto se producía cuando la cresta de la ola levantaba, según el principio de Arquímedes, el centro del casco y los delgados de proa y popa, con menos empuje hidrostático, tendían a bajar, produciendo la convexidad citada y, en ocasiones, la rotura de la carena.

Una solución: el uso del tortor

Este fenómeno era más corriente en el Mediterráneo que en otros mares, dado que en éste la ola del mar es “corta”, es decir que la distancia entre dos olas, a igualdad de altura, era menor que en otros mares, lo cual se traducía en que la pendiente de la cresta hacia el seno era más acusada, aumentando el riesgo del quebranto. Para solventar el problema se unía la proa con la popa con un fuerte cabo doble, el tortor, al cual se le daba tensión retorciéndolo (o agarrotándolo) sobre si mediante una palanca de madera, el garrote. Las primeras representaciones que conocemos de embarcaciones con el uso del  tortor, son las del faraón Sahure (c. 2700 a.C.).

Una nave de Sahure dibujada. Fuente

En la siguiente figura se ha representado una de las naves de la expedición a la tierra de Punt de la reina Hatshepsut (c. 1500 a. C.), con la composición de fuerzas que evita el quebranto.

En los muros del templo de Deir el Bahari también se puede apreciar el uso de este elemento.

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Nave de los tiempos de la reina Hatshepsut

Así, los barcos de Biblos eran las grandes naves a vela y a remos, utilizadas para la navegación marítima, que necesitaban una serie de refuerzos que les permitieran enfrentarse con el mar abierto, porque los egipcios surcaron las aguas del Mediterráneo oriental y del Mar Rojo desde muy antiguo. Los tortores, que luego los griegos llamarían hipozomata, fueron un ingenioso desarrollo que les permitía adentrarse en el mar con cierta seguridad de que una ola no iba a partir en dos la nave, con el consiguiente desastre que suponía por la pérdida de vidas humanas, de mercancías y del propio barco.

Más información

ELAYI, J. The History of Phoenicia. Lockwood Press, 2018, p. 35-36.

 

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El Faro de Alejandría, una de las maravillas del mundo antiguo, está siendo objeto de estudios, y como consecuencia de la aplicación de las más novedosas técnicas, cada vez sabemos un poco más de este monumento que en el siglo XIV desapareció en las aguas del Mar Mediterráneo. Situado en una de las mayores ciudades de la Antigüedad, resultado de la fusión de dos grandes civilizaciones, comparte su fama con otra de las obras excepcionales del mundo: la famosa biblioteca de Alejandría, en la que estudiaron e investigaron muchos de los autores que hoy tomamos como fuente, y en la que durante un tiempo se intentó conservar la memoria intelectual del mundo.

Sobre el faro han escrito multitud de autores clásicos, de la antigüedad grecolatina, como Estrabón, Josefo y Plinio, medievales, especialmente en lengua árabe como Al Idrisi e Ibn Battuta, entre otros. Y también se representó en mosaicos, monedas y medallas antiguas.

Recuperando del mar una estatua de Ptolomeo II. Fuente

Fue levantado en esta ciudad egipcia para mostrar la grandeza de sus faraones, los Ptolomeos, la dinastía de las grandes construcciones. Permaneció durante casi 17 siglos a la entrada del puerto, pero el tiempo, el viento, las tormentas y el abandono, unidos a fuertes terremotos, terminaron con su magnificencia.

Detalle de la localización del faro. Fuente: Amphipolis, 2015

Como muchas otras de las maravillas que ya han desaparecido, podemos encontrar diversas interpretaciones de cómo fue esta torre costera, cuánto medía y hasta dónde llegaba su luz. Hay incluso leyendas que dicen que si se tiraba una piedra desde los más alto, tardaba dos días en llegar al suelo. Exageraciones que nos dicen mucho de lo impresionante que debió parecerle a propios y extraños.

