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Posts Tagged ‘Piratas’

Los viajes de Marco Polo son muy conocidos, pero no siempre se sabe que parte del viaje de regreso de la corte del temible Kublai Khan lo hizo en barco. En el Libro de las maravillas de Marco Polo se recoge parte de él, y aunque siempre debemos tener en cuenta que se puede intercalar la realidad con la ficción por la cantidad de siglos que han transcurrido, parece que hay una historia de tormentas, piratas, naufragios y otra de amor, en la que Marco Polo es el protagonista.

Marco Polo partiendo de Venecia en 1271, en una representación procedente de un manuscrito iluminado de finales del siglo XV. Colección de la Bodleian Library (Oxford).

Sin embargo, la última, la relación que mantuvo con una princesa a la que tuvo que escoltar por mar, no la relata en sus libros …

Ruta del viaje de Marco Polo según fuentes chinas.

Marco Polo en la corte del Khan

Tras permanecer 17 años en la corte mongola, los Polo (Marco, su padre y su tío) decidieron que ya era momento de volver a su tierra, Venecia, pero como el Kahn no estaba muy de acuerdo con esa decisión, Marco Polo se ofreció a escoltar a una princesa mongola a la tierra de su futuro marido, un príncipe persa sobrino del Khan. Y una vez que la dejaran, podían regresar a su tierra natal.

Esta parecía la forma más sencilla de que el Khan les dejara marchar. Pero el viaje hasta Persia duró dos largos años y murieron casi todos los que habían partido de tierras mongolas. Se salvaron los Polo, la princesa y algún miembro mas de la tripulación.

La salida de China

Partieron de Zaiton (Quangzhou) en 1281, con una flota de 14 buques de alta mar con 4 mástiles y 600 personas cada uno, según estimó Marco Polo, y se embarcaron alimentos y pertrechos para dos años.

Según las crónicas, las naves tenían unos 100 pies de largo, remos que requerían cuatro hombres para bogar, así como una docena de velas, probablemente hechas de listones de bambú (Fuente: Mike Edwards, National Geographic, 2001).

Este fue un viaje desastroso y muy duro, ya que de los que embarcaron sólo sobrevivieron ocho. El texto contiene una descripción de las costas del Índico, con información de Ceilán y las costas de Malabar, con fantasías de todo tipo y un interesante apartado sobre el litoral de Arabia y África. En esta última bordearon la costa entre Somalia y Madagascar, haciendo un recorrido similar al que cien años después llevó a cabo la gran armada del navegante chino Zheng He. Pero sobre su regreso Polo proporciona mucha menos información de la que dedica a China.

Marco no dio datos de lo que salió mal en el viaje, pero hay algunas teorías, como que pudieron morir de escorbuto o cólera; otros sugieren que las pérdidas fueron causadas por los nativos hostiles y ataques piratas. En este espantoso viaje marítimo pasó por el Mar de China Meridional hasta Sumatra y el Océano Índico, y finalmente atracó en Ormuz. Allí se enteraron de que Arghun, el prometido de la princesa había muerto dos años antes, de modo que ésta se casó con su hijo, el príncipe Ghazan. En Persia también se enteraron de la muerte de Kublai Khan. Sin embargo, su protección le sobrevivió, ya que con tan sólo mostrar la tablilla de oro que les regaló a modo de salvoconducto, se les abrieron casi todas las puertas.

La princesa y el navegante veneciano

Durante el viaje, que duró dos largos años, Marco Polo entabló gran amistad con la princesa mongola Kokejin (hay variaciones de su nombre, como Kokojin), cuyo nombre significa “Cielo Azul”. Parece ser que añoró mucho la travesía en compañía del navegante veneciano, y murió entristecida a los 22 años.

Más información

Marco Polo’s return journey to VeniceFacts and details.

Marco Polo, viajero en la China del siglo XIII. Instituto Confucio.

Nota: la fuente de las imágenes, a excepción de las dos primeras, es el Libro de las maravillas de Marco Polo (Marco Polo, Le Livre des merveilles) publicado en París durante el siglo XV.

 

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Hay mas de leyenda que de verdad en muchos de los tópicos sobre piratas. Posiblemente su vida no fue tan emocionante como ahora nos parece, pero eran intrépidos viajeros, gozaban de su libertad hasta que eran apresados y compartieron un código único que hoy se nos asemeja tremendamente interesante.

