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Archive for the ‘– Viajeros y exploradores’ Category

¿Quién no ha oído hablar de Fernando de Magallanes y de Juan Sebastían Elcano? Sendos navegantes protagonizaron una de las expediciones más duras e impresionantes de la historia, aquella que consiguió por vez primera circunnavegar el planeta ¿Cómo se llevó a cabo esa primera vuelta al mundo? La misión de estos marinos al servicio de la Corona española contiene todos los elementos de un gran relato: descubrimientos, ambición, penalidades, honor, traición, liderazgo, hambre, navegaciones al borde de la muerte, riquezas, y rivalidad con la Corona de Portugal. La expedición está considerada como uno de los capítulos más importantes de la primera globalización, en la que la Monarquía Hispánica tuvo un papel primordial.

Al cumplirse quinientos años de esta expedición, se ha celebrado un congreso internacional sobre la primera globalización, que ha reunido a 16 investigadores expertos, para ofrecernos una reflexión académica sobre este acontecimiento histórico. Por la importancia que tiene este hecho, la Cátedra ha solicitado a la secretaria del congreso, la Dra. Marta García Garralón, que hiciera un breve resumen de las aportaciones.

Detalle sobre el viaje de Magallanes en un mapa de Ortelius. Fuente

La primera circunnavegación de la tierra de Magallanes y Elcano. Una expedición épica para la Historia

Desde finales del siglo XV las ansias castellanas de expansión atlántica se vieron impulsadas por la confluencia de una serie de elementos claves, que dieron lugar a una época abundante en descubrimientos, expansión y colonización territorial. Muchas barreras se rompieron y viejos límites heredados del pasado se vieron superados gracias al perfeccionamiento de los adelantos técnicos en la navegación, a una enconada rivalidad por el dominio de las rutas comerciales hacia la Especiería entre las dos potencias marítimas más importantes de la época, las Coronas española y portuguesa, y, finalmente, por la existencia de motivaciones geopolíticas, religiosas e incluso de actitudes mentales ante la vida. La primera globalización se abría paso en los inicios de la Historia Moderna.

La expedición del navegante portugués Fernando de Magallanes partió de la idea de alcanzar las islas Molucas o Especiería (archipiélago de la actual Indonesia) a través de la ruta de Occidente.

El contrato de las capitulaciones, firmado en 1518 entre el rey y el navegante portugués, recogía las condiciones y los detalles de la expedición. Estaba formada por cinco naves que zarparon al año siguiente desde el puerto de Sevilla. Después de varios meses de travesía, las costas patagónicas acogieron la primera invernada de la flota, que se vio obligada a fondear a la espera de una climatología más favorable. La armada al mando del navegante portugués logró cruzar por vez primera el paso que en la actualidad lleva su nombre, el estrecho de Magallanes. El acceso al Océano Pacífico se produjo en 1520, al que siguió una larga y penosa navegación de varios meses con recalada en las islas Marianas y una estancia en las islas Filipinas. Magallanes perdió la vida en la isla filipina de Mactán, en una batalla entre mandatarios locales en la que el portugués decidió intervenir para asegurarse la alianza de uno de los jefes indígenas. Su exceso de confianza y el error de cálculo de una supuesta superioridad técnica en combate de los españoles costó la vida del portugués.

Dibujo alusivo a la muerte de Magallanes. Fuente

Descabezada la expedición de su principal promotor, Juan Sebastián Elcano terminó asumiendo el mando de una de las naves, y logró  alcanzar la isla de Tidore, en Molucas, en noviembre de 1521. El viaje de vuelta sufrió numerosos avatares y penalidades, que impidieron el retorno de casi toda su tripulación, muerta o dispersada por los distintos puertos de la travesía. La nave Victoria fue la única que logró culminar la vuelta, doblando el cabo africano de Buena Esperanza y entrando en el puerto de Sevilla, con solo 18 tripulantes supervivientes en septiembre de 1522.

Un congreso internacional sobre la primera globalización

Tales circunstancias han sido analizadas en el Congreso Internacional de Historia “Primus Circumdedisti me. Claves de la primera globalización”, celebrado en Valladolid los días 20, 21 y 22 de marzo de 2018, conmemorativo del V Centenario de la primera vuelta al mundo.

El lema del congreso, Primus Circumdedisti me (Fuiste el primero que la vuelta me diste), está recogido en las armas concedidas por el emperador a Juan Sebastián Elcano, y en ellas se han inmortalizado los símbolos de la hazaña: palos de canela, nuez moscada y la esfera terráquea rodeada con la citada leyenda.