La ciudad y el faro, tal y como  aparecen en la obra de Foresti (1486). Fuente

Ibn al-Shayj, un viajero andalusí que estuvo allí durante el s. XII, describe y cuenta detalladamente tanto el exterior como el interior. Explica que se fue “al Faro con el tintero, el papel y la cuerda, a fin de que ni el menor detalle quedase perdido, pues el Faro es una maravilla”. Estaba localizado en una pequeña isla, desde la que se había construido una calzada para llegar a la costa. Calculó que tenía unas 68 habitaciones y su altura total eran 53 brazas más 7 de los cimientos. También se ocupa de mencionar que el faro estaba compuesto de tres cuerpos, el primero era un cuadrado; el segundo formaba un octógono y el tercero era cilíndrico. Nos dice que en la azotea superior, halló un oratorio o mezquita “como si fuese una cúpula”. En su parte más alta había un fuego encendido para guiar a los barcos (Viguera 2008).

La ciudad de Alexandria en el Civitatis Orbis Terrrarum (S. XVI)

Los restos del faro yacen hoy en las aguas del puerto, e incluso todavía hay en la zona costera una parte de la fue la puerta de entrada (imagen inferior). Se puede ver detrás del fuerte Qaitbay, que se levantó en sus inmediaciones, una vez que éste cayó al mar.

Restos de la parte lateral de la enorme puerta del faro

El estudio en profundidad de estos restos ha permitido a los investigadores reconstruir la puerta y calcular el grosor de los muros. En el dibujo inferior, levantado por I. Hairy, se puede comprobar la magnitud de la entrada.

Reconstrucción puerta faro Alejandria

Reconstrucción de la puerta del faro de Alejandria según Hairy (2006)

Las investigaciones subacúaticas también han permitido a los expertos proporcionar una imagen real de cuál era la forma de la torre. Gracias a éstas hoy sabemos, ya no sólo por las fuentes antiguas y medievales, que estaba compuesta de 3 cuerpos de distinta forma, como decía el viajero andalusí antes mencionado, que sus muros eran de casi 2 metros de grosor y su altura superaba los 100 metros.

Plano y dibujo del Faro de Alejandría basado en las investigaciones de Hairy (2006)

Pasados mas de quinientos años desde su destrucción, es todo un privilegio que hoy podamos saber con mayor certeza cómo fue este insigne faro, que durante la Antigüedad y la Edad Media guió la navegación por el Mar Mediterráneo en el delta del gran río Nilo.

Más información

The Beacon of Alexandria. Amphipolis.gr, 2015. En esta entrada puede encontrar la mayoría de las imágenes que hay sobre este faro.

DUNN, J. Pharos Lighthouse of Alexandria. Tour Egypt, s.f.

HAIRY, Isabelle. Le phare d’AlexandrieLa Recherche, 2006, 394. De esta autora hay más artículos con mayor grado de especialización, pero éste es el básico.

VIGUERA MOLINS, M.J. Ibn al-Shayj de Málaga deslumbrado ante el Faro de Alejandría. El legado andalusí, 2006. Traducción de parte del texto de al-Shayj.

Más fuentes, imágenes y bibliografía sobre el faro.

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Gracias a las excavaciones y a las transcripciones que nos llegan, podemos ir conociendo un poco más de esa antigua civilización, que posiblemente fuera una de las mayores de la historia, la del Antiguo Egipto. Ya hemos visto en varias entradas algunos aspectos vinculados con el tema naval y marítimo en esta época (los barcos encontrados en la tumba de Keops y también en la de Tutankamon, el inframundo marítimo, Alejandría y otros puertos como BereniceWadi al-Jarf). Esta semana nos dedicamos a descubrir la vida del capitán de un barco de la flota real.

Maqueta de barco fluvial del Antiguo Egipto. Fuente: Egiptoforo

En una de las excavaciones se descubrió el monumento funerario de un marino llamado Ahmose. Aunque los textos no son contemporáneos suyos, porque fue su nieto quien mandó construirla, nos sirven para entender una parte de la historia marítima y naval de este gran pueblo.

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Una de las paredes del monumento levantado en honor de Ahmose

En las fuentes que nos han llegado hemos podido hallar información sobre este capitán que sirvió a varios faraones en los albores del reino nuevo, la etapa más extraordinaria del Antiguo Egipto. Fue durante la dinastía XVIII, algunos de cuyos monarcas más conocidos son la reina Hatsepshut y el faraón Tutankamon.

