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Archive for the ‘– El mundo de las galeras’ Category

Este durísimo trayecto, llamado  el “camino español“, que consistía en atravesar a pie una parte de la Europa central hasta llegar a Flandes, y que se empezó a seguir en el siglo XVI, partía desde Cartagena. Los tercios atravesaban en embarcaciones, preferentemente en galeras, una parte del Mediterráneo (tal y como puede apreciarse en la imagen inferior) hasta llegar al punto desde el que el trayecto se hacia terrestre (playa de Savona, en Liguria). Este dato ha sido obviado en pos de otras grandes urbes. Sin embargo, en la ciudad de Anibal todavía se conservan las huellas de ese acontecimiento, que otorgaba a Cartagena una vida y una importancia poco conocidas y estudiadas.

Camino de Flandes

El contexto histórico

Al mismo tiempo de la victoria de Lepanto contra los turcos (1571), comienzan las sublevaciones de los luteranos en los Países Bajos, apoyados por Francia e Inglaterra.

Batalla

Rocroi. El último tercio. Obra de A. Ferrer-Dalmau

El rey español Felipe II veía la dificultad de trasladar periódicamente refuerzos a Flandes por vía marítima a través del Canal de la Mancha, con las orillas dominadas por dos naciones enemigas. Por ello la necesidad de abrir una ruta terrestre para llegar a los Países Bajos, que no fuese cortada, se hizo urgente.

Localización de la región de Flandes

Localización de la región de Flandes

Así se comenzó el Camino Español a Flandes, que a través de Saboya y el Milanesado permitía trasladar tropas y dinero, al mismo tiempo que apoyaba, en caso necesario, a los dominios de la Casa de Austria, amenazados permanentemente por los turcos.

Las Casas del Rey

Aparte de crear una serie de fuertes que protegiesen el camino, el Rey manda construir en Cartagena una Casa Real, en la calle Intendencia, que sirviese para almacenar armas y provisiones para dotar a las compañías levantadas en España. Se ordenó que también pudiera utilizarse como alojamiento para la tropa, mientras se reunía el contingente necesario para formar un convoy naval que los trasladase a la playa de Savona, donde comenzaba el viaje a pie. Durante la travesía se tocaba en Barcelona, donde las tropas que habían llegado allí a pie esperaban en las Reales Atarazanas.

Restos antigua Case del Rey

La puerta principal de las Casas del Rey daba a la calle citada y el escudo que la corona lleva la fecha de 1576, año en que se terminó la obra y en el cual se realizó el primer viaje a Flandes. Posteriormente se debió abrir otra puerta, o al menos a coronarla con un escudo, en la plaza del Cuartel del Rey, en una fecha a partir de 1581, en que Felipe II es reconocido como rey de Portugal. Lo que queda actualmente de ese edificio es la magnífica arcada (puede contemplarse en las imágenes superior e inferior), hoy restaurada y reutilizada por iniciativa privada.

El local recomvertido

Los antiguos arcos han sido restaurados por un empresario y reutilizados

Las huellas heráldicas

En la calle Intendencia, la que linda con la casa del Almirante de Acción Marítima, está uno de esos preciosos escudos de la época. El otro se encuentra en una pequeña plaza, perpendicular a la calle anterior, denominada del Cuartel del Rey. Vamos a describirlos con la ayuda del C.N. Pedro Fondevila, experto en Heráldica.

Cartagena, calle Intendencia

Cartagena, calle Intendencia

a) Escudo de armas español contracuartelado, de la calle Intendencia

Primero y cuarto de gules y un castillo de oro, almenado de tres piezas y dojonado de tres homenajes, el del medio mayor, y cada uno con tres almenas, mamposteado de sable y aclarado de azur, que es de Castilla; 2º y 3º de plata y un león de púrpura, coronado, armado y linguado de oro, que es de León.

Escudo de la Calle Intendencia

Escudo de la calle Intendencia

Va timbrado de la corona real y rodeado del collar del Toisón,  o Vellocino, de oro, que cuelga de dos cintas amarradas a los vértices superiores del escudo.