Escudo de armas de J.S. Elcano Fuente

La reflexión histórica ha partido de la primera vuelta al mundo, realizada hace quinientos años y de las circunstancias en las que se llevó a cabo. También se ha perseguido profundizar en la figura de uno de los protagonistas fundamentales de la expedición, el marino vasco Juan Sebastián Elcano. Los Ministerios de Defensa (especialmente, la Armada), Educación, Cultura y Deporte, así como la Junta de Castilla y León, han realizado un notable esfuerzo de coordinación y trabajo colaborativo, con resultados muy satisfactorios. La dirección científica del congreso correspondió al catedrático de Historia Moderna y Académico de Número de la Real Academia de la Historia, Dr. Carlos Martínez Shaw

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El organizador del Congreso, Dr. Carlos Martínez Shaw

El punto de partida fue la conferencia del profesor Serge Gruzinski, sobre el proceso de mundialización ibérica generado en el siglo XVI. El logro de la conexión entre mundos que hasta el momento se habían ignorado o tratado de forma lejana y la riqueza de las interacciones generadas entre tan lejanos territorios definió una primera geopolítica mundial en la Edad Moderna.

El profesor Sagredo Baeza nos ilustró sobre las primeras incursiones de europeos y los reconocimientos del litoral pacífico de América del Sur, efectuados en el siglo XVI. A continuación, el desarrollo del proceso de descubrimiento del Mar del Sur y el protagonismo de capitanes, exploradores e indígenas, corrió a cargo de Bethany Aram.

La estancia de la flota en Filipinas fue determinante para el futuro de la expedición. Una imagen sobre las Filipinas en los años de la llegada de Magallanes nos la proporcionó el profesor Navarro Medina, con su charla sobre los indígenas de las Visayas. Por otro lado, las complejas negociaciones efectuadas a cargo de mercaderes portugueses y burgaleses, así como la gran personalidad de Fernando de Magallanes, fueron abordados con especial maestría por el doctor Juan Gil, en su charla titulada “Magallanes, entre Sevilla y Valladolid”.

Las conferencias más esperadas fueron las relativas a los dos protagonistas más célebres de la expedición, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Ambas temáticas fueron desarrolladas por los investigadores José Manuel García y Salvador Bernabéu Albert.

La profesora Rahn Phillips nos ofreció un estupendo relato sobre la expedición, incidiendo en sus aspectos organizativos, en la importancia de la estructura de mando y en las relaciones entre oficiales y subordinados. La parte correspondiente a las características técnicas de las naves que formaron la flota de la especiería corrió a cargo del profesor Fernández González.

Para hablarnos sobre la dureza de la vida a bordo y las condiciones en las que navegaban las tripulaciones de la época, el profesor Pérez-Mallaína Bueno partió de reflexiones sobre la limitación de los espacios flotantes y las difíciles condiciones de habitabilidad en las naves de hace quinientos años. Consuelo Varela disertó sobre los cronistas de la expedición, y cómo el relato de la hazaña pasó al conocimiento de toda Europa de la pluma de determinados autores.

Las representaciones cartográficas sobre la expedición y el mundo de las imágenes fueron las temáticas elegidas por otros dos investigadores. Carmen Manso analizó los aspectos cartográficos y las cartas de marear confeccionadas por los cosmógrafos de la época. El profesor Richard Kagan nos habló de las repercusiones de la representación visual de los nuevos mundos y sus efectos en la mentalidad de los europeos.

Para terminar, Blas Sierra hizo una exposición sobre la imagen del Santo Niño de Cebú y la importancia de la evangelización en Filipinas. La última ponencia corrió a cargo de Miguel Luque Talaván, que estudió los aspectos legales derivados de la firma de los tratados internacionales firmados entre las Coronas española y portuguesa.

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La nao Victoria, la única que volvió de la expedición. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Cada una de estas aportaciones nos ayudó a comprender con un mayor detalle aspectos fundamentales relacionados con la expedición de la especiería liderada por Magallanes, y todas ellas en su conjunto nos revelaron la magnitud de uno de los viajes de exploración marítima más importantes de la historia universal.

Finalizado el congreso, los Reyes de España asistieron al acto institucional solemne de conmemoración de las capitulaciones de Valladolid, en el marco del V centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo. Un acontecimiento histórico digno de ser recordado.

Desde aquí queremos felicitar a todo el equipo de personas que han participado en el evento, destacando el importante papel que la Armada Española ha tenido en la organización y coordinación del mismo, especialmente el Vicealmirante don Ignacio Horcada y el Capitán de Navío don Federico de la Puente. Todos ellos han hecho posible este acontecimiento, tan relevante para la Historia Naval y Marítima mundial. Muchas gracias a tod@s.

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Trajano, uno de los emperadores romanos originarios de Hispania, quiso emular al inmortal Alejandro, y en su campaña bélica llegó hasta el Golfo Pérsico, pero distorsionó mucho las débiles relaciones entre el Occidente europeo y la parte entonces conocida del oriente asiático, por lo que la Ruta de la Seda, la que desde tiempos inmemoriales recorría desde China las estepas asiáticas hasta llegar a la Europa Occidental, se resintió mucho.

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Las rutas de la seda. Fuente

Sin embargo, había una parte del oriente asiático que parecía inmune a los enfrentamientos, y que a partir de ese momento ganó fuerza. Era la ruta oceánica que siglos antes se había abierto para comerciar entre el Egipto faraónico y los señores malabares (de la costa occidental india). Así, los romanos se convirtieron en los herederos directos de esta ruta marítima.