El pirata Barbanegra. Fuente Biblioteca Pública de Nueva York

En este blog ya hemos publicado varias entradas sobre este tema (Mujeres piratas, Benito Soto, Amaro Pargo y las reglas del diablo), y algunos titulados del Máster en Historia y Patrimonio Naval han dedicado su blog a estas figuras (Medipiratas y Piratas en el Atlántico).

Dos de las mujeres pirata mas famosas. Fuente: Biblioteca Pública de Nueva York.

A todo ello añadimos aquí una antigua descripción en verso de la famosa isla Tortuga, el lugar emblemático de la piratería en el Caribe.

Descripción de la isla de Tortuga, por Antonio Freyer (1681)

Sale cerca de tierra Isla elevada
cuya forma Tortuga es perezosa,
díganlo quantos siglos ha que nada
sin llegar a la playa deleitosa:
de franceses corsarios governada
al Sur naval, y al Norte peñascosa
en grados veinte está, y treinta minutos
con verdes conchas de sabrosos frutos.

Los expertos opinan sobre la vida de los piratas

María de Sancha, del periódico estadounidense Huffington Post, ha llevado a cabo, con motivo de la quinta entrega de la serie cinematográfica Piratas del Caribe, varias entrevistas con distintos expertos en la materia, entre los que se encuentra la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.

Rosa de los vientos

Desde aquí hacemos un enlace a este interesante trabajo en español en el que se tratan temas como la presencia de mujeres a bordo, el código de los piratas, la isla Tortuga, los castigos que podían recibir si eran capturados y su bebida mas famosa: el ron, entre otros.

Comienza así:

“La mayoría de los conocimientos que tiene la gente sobre los piratas provienen de la saga cinematográfica de Piratas del Caribe, cuya quinta entrega, La venganza de Salazar, ha llegado a los cines esta semana” (puedes pinchar en la imagen inferior para leerlo entero).

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Texto enviado por Julia D. Granado Martínez, alumna de doctorado de la Universidad de Murcia.

Sintesis. Este canario, que vivió durante la edad de oro de la piratería, refleja como ninguno la vida antagónica que sus protagonistas tuvieron: perseguido por la justicia y alabado por su gente, rico y generoso, duro en la mar y tierno con sus paisanos, esclavista reconocido y defensor de los humildes, ferviente católico y feroz asesino, valiente y abnegado marino que se convierte en pirata, fugitivo con nobleza reconocida, patriota que esconde tesoros en su villa natal, hombre culto que lleva un inventario de sus riquezas. Es una leyenda viva de los mares, que tres siglos después de su muerte se ha convertido en referencia inequívoca para un videojuego.

Introducción

Los relatos de corsarios son bastante desconocidos porque las autoridades del momento no desearon que su actividad fuera conocida. Evidentemente no eran vidas ejemplares y, en numerosas ocasiones, podían llegar a ser delictivas. En la mente de todos, por la imagen cinematográfica que de ellos tenemos, los representamos tuertos, con pata de palo, el loro en el hombro y con su cofre del tesoro, pero la realidad fue más cruda, y en la mayoría de los casos eran auténticos señores, a veces aristócratas, al servicio de algún rey o cacique que se beneficiaban de su actividad para enriquecerse de forma fácil y rápida.

Una imagen de A. Pargo

Una imagen de A. Pargo

Su biografía

Amaro Rodríguez Felipe y Tejera Machado, más conocido como Amaro Pargo fue un corsario y comerciante español, nacido en San Cristóbal de la Laguna (Tenerife), el 3 de mayo de 1678. El apodo de Pargo fue adoptado por la semejanza con el pez de dicho nombre, poderoso nadador, con hocico puntiagudo y que en ocasiones le gusta camuflarse.

La isla canaria en la que nació el pirata

La isla canaria en la que nació el pirata

Tuvo una juventud influenciada por la presencia y el auge de la piratería en la isla, con acantilados propicios para el asalto y refugio de estos bandidos marítimos. La suya era una zona poblada de barcos con bucaneros a la espera del intercambio de productos, y por ella pasaban innumerables rutas de comercio entre Europa y América.

Partida de nacimiento de Amaro Pargo

Partida de nacimiento de Amaro Pargo

Sus actividades

Se embarcó a temprana edad y fue aprendiz de botamen, sirviendo en varias galeras reales hasta que se familiarizó con la profesión, aprendiendo los trabajos propios de un marinero a bordo de diferentes naves como dueño, capitán o maestre.