Sobre el escudo un frontón, en cuyo tímpano está grabado: “PHILIPUS DEI GRATIA II REX HISPANIANARUM”. Sobre la sima del frontón está grabado 1576. A cada lado del frontón lo que aparenta ser un volumen descabezado con su umbilicus rematado en bola.

 b) Escudo de armas español partido de uno y cortado en dos, de la plaza del Cuartel del Rey

  • El 1º contracuartelado; primero y cuarto de gules y un castillo de oro, almenado de tres piezas y dojonado de tres homenajes, el del medio mayor, y cada uno con tres almenas, mamposteado de sable y aclarado de azur, que es de Castilla; 2º y 3º de plata y un león de púrpura, coronado, armado y linguado de oro, que es de León.
Escudo de la plaza del

Escudo de la plaza del Cuartel del Rey

  • El 2º de oro y cuatro palos de gules, que es de Aragón moderno; partido y flanqueado, jefe y punta de oro con cuatro palos de gules, flancos de plata y un águila de sable, coronada de oro, picada y membrada de gules, que es de Sicilia.
  • El 3º en gules y una faja de plata, que es de Austria moderna.
  • El 4º de azur, sembrado de flores de lis de oro y bordura componada de plata y gules, que es de Borgoña moderna.
  • El 5º bandado de oro y azur y bordura de gules, que es de Borgoña antigua.
  • El 6º de sable y un león de oro, coronado de lo mismo, linguado y armado de gules, que es de Brabante.

Estado en punta, de oro y un león de sable, linguado y armado de gules, que es de Flandes; partido de plata y un águila de gules, coronada, picada y membrada de oro, cargado el pecho de un creciente trebolado de lo mismo, que es de Tirol.

Sobre el todo, escusón no identificable por su estado, podría ser Portugal. Va timbrado de la corono real y rodeado del collar del Toisón de oro.

En resumen, algunas de las muchas joyas históricas de la milenaria ciudad que apenas se conocen y que forman parte de nuestro riquísimo y poco valorado acervo patrimonial. Que además evidencian que el camino español partía en naves desde Cartagena, hecho ignorado en la mayor parte de los trabajos publicados hasta el momento.

Más información sobre el camino español

Luxemburgo en el camino

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Esta es la primera de dos entradas dedicadas a la sonda.

Autor Pedro Fondevila Silva, Capitán de Navío de la Armada española y alumno del Máster en Historia y Patrimonio Naval

La profundidad marina se medía usando un escandallo, que es uno de los primeros, y de los más sencillos, instrumentos de navegación que ideó el hombre, y que aún continúa utilizándose en su forma primitiva.

Instrumento para medir la profunidad

Instrumento para medir la profundidad

A pesar de su extrema simpleza, apenas se conocen ciertas características de uso en la Antigüedad. Sabemos que lo utilizaban para medir la profundidad, pero sin embargo no conocemos cómo era la medida de la longitud de sonda que empleaban.

La sonda y su empleo

La operación de medir la profundidad del mar se denomina sondar. La sonda estaba compuesta por el escandallo y la sondaleza. El escandallo se ideó para medir la profundidad del fondo inicialmente, aunque posteriormente se diseñó para poder determinar también la naturaleza del lecho marino.

Sonda sumergida. Fuente

Sonda sumergida. Fuente: Náutica

La sondaleza es el cordel, o cabo, en cuyo extremo se amarra el escandallo (peso), y se sumerge hasta que llegue al fondo del mar. Manteniendo a pique la sonda se mide la profundidad sobre las marcas de distancia señaladas sobre la sondaleza en forma de nudos.

En los primeros tiempos se empleaba una piedra (horadada en un extremo o acanalada exteriormente en su circunferencia) para hacer de escandallo. La sonda de este tipo recibía el nombre latino de bolis, aunque la palabra es de origen jónico.