Buque de la flota de Tutankamon según Canadian Museum of History

Ahmose, el marino

Ahmose, cuyo nombre también se ha traducido como Iahmes o Ahmes, nació al sur de Tebas, en una ciudad llamada ElKab (o Neheb), cerca del siglo XIV a. C. Aunque también fue soldado, la mayor parte del tiempo estuvo sirviendo en la flota real.

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Amhose junto a su mujer en el monumento funerario que su nieto construyó en su honor. Fuente

Como recompensa por sus servicios en tierra, en la primera batalla para tomar Avaris (al este del delta del Nilo), que estaba en poder de los hicsos, obtuvo el mando de un buque cuyo sobrenombre era “el que brilla en Menfis”.

Localización de Avaris, en el Bajo Egipto, al este del delta del río Nilo

En el siguiente intento para arrebatar Avaris, recibió el “oro del valor”, una condecoración militar, que a lo largo de su vida volvió a recoger cuatro veces más, según los textos de su tumba (o siete según otras fuentes).

Las pruebas de la victoria

Aunque hoy suene terrible, en época faraónica y especialmente durante el Reino Nuevo, la amputación de las manos de los enemigos derrotados era habitual. Esta extremidades se llevaban ante los representantes de la autoridad real, quienes solían recompensar con esclavos, con el llamado “oro del valor”, o incluso con ambos. Posteriormente, el faraón las mostraba como prueba de sus victorias ante sus súbditos y las ofrecía a los dioses en agradecimiento.

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Un dibujo sobre la práctica de amputación de las manos (Galán 2003)

En la tumba de Ahmose hay varios fragmentos alusivos a esta práctica:

“Hice entonces una captura y me traje una mano, y cuando el heraldo real fue informado se me otorgó el oro del valor. Y cuando se repitió la lucha en ese lugar, volví a efectuar una captura allí, me traje una mano y se me volvió a conceder el oro del valor […] Yo capturé a dos hombres vivos y tres manos. Se me recompensó con el oro del valor por duplicado y se me otorgaron también dos siervas […] me traje dos manos y se las presenté a su majestad” (Galán, 2003, p. 40-41).

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Entrada al monumento en honor de Ahmose

El “oro del valor”

Según National Geographic, el faraón era el único propietario legítimo del oro, y sólo él podía otorgarlo por hechos excepcionales. Así surgió el “oro de la recompensa” u “oro del valor”, el regalo más distinguido que el monarca podía conceder por servicios extraordinarios, ya fueran de carácter civil o actos victoriosos en batalla. Este obsequio era un pesado collar compuesto por discos de oro con distintas formas, llamados shebyu.

Condecoración de oro concedida por el rey Ahmosis a su madre, por su papel en la guerra contra los hicsos

Más información

BENDERITTER, T. Ahmes-fils-d’Abana. Osorisnet, Tombes del  l’Égypte antique. Contiene una descripción muy detallada y multitud de imágenes del monumento funerario.

GALÁN ALLUÉ, J.M. Mutilación de enemigos en el Antiguo Egipto. En: La guerra en Oriente Próximo y Egipto: evidencias, historia y tendencias en la investigación: actas del segundo Seminario Monográfico de Primavera. 2003, p. 353-360.

VÁZQUEZ HOYOS, E. Ahmose, hijo de Abana. UNED, 2008. Transcripción al español del texto egipcio.

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Por Jorge González Crespo, Licenciado en Historia y Máster en Historia y Patrimonio Naval

Durante el período helenístico, los soberanos de Egipto, la dinastía de los Ptolomeos, vivían en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro, pero también de continuas guerras, por lo que crearon inmensas estructuras que, a la vez que reflejasen su poder y grandeza, también sirvieran para intimidar a sus enemigos. Tenían establecida su capital en Alejandría y eran de origen macedonio, pues su primer rey-faraón, Ptolomeo I, había sido un general del gran Alejandro Magno.