Agassaim, un puerto cerca de Goa, en la parte occidental de La India

Los extranjeros

Para los romanos, el territorio, los habitantes, las costumbres, y los monumentos de lo que hoy es la India (y resto de la península del Indostán) debían ser tan evocadores como durante mucho tiempo lo fue “el lejano oriente asiático” o las islas del Pacífico Sur para cualquier europeo. Un sinfín de fantasías y sueños se confundían en el imaginario, dando lugar a mitos como hombres con cabeza de caballo, monstruos terrestres y marinos, sin contar con otros temas más terrenales.

En la costa india pasaba algo parecido, y la literatura tamil ha dejado evidencias de ello, de las impresionantes naves egipcias y romanas, de sus marinos (conocidos como yavana) y del oro que llegaba (se estimaba que en época romana era de unos cincuenta millones de sestercios al año).

Un viaje anual a la costa Malabar (India)

Quienes iban por mar a la India no sólo tuvieron que enfrentarse al viento, las corrientes y tormentas. La piratería es también muy antigua, y la zona del Océano Índico estaba plagada de piratas que veían el asalto a estas expediciones como una forma de vida.

Pero ¿quiénes se atrevían a cruzar el Índico?, pues inicialmente los comerciantes, que una vez al año hacían el viaje de ida en primavera y de vuelta en otoño. Los vientos monzones facilitaban, si se conocían bien, la navegación, tanto la salida como el tornaviaje. En el tiempo que había desde la llegada hasta la salida, se instalaban en el sur del Decán (India) y vivían allí cómodamente.

Fuente: Elvira, M.A. 1992.

La viajera hispana Egeria ya hablaba de esta ruta en el S. IV, y se refiere a un puerto que había en el norte del Mar Rojo:

“Clesma está en la misma orilla sobre el mar. Allí hay un puerto cerrado que despacha y recibe las naves de la India. Hay allí muchos y muy grandes navíos, por lo que es un puerto de gran nombradía entre los comerciantes que llegan allí desde la India. El jefe de los negocios se llama logotetema. Es el que todos los años por encargo del emperador romano tiene allí su residencia y sus naves” (Viaje de Egeria del S. IV, p. 153-54. Traducido y adaptado por B. Ávila. 1935).

La ruta

Tras llegar desde el Mediterráneo hasta Egipto, el periplo tenía una parte inicial fluvial a través del Nilo hasta llegar en unos 28 días a Berenice (un puerto muy importante en el Mar Rojo). Otras veces salían de Clesma.

Berenice, un lugar importante en este periplo

A partir de ese momento el trayecto se hacía marítimo, pero de cabotaje, y en un mes aproximadamente se llegaba a una zona de la costa arábiga (Cane o Ocilis).

Una vista de Ormuz dibujada tiempo después

Allí el monzón ofrece una fuerza tal que permite adentrarse ya en mar abierto, y en unos 40 días alcanzar Muziris (suroeste de la India).

El puerto de Muziris (India) en la Tabula Peutingeriana.

Los intercambios comerciales

Los barcos romanos conseguían especias, marfil, piedras preciosas, muselina y conchas de tortuga en el mercado indio, a cambio de oro, plata, vino y vidrio del imperio.

Otro puerto de la ruta, ya en la costa india

Las fuentes

Existen fragmentos de Megástenes, Eratóstenes, Dámaco, Estrabón o Posidonio, que tratan estos viajes, pero las fuentes más completas están en la obra de Plinio (narra los trayectos con cierto detalle) y en el Periplo del Mar Eritreo, que describe las costas, puertos y productos.

Síntesis

No deja de ser sorprendente que mientras los reinos estaban en guerra, el comercio, en especial el marítimo, seguía su curso, proporcionando todo tipo de productos exóticos a los pueblos implicados en el intercambio. Esta será una constante que, aunque tiene sus orígenes en el mundo antiguo, permanecerá hasta la actualidad en cualquier lugar del mundo.

Esposorios en la India

Seda, metales preciosos y especias, los productos estrella de esta Ruta de las Especias antigua, serán quienes durante siglos definan el estatus de los hombres ricos y poderosos de la zona occidental entonces conocida de la Tierra.

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Confección de la seda. Museo de la Seda.

Más información

ELVIRA, M.A. Los romanos en el lejano oriente. Historia 16, 1992, XVI, 196, p. 82-88.

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Sobre el año 330 a. C., Piteas (Pytheas, en su idioma natal) un comerciante griego nacido en Massalia (la actual Marsella), se embarcó en un asombroso viaje. Con su pequeña nave llegó mucho más allá de los límites conocidos del Mar Mediterráneo y recaló en tierras que parecían existir sólo en las leyendas. Cuando regresó, tanto su viaje, como el texto que sobre él escribió, así como las cosas increíbles que había presenciado, fueron debatidas durante siglos.