 Bolis. Escandallo lítico de Trapani s/d. V. Fuente: Pellegrino

Bolis. Escandallo lítico de Trapani s/d. V. Fuente: Pellegrino

Cuando era de plomo se usaba el término catapirates para denominarla (“Catapirates, línea cum massa plúmbea, que maris altitudo tentatu“).

Composición de la sonda

En la época romana la sondaleza se confeccionaba en lino. Hay que tener en cuenta que la sonda debe medirse a partir de la línea de flotación del buque (“Che il ragazzo giù questo catapirates unto con lo stesso olio, un pezzetto di piombo ed una cordicella di lino”). Por este motivo la sondaleza tenía un espacio sin marcar, la zaga, equivalente a la distancia desde la borda del buque a la línea del agua.

Los nautas romanos ya empleaban la sonda con el barco en movimiento, como lo prueba el relato del viaje de San Pablo a Roma. Para esta operación era necesario dar un movimiento pendular al escandallo, y soltarlo cuando estuviese en el extremo delantero de la oscilación, de forma que el escandallo llegase al fondo en la vertical del punto donde se encontraba el hombre que sondaba.

Escandallos para volear

Lanzando la sonda

En el siglo XVIII, con el desarrollo de la cartografía, se adoptó la técnica de volear el escandallo para obtener sondas mientras se navegaba a vela. El procedimiento consistía en dar vueltas al escandallo en el aire, alrededor de la mano que tiene asida la sondaleza, para que tome vuelo y, al despedirlo, vaya más lejos en la dirección de la marcha de la embarcación, de forma que llegue al fondo antes o cuando esté en la vertical del sondador. Este método obligó a que el escandallo tuviese una forma troncocónica o troncopiramidal alargada, muy diferente de la de “campana” romana.

En la figura se ve un marinero voleando el escandallo para sondar mientras el buque sigue navegando. El marinero está sobre la mesa de guarnición de estribor del palo trinquete. En la mano izquierda sostiene las adujas de la sondaleza que largará cuando lance el escandallo.

Voleador

En la figura se ve un marinero voleando el escandallo para sondar mientras el buque sigue navegando. El marinero está sobre la mesa de guarnición de estribor del palo trinquete. En la mano izquierda sostiene las adujas (vueltas) de la sondaleza que largará cuando lance el escandallo.

Por último, el descubrimiento del efecto de las corrientes submarinas sobre la sondaleza, obligó a aumentar el peso del escandallo según crecía la profundidad a medir. En este sentido conviene decir que, desde muy antiguo, se utilizó la medida antropomórfica de la braza, la orgyia griega, equivalente a 1,776 m, también empleada por los romanos. En España se utilizó la braza de 2 varas de Castilla de 1,7618 m. En la actualidad la sonda se mide en metros.

Más información

Nautica Jonkepa

– PELLEGRINO, Leonardo. Lo Scandaglio “a Sagola” nell’Antichità. Documentazione Storica e Archeologica. Universidad de Bolonia, 2007.

Nota: También se puede acceder a la fuente de las imágenes “pinchando” con el ratón en el texto.

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El edificio que los alberga

El palacio de Ambel, situado en la provincia de Zaragoza, también conocido como convento de los Sanjuanistas o palacio de los Hospitalarios, es uno de los testimonios mejor conservados del poder de las órdenes militares en Aragón. Su labor fundamental fue la participación en el proceso de conquista y colonización de las tierras, a través de la creación de señoríos laicos y religiosos, con objeto de contribuir a la estabilización y control del territorio. Inicialmente fue un castillo de la mítica orden de los Templarios, para pasar posteriormente a manos de los Caballeros de San Juan u Hospitalarios.

Fachada del palacio de Ambel

Fachada del palacio de Ambel

La posesión del Castillo por la orden del Temple se hizo hacia 1140, y en años posteriores de toda la villa de Ambel. A partir de entonces instalaron allí una encomienda, que sería plenamente independiente y regida por un comendador. Tras la disolución de la orden templaria, estas posesiones pasaron a los hospitalarios.