Alejandría, la ciudad que fundó Alejandro Magno, fue la capital de Egipto en época helenística, y estaba situada al norte, en el delta del Nilo

Durante el siglo III a. de C. uno de los miembros de esta dinastía, Ptolomeo IV de Egipto (un antecesor de la famosa reina Cleopatra), mandó hacer embarcaciones de proporciones monstruosas como la Tessarakonteres, ya descrita en una entrada previa. Otra de sus ocurrencias fue la construcción de un palacio flotante, la Thalamegos, que posiblemente fue una exposición más de la grandeza de la dinastía ptolemaica.

Posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General

Pocas fuentes hablan de la Thalamegos (θαλαμηγός, “portacámaras”), pero las que lo hacen abundan en detalles. La describe Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios, en el que recoge el testimonio de Calíxeno de Rodas. Tenía casi 90 metros de eslora, con unos 13 de manga y una altura de 17. Era como un gigantesco catamarán formado por dos grandes naves de remos unidas (las que luego se llamarían galeras).

Ateneo lo describe como una embarcación fluvial, con un calado poco profundo, cuyas cubiertas delanteras y traseras (proa y popa) estaban elevadas (“ancho y llano por debajo como un arca”). El casco estaba equipado con todo lo necesario para poder realizar viajes por el Nilo.

Aspecto del pasillo de la nave según un dibujo de Walsh

El lujo imperaba en la nave real: disponía de cubiertas dobles de cerca de 160 metros para pasear, salas de banquetes y fiestas, alcobas colosales, un gineceo, templos y una construcción de piedra a modo de caverna que contenía estatuas de la familia real, entre otros. Todo ello realizado con los mejores y más caros materiales de construcción de la época: oro, marfil de Etiopía, cedro escita, ciprés milesio, tuya, lino egipcio, bronce de Chipre, piedras preciosas de la India y mármol de Paros. La nave era, como la propia dinastía ptolemaica, una síntesis de elementos egipcios y griegos.

Otra vista de la nave, con una estatua de Afrodita, según un dibujo de Walsh

Tuvo mucho más éxito que la Tessarakonteres, siendo usada durante dos siglos por los señores del Nilo. Se sabe que la última soberana helenística de Egipto, la famosa Cleopatra VII (51-30 a.C.), aún recorrió el río sobre ella junto a Julio César. Es la última noticia que se tiene del palacio flotante.

Bibliografía

  • De Náucratis, Ateneo. Banquete de los sabios. Madrid: Gredos, 1988.
  • García Fleitas, L. y Santana Henríquez, G. De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, 11, p. 211-240.
  • Schuller, W. Cleopatra: una reina en tres culturas. Madrid: Siruela, 2008.
  • Walsh, J. & Reese, T. F. Alexandria and Alexandrianism. Symposium by the J. Paul Getty Museum and the Getty Center for the History of Art and the Humanities and Held at the Museum, 1993.

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Recientes excavaciones han sacado a la luz pública la existencia de un puerto que facilitó la llegada de materiales para que Keops, el faraón, pudiera construir su sepultura: la gran pirámide que lleva su nombre, y que durante siglos fue el edificio mas alto de la tierra.

La gran pirámide de Keops, una de las maravillas del mundo antiguo. Fuente

La gran pirámide de Keops, una de las maravillas del mundo antiguo. Fuente

El faraón mandó construir un puerto artificial en las orillas de Mar Rojo: Wadi al Jarf, situado a unos 200 km de Giza. A él llegaban, procedentes de la península del Sinaí, naves cargadas con cobre, el material del que se hacían los cinceles que se utilizaban para cortar y picar la piedra que formaba las paredes de la gran pirámide (mas información en Parra 2015).

Algunas de las herramientas de sobre que se utilizaban. Fuente.

Algunas de las herramientas de sobre que se utilizaban. Fuente: Weeks, 1990.

En las excavaciones también se han descubierto los papiros con jeroglíficos mas antiguos del mundo, que contienen las anotaciones de un oficial encargado de un grupo de obreros cuya misión era el transporte de las grandes piedras que formaban las pirámides. Igualmente se han hallado anclas y material de cordelería.