En 1701 sucede un hecho que marca su destino, embarca como alférez en el buque Ave María, apodado “La Chata”, que fue abordado por piratas, y ya demostrando su valentía, aconseja al capitán que simulen una rendición para iniciar una batalla de la que resultan victoriosos. En agradecimiento, el capitán regala a Amaro su primer barco, con el que comienza sus fructíferas actividades, entre otras, el comercio de esclavos africanos. Vendió y comerció con ellos, utilizándolos después para las plantaciones de América o algunos ingenios azucareros de las Islas Canarias.

ingenio azucarero

Las fuentes de la época se hacen eco de su bondad, pese a su oficio de pirata. Es decir, saqueaba dentro de un orden, sus principales armas eran el engaño, para acercarse a los navíos sin levantar sospechas, y el coraje para emprender el abordaje. Destacó también como un ferviente devoto y fue solidario con su gente, destinando parte de sus botines a los más necesitados. Preocupado por la situación económica de los pobres en el siglo XVIII, participó en una de las sesiones del Cabildo (Tenerife), solicitando un nuevo tipo de moneda que mejorara el problema que presentaba la sociedad de la época (introducción de los cuartos y los ochavos bajo la estimación de 4 y 2 maravedíes, para limosnas).

amaro

Tras entregar su vida al mar y medirse en batallas de altura, incluyendo al famoso pirata Barbanegra, obtuvo una inmensa fortuna compuesta por más de 900 fanegas de tierras, sesenta casas, quince heredades de viña, tributos monetarios y de trigo, además de valiosas joyas y gran cantidad de dinero. Cuenta la leyenda que escondía un gran tesoro en la isla, que aun no ha sido encontrado. A ello se debe el constante saqueo de su casa en Machado (El Rosario, en Tenerife) para abrir ese cofre, en el que supuestamente guardaba documentos, joyas, piedras preciosas, porcelanas, etc. Tesoro que parece ser que tenía catalogado en un libro forrado en pergamino, marcado con la letra D, del que tampoco hay rastro.

Ruinas de la casa natal de Amaro Pargo

Ruinas de la casa natal de Amaro Pargo

Perseguido por la justicia, siempre consiguió esquivarla. En una ocasión fue detenido por los oficiales de la Casa de Contratación de Cádiz, por impedir la revisión de su navío. No obstante, obtuvo el título de noble, consiguiendo la real certificación de Nobleza y Armas, en Madrid el 9 de enero de 1727.

El capitán Amaro Rodríguez Felipe falleció el 14 de octubre de 1747, en la Laguna, y fue enterrado en el sepulcro de sus padres, en el templo de Santo Domingo. La lápida de mármol tiene grabado el escudo de armas de la familia Rodríguez Felipe, y no faltan símbolos característicos que marcaron su vida, como el guerrero saliente con armadura, los puñales y los cañones, y como no, a los pies del sepulcro, una calavera guiñando el ojo derecho y las dos tibias cruzadas.

Lápida de Amaro Pargo

Lápida de Amaro Pargo

Protagonista de un videojuego

La historia del corsario Amaro Pargo está más viva que nunca, ya que el videojuego Assasin´s Creed IV Black Flag, versa sobre la edad de oro de los piratas, y en él destaca como figura de referencia. Aunque los productores utilizan su vida y su obra para caracterizar al protagonista, le dan un nombre distinto.

Esta compañía francesa de videojuegos ha patrocinado la exhumación de los restos de Amaro Pargo, llevada a cabo a finales del pasado 2013, y cuenta con la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid, para realizar un estudio y pruebas de ADN. Se pretende que, a través de los análisis de sus restos, se puedan relatar más aspectos de su apasionante historia (se pueden encontrar más datos a este respecto en el vídeo que aparece abajo).

Procedimiento de exhumación de los restos del pirata

Procedimiento de exhumación de los restos del pirata

Mini documental muy interesante (5′)

Más información

Amaro Pargo, corsario de las Canarias.
Assasin´s Creed IV Black Flag Web Ubisoft

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Dibujo de Benito Soto

Autores: Patricia Piña Giménez y Santiago Pastor García

Esta es la historia de un pirata español, sagaz, aventurero y sanguinario, un relato envuelto en un halo de leyenda, comparable al mismísimo Davy Jones (demonio legendario que se adueña de los marineros caídos al mar, protagonista de leyendas contadas por marineros y piratas, y de famosas novelas como “La Isla del Tesoro”, “Moby Dick”, o “El Rey Peste”, de Edgar Allan Poe).