Cruz de la Orden del Temple

Cruz de la Orden del Temple

La apariencia del conjunto era de austeridad y poder, favorecida por la ausencia de vanos y por los altos torreones. A comienzos del siglo XV parece que la ocupación continua de Ambel por la orden militar estaba acabándose. Sin embargo, al constituir una fuente de ingresos segura, a pesar de que la vida conventual progresivamente iba desapareciendo, el palacio se mantuvo hasta el siglo XIX reparado y en buen orden.

La torre del Palacio

La torre del Palacio

Los grafiti del palacio

Son 3 dibujos de embarcaciones, correspondientes al S. XVI y comienzos del XVII, aparecidos en la logia o galería del palacio. Estos interesantes grafiti son seguramente “obra de marineros o de personas que vivían a la orilla de la mar, por lo cual suelen ser muy fiables en sus detalles, con la excepción de las proporciones, debido a la escasa habilidad artística de los autores y a la dificultad que ofrece el procedimiento para lograr un buen dibujo”.

Dibujo 1

Se corresponde con una Galera Maltesa de finales del S. XVI, o comienzos del S. XVII.

Ship1

    Breve descripción

En la imagen inferior vemos una galera maltesa correspondiente al inconcluso dibujo citado. La galera navega a remo por cuarteles, representándose bogando al cuartel de popa, que eran los remeros situados entre la espalda y el árbol maestro, mientras que el cuartel de proa, los remeros entre el árbol maestro y la corulla, descansa, con los remos afrenillados. Los remos no se ven completos porque salen por debajo de la pavesada o empavesada. Sólo llevan guindado el trinquete, pudiéndose comparar el tamaño del árbol con el árbol maestro, que, en el dibujo, carece de un trozo de la parte superior. Es de destacar que el bastardo (vela mayor del árbol) no va matafionado a la entena del árbol maestro, para evitar el peso alto de la vela mientras esta no se utiliza, la flámula que pende de la pena de la entena y el gallardete sobre el calcés del trinquete, la corulla, el estandarte en la espalda, la carroza, y el fanal de Malta sobre la pertigueta.

Galera maltesa II

Dibujo 2

Galera Capitana de Malta, datada entre los últimos años del S. XVI y los primeros del S. XVII.

ship2

    Breve descripción

Una característica de las galeras de esta época es que el árbol del trinquete es claramente más corto que el árbol maestro, pues, a lo largo de los S. XVII Y XVIII, los trinquetes y sus velas continuaran aumentando de tamaño, hasta casi igualar el del árbol y vela del maestro.

En la figura inferior vemos una galera capitana de España en los últimos años del S. XVI (entre 1585/1596). En ella se aprecian, entre otros detalles interesantes, las empavesadas abatidas, seguramente para que corra el aire a la chusma, con los remos a galocha entrando por debajo de la empavesada en la cámara de boga, igual que en el graffiti.

Por último, una mención a las armas de fuego representadas sobre la figura de la galera. Por las formas de las llaves de fuego y de los guardamontes, consideramos que se tratan de arcabuces de rueda. La más alta de las armas de fuego, considerando la forma de la culata, podría ser una pistola de arzón con sistema de llave de rueda, muy utilizada por ciertas unidades de la caballería de la época, herreruelos o caballos corazas, y conocida por los nombres de pedreñal, tercerola, pistola y pistolete.

Galera capitana

Dibujo 3

Caramuzal con aparejo latino, con dos o, probablemente, tres palos, navegando a orejas de mulo, y perteneciente a la Orden de Malta.

ship3

    Breve descripción

El caramuzal es también conocido como corchapín o escorchapín. Estas embarcaciones se utilizaban para el comercio y el corso, y era un tipo de buque muy frecuente en el Mediterráneo.

caramuzal II

Lo que resulta interesante en este buque es el aparejo latino y su disposición. El trinquete es claramente latino y amurado a babor o a siniestra, como se decía entonces en la lengua franca marinera mediterránea, llevando un gallardete arbolado en el calcés. El palo mayor es macho o enterizo, típicamente latino, identificación reforzada por la presencia de una gata o gavia, para el vigía. La vela es latina, amurada a estribor o a diestra. Un detalle clave para la clasificación del tipo de vela es la flámula, que cuelga de la pena de la entena, pues en las embarcaciones redondas no se llevaban banderas en los penoles de las vergas. Las velas van mareadas a orejas de mulo, recibiendo el viento en popa cerrada. Posiblemente llevaba un palo de mesana con una vela latina, que en el dibujo estaría tapada por la mayor latina, amurada a babor para equilibrar el centro vélico de la embarcación.

