Pedro I, el rey navegante

Pedro I, zar de Rusia, gobernó su extenso imperio de 1672 a 1725. Desde su infancia fue un enamorado del mar y pasaba horas navegando. Una vez que consiguió estabilizar su convulso reino, decidió viajar por Europa (se sabe que entre 1697-98 estuvo en Holanda y en Inglaterra, que tenían fuerzas navales muy importantes), para conocer las nuevas técnicas de construcción naval, con objeto de formar una poderosa armada que le permitiera fortalecer su gobierno y ampliar las fronteras. Esperaba aprender especialmente las últimas novedades sobre construcción naval y navegación. También quería estudiar la forma de organizar las flotas y reclutar especialistas para volver con él y ayudarle a formar la que sería la primera armada rusa.

Naves romanas en los mosaicos del puerto de Ostia

La tierra de origen del gran imperio romano, la península itálica, y más en concreto su enorme capital, Roma, a pesar de su fertilidad, se vio obligada a importar grano de las provincias ultramarinas y vino de las islas Cícladas y de la Bética. Todo este comercio llegaba en barco a las tierras itálicas inicialmente a través de dos grandes puertos: Ostia y Puteoli. El puerto de Roma fue el de Ostia, mientras que el segundo daba servicio a la zona de la actual Nápoles. Pero Ostia era un puerto fluvial, nacido en la desembocadura del Tíber (de hecho su nombre deriva del latín ostium, puerta) para abastecer a la todopoderosa ciudad de Roma. En Ostia los emperadores romanos levantaron grandes infraestructuras, y una de las más importantes era la del puerto. En ella estaba el Foro de las Corporaciones, a espaldas del Teatro, constituido originalmente por una estructura simple: una enorme plaza de la que ha quedado bien conservado el pavimento hecho con mosaicos, con una pared externa y un pasillo cubierto.

Ahmose, un capitán para la flota de los faraones

Gracias a las excavaciones y a las transcripciones que nos llegan, podemos ir conociendo un poco mas de esa antigua civilización, que posiblemente fuera una de las mayores de la historia, la del Antiguo Egipto. Ya hemos visto en varias entradas algunos aspectos vinculados con el tema naval y marítimo en esta época (los barcos encontrados en la tumba de Keops y también en la de Tutankamon, el inframundo marítimo, Alejandría y otros puertos como Berenice o Wadi al-Jarf). Esta semana nos dedicamos a descubrir la vida del capitán de un barco de la flota real.

Dioses marinos prerromanos: mitología etrusca

Uno de los pueblos más desconocidos del occidente europeo son los etruscos, una cultura surgida de grupos de comerciantes, navegantes y piratas, que dio origen a la fértil civilización romana. Durante su momento de mayor expansión ocupó una parte importante de la península itálica, y poblaron tanto las costas del Mar Tirreno como las del Adriático. Sin embargo, los inicios de Etruria como tal son, a fecha de hoy, un enigma. Se han llegado a hacer pruebas de ADN, que ligan a etruscos con jonios y lidios (en la actual Turquía occidental, entonces Asia Menor) y con distintos pueblos costeros del área mediterránea.

«Matacapitanes», un cañón de D. Álvaro de Bazán

Matacapitanes es el nombre de una pieza de artillería utilizada en las galeras españolas del siglo XVI, que desde la Cátedra Naval descubrimos e identificamos. Es de un tipo de arma hasta ahora desconocido y que creemos única en los museos navales españoles.

La primera flota de galeras de España

Aunque en su Galicia natal es bastante conocido, fuera de su tierra pocos son los que saben el papel que un arzobispo, Diego Gelmírez, tuvo en la historia naval gallega y en la de la toda España. En una época en la que vivir cerca del mar era aventurarse a invasiones, robos y saqueos, mientras otros eclesiásticos cambiaron de lugar su sede huyendo de los peligros costeros, Gelmírez creó la que fuera posiblemente la primera armada digna de ese nombre que existió en la Península Ibérica.