Benito Soto Aboal, nacido en Pontevedra en el año 1805, comenzó siendo un marinero de la costa gallega, a la temprana edad de 17 años se enroló en el bergantín brasileño El Defensor de Pedro, que se dedicaba al tráfico de esclavos. Estando en 1823 en costas africanas, Benito Soto lleva a cabo un motín contra su capitán Pedro Mariz de Sousa Sarmento, con el grito: ¡abajo los portugueses!. Ya con el control de la nave Benito ordena encerrar y posteriormente asesinar a su mayor cómplice en la revuelta, eliminando por tanto la competencia de cara al control de la capitanía, demostrando así su carácter frío y calculador.

A partir de este momento da comienzo la historia de quien será conocido como el “último pirata del Atlántico”. Como capitán de El Defensor de Pedro, Benito Soto se dedicó a surcar los mares destrozando y saqueando todo lo que encontraba en su camino, especialmente barcos ingleses, convirtiéndose en un pirata temido en el Atlántico.

Su primera víctima fue la fragata mercantil británica Morning Star, que fue saqueada y casi la totalidad de su tripulación asesinada. Tras ello se dirigiría al norte, hacia las Azores. En dicho trayecto, entre otras, se encontró con el Topacio, de bandera norteamericana, que llegaba cargado desde Calcuta, y que fue saqueado y quemado tras ejecutar a la tripulación.
Entretanto el Defensor de Pedro fue pintado de negro y rebautizado por el Capitán Soto como La Burla Negra.

Su siguiente víctima aparecería cerca de las Islas Canarias: la fragata Sunbury, que fue saqueada y hundida, habiendo sido ejecutados previamente sus tripulantes.

Tras ello La Burla Negra se redirigió hacia las Azores, abordando en su camino dos barcos portugueses, uno proveniente de Rio de Janeiro del cual se desconoce el nombre, y el Cessnock, ambos abordados de modo especialmente sangriento y cruel. Después sería asaltado de nuevo un buque británico, el New Prospect, cuya tripulación sufrió la crueldad extrema de Benito Soto y de su segundo hombre a bordo, Víctor Barbazán, marinero francés rebautizado por el capitán por un nombre más gallego.

Habiéndose hecho con un tesoro considerable gracias a sus exitosos abordajes, la tripulación de La Burla Negra decidió dirigirse a A Coruña, tomando el capitán Soto la decisión de deshacerse de tres de sus hombres por considerarlos poco leales. Ya en tierra, un tripulante se hizo pasar por el capitán del Defensor de Pedro y consiguió vender las mercancías robadas en la travesía.

Rumbo de la expedición de B. Soto

Finalmente La Burla Negra se dirigió hacia Cádiz con el objetivo de deshacerse del barco y disfrutar del botín acumulado en sus travesías, pero un golpe de mala suerte hizo que el vigía confundiera el faro de la Isla de León con el de Tarifa, encallando finalmente a poca distancia de Cádiz. Tras ser descubiertos, algunos de los tripulantes son capturados y ahorcados, logrando escapar Benito Soto, que llegó finalmente hasta Gibraltar, donde fue apresado por los ingleses y condenado a morir en la horca acusado de 75 asesinatos u órdenes de asesinato comprobados y 10 embarcaciones saqueadas y/o hundidas. Así, el 25 de Enero de 1830, moría ahorcado Benito Soto a sus 24 años de edad. Con él moría “el último pirata”, “el capitán de la Burla Negra”, el responsable de una serie de acciones de piratería que se ubicaban de forma tardía en el tiempo y que lo convirtieron en uno de los personajes más famosos de su época.

José de Espronceda, el autor de la canción del pirata

Cabe mencionar ciertas leyendas sobre este personaje, como la que cuenta que antes de su último viaje, escondió en La Casa del Pitillo, edificio histórico de Pontevedra, parte de su tesoro. También parece ser que la famosa “Canción del Pirata” de José de Espronceda, contemporáneo de Benito Soto, se la dedicó a éste.

La famosa canción del pirata, de Espronceda

Bibliografía

– CASTROVIEJO, José Mª. La burla negra. Madrid: Ed. Magisterio Español, 1973.
– MERINO, José Mª. Leyendas españolas de todos los tiempos. Madrid: Ed. Siruela, 2010.
– MUÑOZ LARA. Aurora. El último corsario del Atlántico (2010).
– PÉREZ REVERTE, Arturo. Un pirata de verdad (2006).