Abordando el tema de la nacionalidad del caramuzal, según la forma de la cruz, podría pertenecer tanto a Malta como a Génova, pues ambas banderas eran de igual diseño, roja con cruz blanca Malta; blanca con cruz roja Génova. Los colores de las puntas de las banderas hay que considerarlos como una actuación posterior, quizás obra del autor de los arcabuces, pues ninguna nación del Mediterráneo las usaba así. Si consideramos la práctica de la Orden de Malta de disfrazar como moras o turcas sus embarcaciones cuando atacaban la costa enemiga, que el dibujo está en un palacio de la Orden, que el autor fue un miembro de dicha orden, pues parece fácil deducir que es de la Orden de Malta.

NOTAS

El texto que aquí presentamos es una síntesis del artículo de P. Fondevila. En él se analizan detenidamente estos dibujos y se fundamenta su identificación (FONDEVILA SILVA, P. Nuevas aportaciones para identificar los “graffiti” navales del palacio de Ambel. Cuadernos de estudios borjanos, Nº 52, 2009, págs. 71-86).

Los términos que aparecen en cursiva son propios del lenguaje de las galeras, y están recogidas en el Diccionario Español de la Lengua Franca Marinera Mediterránea, obra del mismo autor.

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VOCABULARIO

GALERAS

    Tripulantes de las galeras
    Ornato en las galeras

CONSTRUCCIÓN NAVAL EN EL SIGLO XVIII

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Uno de los libros restaurados

Uno de los libros restaurados

Los Libros Generales de la Escuadra de Galeras de España, de los que sólo se han conservado 25, forman la Colección de Libros de Galeras del Archivo Naval de Cartagena. Abarcan el período de 1624 a 1748, y contienen listados, con cierto nivel de descripción, de todos aquellos que iban en cada una de estas embarcaciones.

Hasta ahora son los únicos que existen. Se encontraban la mayoría en mal estado y han sido trasladados al Instituto del Patrimonio Histórico Español para su restauración. Los once Libros Generales hasta ahora restaurados son la muestra del espléndido trabajo del Instituto y una prueba del importante tesoro documental que custodia la Armada Española. Son también unos grandes desconocidos.

Restauración de una de las hojas

Del total de veinticinco volúmenes que contienen información de los tres grupos humanos que convivían en las galeras, 18 son de forzados, 3 de esclavos y 4 de gente de cabo y guerra.

Una hoja de uno de los libros de Galeras

La hoja de uno de los libros de forzados

Los libros y alardes de galeras

Aunque es muy probable que antes se llevasen libros de asiento de forzados, la primera disposición conocida y documentada que regula este extremo es la Real Orden de 19 de agosto de 1557, ordenando así la puesta en marcha de lo más parecido a los libros de registro (o de asiento) del personal (forzado y voluntario) de las galeras del rey.

galeotes

Libros Generales de Forzados

Estos libros eran indispensables para llevar la cuenta de la condena del forzado, pues al darle libertad había que entregarle un certificado de haber cumplido su pena, la cual podía haber sido aumentada por el Capitán General de las Galeras por contravenir alguna de las disposiciones disciplinarias publicadas en sus Bandos.

Cuando llegaba una collera o cadena de forzados a las galeras, se abría un asiento general de todos los forzados indicando de dónde provenían, el lugar y fecha en que eran recibidos y la galera (Capitana, Patrona, o la del capitán más antiguo en ausencia de las primeras) donde se había efectuado la entrega. Por ejemplo:

Francisco de Molina, natural de Morón, hijo de Marcos, alto, arrugas en el rostro, 60 años, fue condenado en primera instancia por la justicia de la ciudad de Gibraltar y en grado de apelación por sentencia de revista y resuelta de la Chancillería de Granada en ocho años a galeras al remo y sin sueldo, por una muerte… (1659) (p. 1).