El derrotero de Piteas. Fuente

 

 El viaje

Apoyándose en diversos fragmentos dispersos, los estudiosos modernos han intentado reconstruir aspectos del viaje, aunque muchos detalles siguen siendo especulativos. Por ejemplo, el tipo de barco que Piteas pudo haber usado nunca se ha llegado a determinar con algún grado de certeza.

Estatua de Piteas en su Marsella natal

Tampoco conocemos su derrota precisa, aunque parece que comenzó su viaje desde Marsella, y llegó a Cádiz navegando hacia el oeste a través del Estrecho de Gibraltar (entonces conocido como las columnas de Hércules).

Ya en el Atlántico, navegó hacia el norte a lo largo de las costas occidentales de la Península Ibérica y parte de Francia, y es muy posible que tocara tierra en Bretaña. A partir de ahí, cruzó el Canal de la Mancha a un lugar al que llamó ‘Belerion’, que parece que es el actual Cornwall o Cornualles (en el suroeste de Inglaterra), donde presenció la extracción del estaño, uno de los metales mas deseados en la Antigüedad, y que dio origen a la famosa “ruta del estaño”.

Diodoro, otro autor de la Antigüedad clásica, usando la narración de Piteas, describe Inglaterra como “densamente poblada”, su clima “extremadamente frío” y sobre sus habitantes dice que eran un pueblo tribal gobernado por “muchos reyes y aristócratas ” que vivían en casas de “juncos o madera”, y llamó a la isla ‘Pretannia’. Otros autores como Estrabón escribieron Britannia, origen del actual nombre de Gran Bretaña.

Es muy probable que Piteas siguiera hacia el norte, a lo largo de la costa de Gales, de que llegara a la Isla de Man y navegara por la costa oeste de Escocia hasta las Hébridas, pero no está confirmado.

Durante el viaje también tomó una serie de lecturas latitudinales con su gnomon (un dispositivo diseñado para tomar medidas de la sombra del sol desde diferentes latitudes y así calcular la posición).

Piteas navegó durante seis días antes de encontrarse con una isla que llamó Tule, identificada tanto como Islandia, Groelandia o Noruega. De hecho, Tule (Thule o Tile) sigue hoy sin ser localizada de manera veraz, formando parte de las denominadas “islas fantasma”.

Tule en el atlas de Prunes, que aquí aparece denominada Tile.

Fue aquí, o en algún lugar de estos climas nórdicos, donde presenció un fenómeno totalmente extraño para los habitantes del Mediterráneo: la luz del día casi continua durante los meses de verano.

“no hay noches durante el solsticio cuando el sol está pasando por el signo de Cáncer y tampoco días durante el solsticio de invierno. Algunos creen que esto es cierto por seis meses continuos” (Plinio).

Hacia el norte, partiendo desde Tule, a un día de navegación pudo llegar al Océano Glacial Ártico congelado. En este punto es muy posible que las circunstancias geográficas y climáticas le impidieran seguir hacia el norte.

Al regresar de la isla de Tule, probablemente cruzó la costa este de Gran Bretaña, pero en lugar de ir hacia el oeste y dirigirse a su tierra, hay evidencia de que giró hacia el este, navegando a lo largo de la costa norte de Europa, incluso que avanzó hacia el Mar Báltico.

Sobre el Oceáno

Su narración del viaje, Sobre el Oceáno (Peri tou Okeanou en griego), documenta la navegación por mar hasta la actual Gran Bretaña, el Mar del Norte y la costa del noreste del continente europeo. Es quizás la descripción más temprana de las islas británicas y de sus habitantes. Desafortunadamente, el tratado no ha sobrevivido, y aunque es conocido desde la Antigüedad, solo nos han llegado fragmentos extraídos o parafraseados de otros autores clásicos (entre ellos cuatro grandes: Erastóstenes, Estrabon, Plinio el Viejo y Polibio).

Además de que es un relato de primera mano del viaje de Piteas, contiene una multitud de observaciones astronómicas, geográficas, biológicas, oceanográficas y etnológicas.

Partidarios y detractores

Estrabón, por ejemplo, afirmó en su famosa obra Geografía que Piteas era “el peor mentiroso posible” y que la mayoría de sus escritos eran meras “invenciones”, por lo que lo desacreditó y puso en duda la validez de su viaje. También Polibio lo cuestionó.

Recreación de lo que pudo ser la imponente Biblioteca de Alejandría. Fuente

Otros escritores clásicos, como el historiador Timeo, lo citó en repetidas ocasiones en su extenso tratado sobre la historia de la isla de Sicilia y del Mediterráneo occidental. El famoso responsable de la Biblioteca de Alejandría, el gran Eratóstenes de Cirene, también hizo referencia a Piteas en uno de sus tratados. Es muy posible que una copia de la obra llegara a las grandes bibliotecas de la Antigüedad, como la de Alejandría y la de Pérgamo, y que allí el propio Eratóstenes la consultara.

El legado de Piteas

Los fragmentos que sobreviven apuntan a una narración sobria y objetiva que contiene información valiosa para los científicos. Estos incluyen, por ejemplo, la influencia de la luna en las mareas, su descripción del sol de medianoche, sus medidas precisas de latitudes y sus representaciones etnográficas de los pueblos nativos. Por todo ello, fue además de un hábil navegante, un buen astrónomo y científico.