Webgrafía

• Blog Pensamientos y mas cosas. Benito Soto, el último pirata.
Tercioss Blog. Curiosidades y anédoctas de la Historia.

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Autoras: Ángela Mayor Lara y Esther Paterna Navarro

«En nuestro siglo XVIII el hogar era todavía considerado como el sitio ideal para la mujer, y resultaba demasiado escandaloso el hecho de que los viajeros del mar estuviesen expuestos a morir decapitados a manos de una mujer». (PHILIP GOSSE)

La historia de Mary Read y de Anne Bonny, tal y como la relató Daniel Defoe (el autor de la archiconocida novela Robison Crusoe), resulta tan turbulenta, rocambolesca y tragicómica que, la verdad, parece increíble; y, sin embargo, es cierta. Y además debemos decir que no hay una historia de piratería que prescinda de contar las peripecias a las que tuvieron que hacer frente Mary Read y su compañera Anne Bonny, aunque todas ellas se limitan a reproducir el texto original de Defoe, Historia General de los robos y asesinatos de los más famosos piratas, y muchas se han demostrado incapaces de ir más allá.

La piratería es una práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo, probablemente tan antigua como la navegación. Pero si una época debe resaltar sobre el resto por el auge de ésta, esa es la de la Modernidad. Desde mediados del S. XVII hasta la primera parte del S. XVIII, es cuando encontramos a nuestras protagonistas, dos mujeres, dos piratas, que fueron capaces de vivir en un ambiente “de hombres”, dentro del cual no sabemos ciertamente si fueron aceptadas o no.

Ninguna de las dos había tenido una vida fácil. Ambas eran hijas ilegítimas, cosa que marcaría mucho sus vidas.

Mary Read

Mary desde su infancia se vería obligada a vestir como un niño y a aparentar serlo, ya que su madre, al haber perdido a su primogénito, convencería a su suegra de que Mary era ese nieto para que así les concediese una pensión.

Pasó toda su adolescencia intentando omitir su figura femenina. La mala situación económica que atravesaba provoca que Mary, inmersa en el papel de un hombre, se enrole en la Marina inglesa con el nombre de Mark. Más tarde, marchará a Holanda y se alistaría en la Infantería, seguidamente pasará a formar parte de la Caballería. Las cosas iban bien hasta que se enamoró del apuesto camarada Flemming, con quien se casaría y montaría una taberna, ya retirados los dos de la Caballería.

Pero no podría ser todo tan sencillo para ella porque poco tiempo después su marido murió y ella regresaba al ejército holandés, en el que la actividad entonces era muy baja, por lo que Read decidiría partir hacia las Indias Occidentales, en busca de más acción.

Anne Bonny

Anne Bonny, a diferencia de Mary, fue una chica rebelde, violenta y aficionada al sexo, y no tendría que hacerse pasar por hombre hasta que no conociera a John Rackham. Ella había sido expulsada de su casa muy joven, debido a su mal comportamiento, y había contraído matrimonio con el marinero Bonny, de quien más tarde tomaría el nombre, y junto a él había llegado hasta Nueva Providencia , lugar donde fundarían un mesón. En él, al servicio de los piratas, conocería a Rackham, apodado como “El Hortera”. Así, se vistió de hombre y huyó con él. Embarcada en el bergantín comenzó entonces su vida como pirata.

J. Rackham

Encuentro en el Caribe

El devenir de ambas mujeres se cruza en Nueva Providencia, en el momento en el que Anne Bonny y Rackham, tras un periodo de inactividad, deciden volver a la piratería y reclutan a un grupo de hombres desesperados, entre los cuales se encontraba Mary Read, aún disfrazada de varón.

Bonny, que seguía llevando también ropas masculinas, se encaprichó del marinero Read. Al comprender Mary Read estas intenciones se sinceró con ella y le hizo saber que era mujer. Las féminas entonces se hicieron íntimas y este comportamiento generaría un ataque de celos en Rackham, a quien finalmente terminarían confesándole el secreto que guardaban. Si llevar una mujer a bordo resultaba peligroso, dos podía ser mortal, con lo cual, él también escondería la verdad.