Nicolás de San Juan, alias Abraan(sic), natural de Fez. Hijo de Jacob, alto, corpulento, nariz larga afilada, señales de tormentos en los brazos, de 28 años condenado por el tribunal de la Santa Inquisición de Sevilla a 6 años de galeras por embustero, hechisero y otros delitos (1659) (p. 4).

Galeras de R. Monleon

Libros Generales de Esclavos

Estos libros debían registrar el precio y procedencia de los Esclavos del Rey. Obviamente, el asiento incluía la filiación, naturaleza, edad y señas, en la misma forma que las anotaciones de forzados.

 

Moro Maban ben Ali, n. de Argel pequeño, rubio entradas grandes lunar grande, negro sin pelo detrás del pescueso.

Turco Soliman n de Argel h de mahamete, mediano ojos hundidos cejunto, frente chica, señal de herida en medio la nariz, de 45 años (1624)

Moro Mostafa, n de Argel h de Mahamud, mediano, roxo, ojos azules, señal de heridas en la cabeza a la entrada izquierda y otra en la coronilla, de 25 años.

Turco Mostaza n. de aiden h de soliman BC gordo entradas grandes dos señales redondas de fuego de las muñecas izquierda y otro piquete en el diente en el mismo lado.
Huyose de la Galera Sta Ana en 9 de diciembre de 628

La procedencia de los esclavos, según figura en los libros, es amplísima y no sólo se limita a tierras del Norte de África. Si bien son muy frecuentes los esclavos procedentes de Túnez, Argel, Marruecos, Bugía, Orán, Trípoli, Tetuán o Tremecén. Hay asentados esclavos procedentes de Constantinopla, Alejandría, Egipto, Anatolia, Mar Negro (literal), de otros lugares del continente africano como Angola, Somalia o Guinea. También nacidos en Europa (Inglaterra, Francia, Portugal o Dinamarca), y de muchos pueblos y ciudades españolas.

Libros de gente de cabo

Como hemos indicado anteriormente, durante el reinado de Felipe II se ordena al Veedor de las galeras asentar en sus libros a la gente de cabo y de guerra, con sus sueldos y ventajas.

Libro de galeras antes de la restauración

Libro de galeras antes de la restauración

Esta documentación no sólo tiene un valor patrimonial incalculable, sino que por la información que contiene y por ser el testimonio vivo de los enfrentamientos que tuvieron lugar durante varios siglos entre los reinos y naciones de las riberas del Mediterráneo, son, sin duda, una de las fuentes más ricas para el estudio de múltiples aspectos de la Edad Moderna.

Mas información

– FONDEVILA SILVA, P. Diccionario Español de la Lengua Franca Marinera Mediterránea. Murcia: Fundación Séneca, 2011.

– Otras entradas de este blog, en la categoría “El mundo de las galeras” y en textos

– SÁNCHEZ BAENA, J.J., FONDEVILA SILVA, P. Y CHAIN NAVARRO, C. Los Libros Generales de la Escuadra de Galeras de España: una fuente de gran interés para la Historia Moderna. Mediterranea Ricerche storiche, 2012, 26, p. 577-602.

– Web de la Cátedra de Historia Naval, en la sección Documento del Mes.

Actualizaciones

CONTE DE LOS RÍOS, Augusto. La vida de galeras en la España de CervantesRevista General de Marina, 2016, 271, 5, p. 809-819.

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Autor: Pedro Fondevila Silva

La uniformidad de los granaderos

Ya se ha mencionado que, en 1685, el Rey Carlos II crea los granaderos en el ejército español. Esta innovación debió correr como la pólvora, ya que hacia finales de ese reinado conocemos la existencia de granaderos en la infantería de las galeras.