Otra estatua levantada en honor de Piteas

Hoy pocos historiadores y eruditos dudan de la veracidad de su viaje. Aunque el debate continúa girando en torno a los lugares que realmente visitó y otros detalles. Si fue concebido originalmente como una empresa económica, pronto se convirtió en una auténtica exploración en el verdadero sentido de la palabra, un intento de comprender y obtener conocimiento sobre el mundo a través de la observación directa, adelantándose muchos siglos a las exploraciones ilustradas.

Al hacerlo, Piteas jugó un papel importante en la desmitificación de estas extrañas tierras del norte que poblaban la imaginación del mundo griego, mitos que luego recogería intactos el mundo medieval, los adaptaría y plasmaría en sus textos y mapas.

Más información

GARLINGHOUSE T.S. On the Ocean: The Famous Voyage of Pytheas. Ancient History Enciclopedia. 2017.

LELEWER, J. Pythéas de Marseille et la géographie de son temps. París, 1836.

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La cartografía es una disciplina que, además de proporcionar disfrute estético, sirve como evidencia, como foto fija de cómo se entendía el mundo, o la zona cartografiada, en un momento de la Historia. Este es el caso del mapa que aquí nos ocupa, y en el que podemos observar cómo se veían las últimas islas recién descubiertas o detectar ciertos errores geográficos propios de la época.

Bajo la denominación de “Mapa nuevo y preciso del mundo”, Nicolaas Visscher (1618-1679) publicó en 1658 esta ilustración (muy influenciada por la obra del gran Blaeu, y en especial por su mapa mundi publicado diez años antes). Visscher pertenecía a la tercera generación de una prominente familia de cartógrafos, en plena edad de oro de la cartografía holandesa, conocidos por la exactitud de sus mapas y la innovadora ornamentación de sus obras.

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El mapa mundi de Visscher (1658)

Este mapa representa el mundo como era conocido a mediados del siglo XVII. El orbe terrestre aparece en forma de dos grandes hemisferios, oriental y occidental, con las proyecciones polares norte y sur más pequeñas.

El polo norte en el mapa de Visscher

Han llegado varias copias, unas mas iluminadas que otras (puede verse al final otra copia con dibujos coloreados a mano), pero todas representan de manera fidedigna los conocimientos geográficos occidentales que había en ese momento. Prueba de ello son, por una parte que han incluido los últimos descubrimientos en el continente austral, y por ello se convierte en uno de los primeros mapas del mundo que muestra los resultados de los viajes de exploración de Abel Tasman en 1642-43 y 1644: el descubrimiento, entre otras, de la isla que luego se llamaría Tasmania.

Debajo de la actual Australia (Nueva Holanda antes) se puede distinguir la silueta sin terminar de Tasmania, la tierra que descubrió A. Tasman

Otra característica de la cartografía de esa época es la creencia de que California era una isla alargada, muy cercana al continente americano, en lugar de una península, como se descubrió posteriormente. En la siguiente ilustración puede verse claramente el error.

isla de California

Se puede observar que la actual península de California aparece como una isla en este mapa holandés del siglo XVII

Esta imagen también denota diversas inexactitudes y muestra que no se habían descubierto todavía las tierras polares, como por ejemplo una parte importante de Alaska. El oriente asiático tampoco está muy exacto, posiblemente porque era la parte menos explorada.

Asia oriental en el mapa de Visscher.

Como parte de los cartógrafos del momento, se ocupó en adornar el mapa con preciosos grabados de escenas clásicas, obra del holandés Nicolaes Berchem, tales como el rapto de Persefone, Zeus siendo llevado a través de los cielos en un carro tirado por águilas, Poseidón al mando de su séquito y Démeter recibiendo los frutos de la Tierra.

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Poseidón, el dios del mar, y su séquito

La ornamentación y los símbolos pictóricos de relieve, la separación de los hemisferios oriental y occidental en círculos y el uso de dos esferas separadas para representar las regiones polares son notables en este «mapa nuevo y totalmente preciso del mundo», al igual que su disposición a incorporar la información geográfica más reciente disponible y de utilizar una alta calidad en el grabado.

Copia del mapa coloreada a mano, que pertenece a la colección del Banco Nacional de Australia

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Los viajes de Marco Polo son muy conocidos, pero no siempre se sabe que parte del viaje de regreso de la corte del temible Kublai Khan lo hizo en barco. En el Libro de las maravillas de Marco Polo se recoge parte de él, y aunque siempre debemos tener en cuenta que se puede intercalar la realidad con la ficción por la cantidad de siglos que han transcurrido, parece que hay una historia de tormentas, piratas, naufragios y otra de amor, en la que Marco Polo es el protagonista.

Marco Polo partiendo de Venecia en 1271, en una representación procedente de un manuscrito iluminado de finales del siglo XV. Colección de la Bodleian Library (Oxford).