El desarrollo de la travesía, que parece más propia de un crucero de placer que de una navegación pirata, acabó mal. Una nave británica capturó la nave de Rackham en noviembre de 1720. El 28 de ese mismo mes un tribunal del Almirantazgo, reunido en la localidad jamaicana de Santiago de la Vega, juzgó a la tripulación. Todos fueron condenados a ser ahorcados, incluido las dos mujeres. De hecho que Anne y Mary fueran mujeres resultó ser un agravante, y más en una sociedad que no podía asimilar que a aquellas dos mujeres les encantase ese modo de vida, como ellas afirmaban. Pues Mary, en muchas ocasiones, aseguró que si la piratería no existiera, el mar se llenaría de ladrones cobardes y los mercaderes no embarcarían ningún bien; es decir, que ante sus palabras, cualquier economista liberal suscribiría la clara idea de que el comercio mundial se paralizaría y la economía se iría al traste sin los bandidos náuticos.

El cumplimiento de la sentencia de estas dos mujeres se postergó, pues ambas estaban embarazadas, determinando que se las colgaría después del parto. Sin embargo, Mary contraería una enfermedad y moriría en prisión; Anne, por otro lado, sobrevivió a la epidemia, dio a luz en prisión y nunca subiría al patíbulo, porque su padre, antiguo abogado y rico plantador, tenía unos cuantos amigos influyentes en Jamaica y logró aplazar la ejecución una y otra vez.

Como hemos afirmado anteriormente Defoe no fantaseó, pero la verdad es que exageró muchísimo. Con las actas del juicio podemos comprobar que buena parte de lo narrado por el escritor, fue potenciado, sobre todo en lo que hace referencia al travestismo y a la crueldad; respecto a la cuestión de las vestimentas, no hay duda de que estas piratas vestían de varones, y sobre ello, encontramos diversos testimonios, uno de ellos, declara que Anne y Mary sólo se ponían pantalones a la hora de abordar un barco, mientras tanto cubrían sus cuerpos con faldas y corpiños.

Las actas ponen de manifiesto, pues, un hecho que todos los biógrafos de estas damas, comenzando por el mismo Defoe, han ocultado tozudamente. A saber, que la tripulación estaba al tanto del verdadero sexo de los marineros Read y Bonny.

Las circunstancias y situaciones que rodeaban a los primeros escritos e informaciones que se editan sobre estas mujeres, pudieron censurar consciente e interesadamente todos esos datos que desmontaban el artificio moral de la sociedad burguesa, la única que compraba los libros.

Anne Bonny y Mary Read no fueron las militantes feministas lesbianas que endulzan los sueños de la burguesía progresista, ni las lúbricas furias descocadas de las pesadillas de la burguesía conservadora. Fueron, lisa y llanamente, dos personas que vivieron en un tiempo diferente al nuestro.

Bibliografía

CORDINGLY, David. Mujeres en el mar. Barcelona: Edhasa, 2003.

DEFOE, Daniel. Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas. Madrid: Valdemar, 1999.

DRUETT, Joan. She Capitains. Heroins and Hellions of the Sea. New York: Simon & Schuster, 2000.

EASTMAN, Tamara J. y BOND, Constance. The Pirate Trial of Anne Bonny and Mary Read. Cambria: Fern Canyon Press, 2000.

MANZANERA, Laura. Mujeres Pirata. Clío: Revista de Historia. 2011, núm. 116, p. 72-79.

VALDÉS, Zoe. Lobas de Mar. Barcelona: Planeta, 2003.

VÁZQUEZ CHAMORRO, Germán. Mujeres Piratas. Madrid: Algaba (ed.), 2004.

VÁZQUEZ CHAMORRO, Germán. Anne Bonny y Mary Read. Mujeres Piratas. La aventura de la Historia. 2005, núm. 75, p. 46-50.

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Long John Silver, el pirata de “la lsla del Tesoro”, la obra de Stevenson

“El código de los piratas”, ¿Mito o realidad?

Por José A. Mármol Martínez y Manuel Muñoz Viñegla

Introducción

En la actualidad, debido a la influencia de la literatura y del cine, el llamado código-pirata es considerado como una serie de reglas de conducta comunes a todos los piratas. Es una especie de código de honor entre ladrones, supuestamente redactado por los piratas Bartholomew y Morgan, siendo el primero el autor de la parte “teórica” del código y Morgan de la parte “practica”, debido a los duros castigos que imponía en sus expediciones.

Sin embargo, no existe tal cosa. En realidad no había un código único sino que cada capitán, cada bando o barco, poseía su propias reglas, vistas éstas como una serie de normas para la convivencia y servicios, mientras que la implicación de Bartholomew y Morgan como autores del código universal mítico se debe a que fueron los primeros en redactar uno para su barco. A decir verdad, era algo más que unas simples normas de trabajo: se convirtió en la constitución del Estado que representaban el barco y su capitán.