Con respecto a la uniformidad, en este reinado, con excepción de las Tropas de la Casa Real, el vestuario de las tropas no era un asunto al que se le prestase excesiva atención. Se habían hecho intentos de dotar de un cierto tipo de uniforme a los soldados, pero el cumplimento de la norma no era muy escrupuloso, por la rutinaria falta de recursos y por la resistencia de los soldados a abandonar los privilegios que se les concedían en las Leyes Suntuarias, las cuales les permitían vestir con lujos vedados a clases sociales de superior nivel económico.

Con todo, en 1693 se uniformaron los tercios a la moda francesa, adoptándose la casaca “redingote” o “justacorps”, la cual era larga y con grandes vueltas en las mangas, que dejaban descubierta la camisa en el antebrazo, largas solapas en los bordes delanteros, y con bolsillos laterales. Llevaban también chupa, camisa, corbata de bocadillo, medias (generalmente rojas), sombrero chambergo (a lo Schomberg) blanco, zapatos de vaqueta, “bredicú” o “biricú” para la espada de taza, y bandolera para las cargas de pólvora (los doce apóstoles).

El color de la casaca y el de la divisa (vueltas y solapas) diferentes para tercio permitía distinguirlos.

Los granaderos se diferenciaban de los soldados sencillos en que llevaban la bolsa granadera, y en que iban armados de fusil con bayoneta. En esta época los soldados dotados con armas de fuego (todavía manteníamos un tercio de la compañía armado de picas), arcabuces y mosquetes, utilizaban la cuerda- mecha como sistema de ignición de la pólvora, siendo escasísimos los fusiles (nombre quizá derivado del italiano focile: piedra de chispa, pedernal o sílex) que, más ligeros que los anteriores, inflamaban la carga con las chipas arrancadas al pedernal por la acción de la llave de fuego. De hecho, los fusiles no se generalizaron hasta el comienzo de la Guerra de Sucesión.

En esta vieja ilustración tenemos, de espaldas, un granadero (reconocible porque usa fusil) y un arcabucero (si fuese un mosquetero, el arma sería más gruesa, y el soldado llevaría en la otra mano la horquilla para apoyar el mosquete). Aunque la reconstrucción histórica tiene algunos errores, que iremos comentando, es útil para hacernos una idea de la uniformidad y de las armas de este período. Así podemos ver: los chambergos, de tonos blancos, adornados con una pluma roja; las cabezas de los soldados, con el cabello a lo “nazareno”, los grandes bigotes y la perilla o mosca; la corbata blanca, de lienzo de bocadillo; la casaca, con las solapas en la parte frontal y las mangas con sus vueltas (éstas algo desproporcionadas, pues las vueltas deberían ser mayores y arrancar desde el codo); los gregüescos amarillos y las medias rojas.

Por lo que concierne a la infantería de galeras, sabemos de la existencia de granaderos en sus filas, ero no conocemos ninguna disposición que nos indique cual podría ser el color de su vestuario. Es más, creemos que no tenían uniformidad determinada. Vestirían, eso sí, con un cierto estilo militar: chambergo, coleto de cuero, gregüescos, etc… Un cuadro, existente en el Museo Naval de Madrid, de esta época, nos muestra a la infantería de las galeras sin uniformidad precisa, y el hecho de que en 1708 se decidiese hacer casacas azules para toda la infantería de galeras, “de forma que todos vallan de un mismo color”, parecen confirmar esa suposición.

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Autor: Pedro Fondevila Silva

Las banderas

Antes de entrar en materia, es obligado manifestar al lector que las banderas, que se van a describir, corresponden al período comprendido entre los años 1685-1827, margen de tiempo coincidente con el de la existencia de granaderos en la Infantería de Marina.

Durante la época de los Austrias, los capitanes, propietarios de las compañías, tenían la facultad de diseñarlas a su gusto. Cuando cambiaba el capitán se modificaba, por el nuevo, la bandera; aunque esta modificación estaba limitada por el mantenimiento del tamaño, del símbolo español: la cruz o aspas de Borgoña o de San Andrés, y de la moda imperante en cuestión de diseño de banderas. En 1685 la moda imperante era un dibujo a base de un jironado de ocho piezas, o un cuartelado en cruz, pudiendo llevar ambos una cenefa con variaciones del dibujo.