This undated photo released by Egypt's Supreme Council of Antiquities Thursday, April 11, 2013, shows hieroglyphic papyrus discovered at Wadi el-Jarf, nearly 180 km (111 miles) south the coastal city of Suez, Egypt. Egypt’s state of antiquities affairs minister has declared the discovery of a historic coastal port dating back to King Khufu of the fourth dynasty of the old pharaonic kingdom. The Franco-Egyptian team working in the Suez archaeological area also discovered hieroglyphic papyri and stone anchors. Most of the discovered papyri date back to the 27th year of the reign of King Khufu. The papyri included information about number of the port workers and details about their daily lives. They were transferred to the Suez museum for study and registration. (AP Photo/Egypt's Supreme Council Of Antiquities)

Uno de los papiros encontrado en las excavaciones (detalle). Contiene información acerca del número de trabajadores del puerto y detalles de su vida diaria. Fuente: Egypt’s Supreme Council Of Antiquities

Recomendamos esta entrada hecha por un arqueólogo italiano que además es alumno del Máster en Historia y Patrimonio Naval, Daniele Pragliola.

epineion: Arqueología de Puertos

El yacimiento arqueológico de Wadi al-Jarf constituye un interesante ejemplo de instalaciones portuarias y actividades marítimas en el Mar Rojo por parte de los antiguos egipcios durante el Reino Antiguo.

El reciente descubrimiento de este enclave contribuye a la comprensión mas profunda de las actividades marítimas en el Golfo de Suez, y puede compararse con las instalaciones de Wadi/Mersa Gawasis y Ayn Sukhna, de las que éste se convertiría en antecedente.

map Mapa de Wadi al-Jarf. Fuente:  G. Maruard

Localización

El yacimiento está localizado en la costa oeste del Golfo de Suez, 20 km sur de Zafarana y a 100 km. sur de Ayn Sukhna, otro embarcadero egipcio regularmente utilizado entre finales del Reino Antiguo y el Reino Medio (2550 – 1700 a.C.). Las instalaciones de Wadi al-Jarf parece que empezaron a utilizarse  a partir del reino de Snefru (2620 – 2580 a.C.) y particularmente utilizadas bajo el reino de Khufu…

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Hay muchas ciudades marítimas, pero posiblemente sea Alejandría, la última capital del Egipto faraónico, la que nos traiga a la memoria antiguas glorias pasadas, monumentos míticos ya destruidos pero nunca olvidados e instituciones culturales que sentaron las bases de las actuales bibliotecas y museos.

Localización de la ciudad

Localización de la ciudad

La ciudad de Alejandría en la Anitgüedad

La ciudad de Alejandría en la Antigüedad

La literatura, y especialmente el cine, han contribuido a ello. Los amores de Cleopatra, descendiente directa de Alejandro Magno, con Julio César primero y con Marco Antonio después, la hicieron conocida a nivel mundial, aunque muchos de sus logros pasaran inadvertidos. Una de sus hijas, Cleopatra Selene, fue reina de Numidia (en África) tras su matrimonio con el rey Juba II.

Cleopatra

Cleopatra

La fundación de la ciudad

Cuando el gran Alejandro Magno decidió fundarla en la costa mediterránea oriental, exactamente en el delta del mítico río Nilo, una cultura fluvial estaba dando paso a otra marítima. Las magníficas capitales anteriores, situadas en las orillas del Nilo, dieron paso forzoso a una nueva urbe, localizada en el gran Mar. Así Alejandría se crea en el año 331 a.C., en una estratégica región, que muy pronto se convirtió en el centro comercial del mundo antiguo. Su fundador sería conocido, entre otros motivos, por iniciar una época de extraordinario intercambio cultural, en la que los helenos se expandieron por los ámbitos mediterráneo y del próximo oriente.