El pirata

Antes de hablar del código, debemos saber que tipo de gente componía estas bandas piratas. ¿Quién era, y por qué motivo se convertía, en pirata?.

Eran gentes con bajos recursos así como delincuentes, vagabundos, desertores, etc. Los “novatos” que se enrolaban en un barco pirata aprendían el oficio de manera experimental, bajo la sombra de algún maestro pirata, que le enseñaba el manejo de la nave, de la artillería, las costumbres entre la tripulación, las rutas, los obstáculos climatológicos, castigos crueles, leyes exóticas y el código del barco. Finalmente se les asignaba también una parte del botín.

El célebre pirata Barbanegra

Muchos se hacían piratas por falta de recursos o también porque su barco había sido asaltado y tenían que elegir entre hundirse con él o unirse a la tripulación asaltante.

Los recién incorporados con el tiempo podían, o no, ascender en la jerarquía del barco o de la banda, dependiendo de que tuvieran ciertas capacidades tales como la astucia, el conocimiento y el espíritu, es decir, según era su nivel de adaptación al mundo que les rodeaba.

El pirata Willian Kid (1645-1701)

Para mantener su prestigio el capitán debía tener éxito en las expediciones. Si fracasaba era depuesto. Si ganaba muchos botines, pasados unos años se terminaba convirtiendo en una leyenda.

Para los piratas no había respeto alguno por ninguna bandera, y barco que veían, barco que asaltaban. El mejor momento para un pirata era volver a su guarida tras un golpe exitoso. Sin embargo, a pesar de sus códigos particulares, el comportamiento de los piratas era igual que el de las restantes gentes del mar.

El código

Hay tres momentos clave en la historia de una expedición filibustera. La primera era la búsqueda de una tripulación, de unos hombres dispuestos a dar la vida por la empresa. La segunda consistía en estipular el reparto del botín. Y la tercera, la redacción de la llamada “Chartie Partie” o código de conducta a bordo, el cual dio lugar al mito del código de los piratas. En esta etapa se buscan las naves, se embarca a la tripulación definitiva y se hace “oficial” la expedición. La “Chartie Partie” es promulgada por el capitán, y aprobada por todos en el inicio de la aventura, lo que supone una puesta por escrito del código antes estipulado verbalmente. En ese acta se definen los castigos, las acciones censurables y sus consecuencias.

Después de la búsqueda de la tripulación y de haber concluido un bosquejo de la “Chartie Partie” definitiva, se va gestando el código que reglamentará la vida en el barco y el comportamiento durante la aventura. En esta segunda reunión, la base de los marineros definen lo más importante: la parte del botín que se llevará cada uno. Existen unas líneas comunes en todos los barcos, como que no todos recibían el mismo botín. Así, la empresa filibustera era comunitaria y capitalista. El “capitalismo” se refleja en el reparto del botín, donde cada uno recibe en consonancia con lo que ha aportado. Una parte de lo apresado debía ir al monarca que había dado la patente de corso, normalmente un 10%, pago obligado por el capitán, que no gustaba nada entre los tripulantes.

Otra parte equivalente era para el capitán. En ocasiones, en virtud de su grado de capitán, se auto adjudicaba alguna parte más del botín. Entre los gastos comunales los más recurrentes eran el sueldo del carpintero y del cirujano, a los que se les pagaba más porque tenía que sufragar los pertrechos y medicamentos de su bolsillo.

El resto del botín se repartía de la siguiente forma: media parte para los aprendices; una parte para cada marinero; dos para el capitán (además de los otros beneficios que ya obtenía) y otras dos para el contramaestre. Si el capitán ponía el barco a la causa recibía otras cinco o seis partes adicionales. En algunos casos dedicaba un porcentaje del botín a la Iglesia para que rezara por sus almas, o a otras instituciones benéficas.

Del botín se estima que entre 100-150 pesos eran para el sueldo del carpintero y 200-250 para el cirujano. Había también una especie de indemnización para los mutilados que comprendía pagos según el miembro perdido: 600 pesos por un brazo derecho, 500 por la extremidad superior izquierdo; 500 por la pierna derecha, 400 por la pierna izquierda y 100 por un ojo. A veces aumentaban las indemnizaciones como incentivo (como hizo Morgan para aumentar el arrojo de su tripulación en el ataque a Panamá). En cuanto a las provisiones, que normalmente eran robadas, se llevaban a bordo y se repartían de manera igualitaria.