Fragmento del cuadro Auto de fe en la plaza Zocodover de Toledo

La imagen corresponde a un fragmento del cuadro titulado “Auto de fe en la plaza de Zocodover de Toledo”. El campo de la bandera parece ser compuesto de jironados y cuartelados, y su tamaño corresponde a unos 2 x 3 m.. Este tamaño obligaba al alférez a sujetar el extremo con la mano izquierda e, incluso, a recogerla bajo el brazo, descansando la punta sobre el antebrazo. Los soldados que aparecen son piqueros y visten chambergo, coleto de cuero con rica valona, greguescos pardos y medias blancas. Ciñen la cintura con una faja roja (color distintivo de España) y llevan espada de taza.

Con la llegada de los Borbones se establecen normas más estrictas. Así, en la Real Orden, ya citada, de 1717 por la cual se crea el Cuerpo de Batallones de Marina, se determina en materia de banderas lo siguiente:

    “Las banderas que deberán tener esos batallones, para cuando marchen o hagan el servicio en tierra, deberán ser tres, las de los Capitanes Comandantes de cada batallón moradas con las armas del Rey y a las cuatro esquinas cuatro anclas, y las demás, blancas con la cruz de Borgoña y a las cuatro esquinas las anclas”.

Banderas “batallona” y “coronelas” de Felipe V y de Carlos III, respectivamente

En la disposición anterior no solo se establece un diseño preciso de las banderas, si no que, además, se reduce el número de las banderas que pasan a ser tres para todo el batallón, (en este momento el batallón tiene seis compañías), cambiando la costumbre de los Austrias de que cada compañía tuviese su bandera, si bien es cierto que esa práctica ya se había modificado en 1694, dejando cuatro enseñas por tercio.

Como ya no había una bandera por compañía, sobre la cual pudiesen formar sus soldados, en vez de la antigua disposición de las enseñas, en único frente pero separadas, (cada una en el centro de su compañía), ahora, las banderas forman juntas en el centro del batallón, en el centro la “coronela” y a los lados las “batallonas”.

Progresivamente, a lo largo del período considerado, se va reduciendo el número de banderas. En 1762 se pasa de tres a dos (una coronela y una batallona) la cantidad de enseñas del batallón, y en 1802, debido a la importante reducción de efectivos del batallón (de unos 750 a apenas 350), se vuelve a reducir el número de enseñas a una (la coronela).

Volvamos, ahora, sobre el Batallón de Marina para las Galeras creado en 1728. En la Real Orden ya citada se determina:

    “Las banderas que deberá tener este Batallón para cuando marche o haga el servicio en tierra, deberán ser la del Capitán Comandante o Sargento Mayor, blanca con las Armas del Rey, y a las cuatro esquinas cuatro ferros (rezones); y las demás blancas con la Cruz de Borgoña, y a las cuatro esquinas los ferros”.

No especifica la disposición el número de las banderas “sencillas” o “batallonas” (con la cruz de Borgoña), pero, aunque eran siete las compañías que formaban el batallón, la cantidad de banderas sencillas debió ser dos como el resto de los batallones de Marina y del Ejército. Esta bandera desapareció en 1748, al disolverse el Cuerpo de Galeras.

El diseño de las banderas del Cuerpo de Batallones de Marina no varió durante el período de existencia de los granaderos, no así su tamaño que, por diversas disposiciones, fue disminuyendo. A título de curiosidad, solo resta añadir que, durante el “trienio liberal” (1821-1823) se pretendió cambiar las banderas por la figura de un león, el cual, sosteniendo con una de sus garras el libro de la Constitución, debería exhibirse en lo alto de un asta. Solamente se conoce un caso de entrega a una unidad de este vexiloide, y al finalizar el trienio liberal fue anulada esta disposición.

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