Sin embargo, la última, la relación que mantuvo con una princesa a la que tuvo que escoltar por mar, no la relata en sus libros …

Ruta del viaje de Marco Polo según fuentes chinas.

Marco Polo en la corte del Khan

Tras permanecer 17 años en la corte mongola, los Polo (Marco, su padre y su tío) decidieron que ya era momento de volver a su tierra, Venecia, pero como el Kahn no estaba muy de acuerdo con esa decisión, Marco Polo se ofreció a escoltar a una princesa mongola a la tierra de su futuro marido, un príncipe persa sobrino del Khan. Y una vez que la dejaran, podían regresar a su tierra natal.

Esta parecía la forma más sencilla de que el Khan les dejara marchar. Pero el viaje hasta Persia duró dos largos años y murieron casi todos los que habían partido de tierras mongolas. Se salvaron los Polo, la princesa y algún miembro mas de la tripulación.

La salida de China

Partieron de Zaiton (Quangzhou) en 1281, con una flota de 14 buques de alta mar con 4 mástiles y 600 personas cada uno, según estimó Marco Polo, y se embarcaron alimentos y pertrechos para dos años.

Según las crónicas, las naves tenían unos 100 pies de largo, remos que requerían cuatro hombres para bogar, así como una docena de velas, probablemente hechas de listones de bambú (Fuente: Mike Edwards, National Geographic, 2001).

Este fue un viaje desastroso y muy duro, ya que de los que embarcaron sólo sobrevivieron ocho. El texto contiene una descripción de las costas del Índico, con información de Ceilán y las costas de Malabar, con fantasías de todo tipo y un interesante apartado sobre el litoral de Arabia y África. En esta última bordearon la costa entre Somalia y Madagascar, haciendo un recorrido similar al que cien años después llevó a cabo la gran armada del navegante chino Zheng He. Pero sobre su regreso Polo proporciona mucha menos información de la que dedica a China.

Marco no dio datos de lo que salió mal en el viaje, pero hay algunas teorías, como que pudieron morir de escorbuto o cólera; otros sugieren que las pérdidas fueron causadas por los nativos hostiles y ataques piratas. En este espantoso viaje marítimo pasó por el Mar de China Meridional hasta Sumatra y el Océano Índico, y finalmente atracó en Ormuz. Allí se enteraron de que Arghun, el prometido de la princesa había muerto dos años antes, de modo que ésta se casó con su hijo, el príncipe Ghazan. En Persia también se enteraron de la muerte de Kublai Khan. Sin embargo, su protección le sobrevivió, ya que con tan sólo mostrar la tablilla de oro que les regaló a modo de salvoconducto, se les abrieron casi todas las puertas.

La princesa y el navegante veneciano

Durante el viaje, que duró dos largos años, Marco Polo entabló gran amistad con la princesa mongola Kokejin (hay variaciones de su nombre, como Kokojin), cuyo nombre significa “Cielo Azul”. Parece ser que añoró mucho la travesía en compañía del navegante veneciano, y murió entristecida a los 22 años.

Más información

Marco Polo’s return journey to VeniceFacts and details.

Marco Polo, viajero en la China del siglo XIII. Instituto Confucio.

Nota: la fuente de las imágenes, a excepción de las dos primeras, es el Libro de las maravillas de Marco Polo (Marco Polo, Le Livre des merveilles) publicado en París durante el siglo XV.

 

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Muchas veces hemos oído hablar de estos míticos caballeros templarios. Feroces guerreros, protagonistas de innumerables batallas, juramentados católicos, defensores de la fe y de los peregrinos de Tierra Santa. Sin embargo muy pocos saben que esta orden, extinguida en Europa a principios del siglo XIV, continuó en Portugal con el nombre de Orden de Cristo (1319).

La cruz de la Orden de Cristo

La cruz de la Orden de Cristo

A lo largo del tiempo, en el país vecino se fue extendiendo y formaron parte de ella insignes personalidades portuguesas como príncipes, infantes y nobles. Algunos fueron protagonistas de la época de los descubrimientos con la que se inicia el Renacimiento. Europa se da cuenta de que al oeste hay un gran continente y que en el lejano oriente, pasada la India, hay miles de islas, de indudable belleza y de riquezas inimaginables.

Atlas de Joan Martines Fuente: BDH

Atlas de Joan Martines. Fuente: BDH

Las grandes potencias del momento se lanzan a la aventura de conquistar y colonizar esos nuevos territorios, y la Orden del Temple, la que había sido una de las grandes protagonistas de la Edad Media, renace y pasa a formar parte de las hazañas marítimas portuguesas de los siglos XV y XVI.

Los antiguos guerreros medievales se transforman en marinos y aventureros que a bordo de míticos barcos llegan a nuevos e impresionantes lugares.

El infante Enrique. Fuente

El infante Enrique. Fuente

Uno de ellos, el infante Enrique, cuyo sobrenombre “El Navegante” es suficientemente significativo, se convierte, por sus hazañas bélicas y sobre todo por el patrocinio de expediciones marítimas, en uno de los héroes de la época. Llegó a gran maestre de la Orden de Cristo. Tenía sangre de reyes, herencia de caballero templario y visión de comerciante.