Una vez se redactaba el código, en el puente del barco cada tripulante lo juraba ante un vaso de ron y una Biblia (o crucifijo o hacha de abordaje, a falta de Biblia). Lo único imprescindible era el vaso de ron. Esta “Chartie Partie” era una especie de acta de la reunión donde se reflejaba su lugar y fecha, el nombre del barco, objetivos de la empresa y relación de fraternidad entre la tripulación, se establecía el reparto el botín y se proclamaba la obediencia a los jefes. Se juraba con una mano en el vaso de ron y otra en la Biblia, firmando el documento con su nombre o con una cruz. A éste se pueden unir otros juramentos como luchar hasta morir, no ocultar ninguna parte del botín, etc.

Quebrantamiento del código

Antes de partir, el capitán leía en voz alta para toda la tripulación la “Chartie Partie”. Quedaban todos advertidos ante el quebrantamiento del código.

Como ya hemos dicho, no todos los códigos eran iguales, pero normalmente se consideraban delitos graves la ocultación de parte del botín, el robo a los compañeros, hacer trampa en el juego, desertar en un momento importante, matar a un hermano o no tener las armas listas en el momento del abordaje. Otros menos graves podían ser fumar cuando estaba prohibido, pelear con un compañero o forzar a una mujer honesta.

Los delitos eran castigados por el contramaestre o por el capitán. Era frecuente que el capitán tomara la autoridad judicial en el barco, aunque otras veces podían ser juzgados por la denominada justicia de Tortuga (o Jamaica) a cargo de la Cofradía de los Hermanos de la Costa, que era una asociación de filibusteros que buscaba garantizar el libre ejercicio independiente de la piratería por sus asociados, que estaba dirigido por un Consejo de Ancianos cuya misión era conservar la pureza del espíritu libertario y decidir la admisión de nuevos hermanos. Esta Cofradía actuaba como una corporación pirata: poseía sus propios barcos y realizaba sus propias acciones delictivas.

Usualmente el homicida era arrojado al mar atado a su víctima, mientras que otras veces se le dejaba en un islote rocoso para que se ahogase cuando subiera la marea. Si el delito no era muy grave, se le dejaba en territorio español con una botella de agua, algo de pólvora y un arma pequeña con municiones, dejándolo a su suerte (“Maroon”). Otros castigos menores eran privación de la parte del botín, el paso por la quilla, obligación de subir al palo mayor con mal tiempo y los latigazos (que no era usual). Para las rencillas entre miembros de la tripulación, se hacían duelos a sable o a pistola, comúnmente hasta que uno de ellos resultaba herido.

En cuanto a los prisioneros que podrían coger en sus expediciones, el código no estipulaba ninguna conducta específica, aunque los capitanes recurrían a costumbres tradicionales basadas en la extorsión y la crueldad, tales como pedir rescates, tortura para que dijeran donde estaban sus tesoros (les cortaban la lengua si no confesaban) o castigos corporales como amputación de miembros.

Conclusiones

En conclusión, queda clara la mitificación de algunas partes de la historia que han producido la literatura y el cine en la concepción que tienen de la realidad histórica.

Sin embargo los códigos tampoco eran simples directrices que uno podría saltarse, sino que representaban una constitución si consideramos el barco como un Estado, al capitán como el jefe del mismo y los tripulantes como sus súbditos; concepción parecida a la expresada por Thomas Hobbes en su obra Leviatán, donde también los tripulantes tienen la legitimidad de derrocar al jefe si consideran que no actúa correctamente en su labor. Así pues, queda clara la relación de unos hombres cuya máxima es la búsqueda de la libertad absoluta con los regímenes absolutistas de aquellos tiempos.

En definitiva, el código era la búsqueda de un espacio en el que parecía primar la libertad absoluta, especialmente si lo comparamos con los parámetros de la sociedad que los había expulsado y condenado a una vida que, como el mar, tiene sus momentos de tensa calma, de mareas estruendosas y de infinita quietud y placer.

Texto basado en EXQUEMELIN, A. O. Piratas de América. Edición Manuel Nogueira Bermejillo. Madrid: Ed. Dastin, 2002.

Más información

– ABELLA, R. Los Halcones del Mar. Barcelona: Ed. Martínez Roca, 1999.

– LUCENA SALMORAL, M. Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Madrid: Ed. Síntesis, 2005.

– PÉREZ VALENZUELA, P. Historias de Piratas. San José: Ed. Educa, 1977.

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Los piratas más famosos de la Historia.

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