El imperio de Alejandro el Magno. Fuente

El imperio de Alejandro el Magno. Fuente

También la nueva dinastía que desde esta ciudad gobernaba Egipto, la de los Ptolomeos, supuso una mezcla de culturas, de las dos mas imponentes que se desarrollaron en esta parte del mundo: la egipcia y la griega. Tiempo después, tan impactante sería la llegada a Alejandría para las tropas romanas, que este nuevo y poderoso imperio otorgó a ésta casi las mismas “mercedes” que a su capital, la Roma inmortal, y pronto la antigua ciudad de los Ptolomeos se convirtió en la segunda de mayor importancia del imperio romano. La expansión territorial imperial literalmente circunvalaba el Mar Mediterráneo, y Alejandría se convertiría en su puerto comercial mas importante, desde el que se exportaba todo el excedente de granos y otros productos agrícolas que se cultivaban en abundancia a lo largo del fértil valle egipcio.

Alejandría según el mapa de Piri Reis

Alejandría según el mapa de Piri Reis

Sus proyectos arquitectónicos y culturales

Con estas sinergias fundacionales se sentó la semilla de una gran urbe, que pronto comenzó a tener teatros, anfiteatros y baños de extraordinarias dimensiones, sólo superados por Roma. Sin embargo, la ciudad es conocida por haber sido la sede de dos grandes construcciones: el faro y la biblioteca.

Dibujo sobre cómo pudo ser la Biblioteca

Dibujo sobre cómo pudo ser la Biblioteca

El gran faro

En esta urbe singular se comenzaron a construir una serie de monumentos en los que la identidad marítima estaba fuera de dudas, de todos el mas conocido es el famoso, y ya desaparecido, faro de Alejandría.

“Su fama, sin embargo, en cierto grado, se debió sin duda, a la visibilidad de su situación, el aumento, como lo hizo, a la entrada del mayor emporio comercial de su tiempo, y de pie allí estaba, como una columna de nube durante el día y de fuego de noche, para atraer la mirada de bienvenida de cada marinero errante cuyo barco llegó dentro de su horizonte, y despertar su gratitud por ayudar a su orientación y disipar sus temores.” (texto traducido y adaptado, tomado del proyecto Baldwin).

Una recreación del faro de Alejandría

Una recreación del faro de Alejandría

La gran biblioteca de la Antigüedad

En el ámbito cultural se pusieron los pilares de dos grandes instituciones, vinculadas desde sus inicios no sólo con la lectura, sino con la educación y la investigación. El Museo y la Biblioteca anexa es posible que sean dos de las instituciones mas conocidas de la Antigüedad, dejando atrás a otras como las bibliotecas de Pérgamo o de Éfeso, entre otras.

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Sobre esta famosa y mítica biblioteca ya hemos escrito (la biblioteca y el faro de Alejandría). Se calcula que llegó a reunir entre setecientos mil y un millón de obras. Como dato adicional añadimos que incluso sus protectores, los reyes de la dinastía Ptolemaica, solicitaron permiso a los rabinos judíos para poder hacer copias de sus libros sagrados. Otorgado éste, pronto la sabiduría acumulada en las grandes sinagogas pasó a formar parte de la Biblioteca alejandrina. Al conocimiento egipcio y griego se unió entonces en ella también el hebreo.

Recreación de una sala de la antigua Biblioteca de Alejandría

Recreación de una sala de la antigua Biblioteca de Alejandría

A lo largo de la Historia se ha considerado el centro del saber en la Antigüedad. Y como ha ocurrido otras veces, antes y después de ella, su impresionante fondo fue abandonado por falta de medios y posteriormente quemado en varias ocasiones, víctima de la intolerancia. Cada vez que se quema un libro (en este caso serían papiros y pergaminos), dicen los sabios, arde una parte de nosotros mismos. Con la Biblioteca de Alejandría desapareció posiblemente una de las fuentes del conocimiento mas importantes para la Humanidad.

Actualmente otra institución recibe el mismo nombre, y se levanta majestuosa, casi en el mismo sitio, mirando al mar.

La actual Biblioteca de Alejandría

La actual Biblioteca de Alejandría

El impresionante faro, una de las maravillas del mundo antiguo, y la magnífica biblioteca de esta ciudad marítima, unidos a la fama de la legendaria reina Cleopatra, han generado en nuestro imaginario una serie de ideas que evocan tiempos de esplendor y de grandeza difíciles de superar, en los que el Mediterráneo era el centro del mundo conocido.

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