Castillo templario Tomar

Castillo templario en Tomar (Portugal)

El infante Enrique vivió entre 1394 y 1460, era hijo de Juan I, que había fundado la casa de Avis como rey de Portugal. Posteriormente su hermano (Eduardo I) y su sobrino (Alfonso V) también alcanzaron el trono lusitano.

Se estableció en Sagres, al sur de Portugal, y allí parece que fundó la mítica escuela de navegación, de la que algunos dudan que realmente existiera. Bajo su patrocinio se descubrieron o colonizaron las islas de Madeira, Azores y Cabo Verde.

Otra vista del castillo del Almourol

Vista del castillo del Almourol (Portugal)

En esos momentos un nuevo tipo de barco de vela ligero entra en escena y protagonizará muchos de los descubrimientos peninsulares: la carabela. Perfeccionada y preparada para los viajes oceánicos, demostró ser la nave ideal en esa época.

Una galera y una carabela portuguesas, dibujadas en un portulano

Una galera y una carabela lusitanas, dibujadas en un portulano

Promocionó una cátedra de Astronomía en la Universidad de Coimbra, que posteriormente ayudaría a muchos navegantes a desarrollar el imperio colonial portugués.

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Sus logros y hazañas fueron múltiples y están recogidas en varias publicaciones. Pero lo significativo es que el hijo de un rey se dedicara a estos menesteres, su pasión por la cultura, el mar y la aventura.

Y lo relevante es que a través del maestre de una orden de caballería medieval llegó un fuerte impulso para la era de los descubrimientos, la que inauguraría la edad moderna.

Más información

Compendio de las historias de los descubrimientos, conquistas, y guerras de la India Oriental, y sus Islas, desde los tiempos del Infante Don Enrique de Portugal. Madrid, 1681. Ejemplar digitalizado por cortesía de la Biblioteca Nacional de España.

Crónica del infante D. Enrique.

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Las leyendas sobre el Preste Juan, un supuesto rey que tenía sus dominios en el oriente, se difundieron rápidamente durante toda la Edad Media en el occidente cristiano. Le dedicamos una entrada porque curiosamente el reino del Preste Juan aparece en portulanos y cartas náuticas, que son un tipo de documentos sobre los que la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval tiene abierta una de sus líneas de investigación. También porque este mito es una impresionante mezcla de tradiciones antiguas y medievales, cuyo resultado final, a pesar de ser una fantasía, es de un enorme interés.

Una imagen en un libro portugués

Una imagen de este rey de leyenda en un libro portugués del S. XVI

Vamos a ver la descripción de este reino, cuya existencia no se ha podido demostrar jamás, a pesar de que corrieron por Europa supuestas epístolas escritas por el preste y dirigidas a monarcas y papas, y de que muchos aventureros dijeron haberlo visto y visitado.

El reino del Preste Juan: su localización

La leyenda sitúa al Preste en varios lugares del oriente antiguo, aunque los mas conocidos son en Asía y en África. Incluso hay quienes lo localizaron en el continente americano después del siglo XV.

S. XVIII Fuente: Gallica

El reino del Preste Juan, según un mapa del siglo XVIII. Fuente: Gallica

Asia

Dependiendo del texto, este reino se asimilaba con el imperio tártaro (mongoles). Realmente en esa corte había un grupo de cristianos nestorianos, pero era minoritario.

Posiblemente el error viniera porque durante el siglo XIII el emperador mongol Gengis Kan luchó contra los musulmanes y los derrotó, lo que, en tiempo de cruzadas, pudiera haber facilitado una identificación de éste con un gran monarca cristiano en los confines del mundo entonces conocido.

África

La leyenda decía que era un rey cristiano en la Gran India. Por ello, a principios del siglo XV los portugueses continuaron buscándole, pero no en la India, sino en su camino hacia ella, es decir, en Etiopía.

Este reino africano, importante desde la prehistoria, situado en una zona de especial interés por la tradición cristiana milenaria que posee, era el lugar idóneo para situar el posible reino del Preste Juan.

Islario general de todas las islas del mundo es la obra más importante del cosmógrafo sevillano Alonso de Santa Cruz

El supuesto reino del Preste situado en Etiopía, tal y como aparece en el Islario general de todas las islas del mundo, obra del cosmógrafo sevillano Alonso de Santa Cruz

De hecho, el texto dice que el infante Pedro de Portugal había vivido allí en Etiopía, con el Preste Juan, tres meses. Sintetizamos y seleccionamos partes del texto en las que se explica quiénes eran y cómo vivían, por el interés intrínseco que posee.

El reino del Preste Juan según el infante Pedro de Portugal

Parece que el texto no fue escrito por este noble portugués, sino por un español, Gómez de Santisteban, conocedor de los libros de viajes medievales (Mejía, p. 216-17).

a) La descripción de la ciudad

La ciudad donde tenía su sede el Preste Juan se llamaba Albes. Sobre ella dice:

“Es la más populosa, la más rica, y fortalecida que hay en aquella parte del mundo, tiene de circunferencia más de doce leguas, en su castillo tiene mas de ciento cincuenta torreones bien fortificados. En cada uno de ellos hay mas de mil hombres de guarnición, todos con barba larga, mostrando su luto en señal de haber perdido la tierra de Promisión”.

Escudois heráldicos d elos reinos dle Preste Juan, según el Armorial de Conrad Grunenberg

Escudos heráldicos atribuidos a los reinos del Preste Juan, según el Armorial de Conrad Grunenberg (siglo XV), entre los que se encuentra una sirena

b) El palacio

“Una vez entrado en la ciudad nos dijeron que para llegar al palacio era necesario ocupar medio día sin dejar de andar. Un vez que llegamos pudimos ver que tenía ocho torres tan hermosas y brillantes que no se pudiera mirar sin recibir impresión (…) Tenía una guardia de seiscientos hombres de caballería e infantería, lujosamente vestidos y bien armados”.

Dibujo d ela corte dle Preste Juan en el armorial de Conrad Grunenberg

Dibujo de la corte del Preste Juan en el Armorial de Conrad Grunenberg (siglo XV)

Una vez que pudieron entrar en el palacio como emisarios del rey de León, vieron “que debajo de un magnífico dosel estaba sentado el Preste Juan, con su esposa al lado, y un hijo que tenía el título de emperador de las provincias Galdras”.

c) La iglesia

“Vimos cosas muy maravillosas. Los sacerdotes son casados en aquella tierra, pero cuando quedan viudos no pueden volver a casarse (…) y por quebrantar este precepto tienen irremisible pena de muerte”.

“Poco antes de venirnos, mandó el Preste a dos sacerdotes que nos mostraran el cuerpo de Santo Tomás (…) que está colocado en el altar mayor (…) La víspera del día del santo le ponen en la mano un sarmiento seco, el cual se reverdece al instante, echa hojas y tres racimos de uva”.

d) La sucesión al trono

La dignidad de Preste no es hereditaria: se reúnen en la ciudad todos los obispos o abades del reino, y en solemne procesión se dirigen a la iglesia de Santo Tomás, y “ruegan al santo designe al que debe ser el nuevo gobernante”.

Más blasones de los reinos del Preste Juan

Más blasones de los supuestos reinos del Preste Juan, entre ellos podemos ver a la izquierda de la imagen el escudo de Etiopía, descrito en el texto como “las Indias”.

e) El resto del reino

Pidió el infante licencia para pasar a otra parte del reino, y el Preste les aconsejó que se pararan antes de llegar a una provincia “habitada por gentes tan idiotas que tienen por costumbre los hijos comerse a los padres cuando éstos llegan a una edad avanzada”.

La comitiva del infante de Portugal “tomó el camino del desierto del Paraíso. Luego de estar durante trescientas veinte leguas sin ver habitante alguno”, llegaron a “unas altísimas montañas, vimos al pie de ellas algunas poblaciones circunvaladas por cuatro ríos que se denominan Tigris, Eúfrates, Guión y Fisón, los cuales salen del Paraíso Terrenal”.

Los ríos Tigris y Eufrates. Fuente

Los ríos Tigris y Eufrates a los que el texto del infante Pedro dice que llegaron. Los otros dos ríos se citan en la Biblia, pero actualmente no hay rastro de ellos. Fuente

Tomamos un texto en el que el propio Preste, siempre según el infante portugués, explica sus dominios:

“tengo bajo mi autoridad 64 reyes, me obedecen 12 arzobispos, 20 obispos y 4 patriarcas. El dominio de mis tierras se extiende a diez mil leguas cuadradas, en las que tengo dos provincias muy importantes llamadas India mayor e India menor, en las que se crían mucha variedad de animales y aves de tan grandes fuerzas que sin perder el vuelo arrebatan del suelo las reses y se las llevan al nido. Con los dromedarios, elefantes, camellos y unicornios, se labran los campos y hacen las labores que necesitamos”.

f) Los habitantes mas fantásticos

“Tengo en mis territorios unos habitantes que no tienen mas que un ojo en la frente, cuando muere alguno se  lo comen entre sus parientes”. En otra provincia “con una clase de gentes que tienen los pies redondos. En otro tengo una generación cuyas gentes son de la alzada de una vara, pero son muy belicosos. En otra provincia hay unos cerros muy elevados, en los que se cría gente que de cintura para arriba son hombres y de cintura para abajo son caballos”.

Epílogo

En síntesis, un fantástico y onírico reino, que parece descrito por un infante de Portugal que afirmaba haber recorrido el mundo y estar alojado en la tierra del Preste. Magia y leyenda alimentando la mente de los habitantes del Medievo y de parte del Renacimiento, en una mezcla casi increíble de mitos antiguos, creencias religiosas y supersticiones.

Más información

El texto completo del relato del infante Pedro de Portugal. Un análisis de las primeras ediciones puede encontrarse aquí.

SANTIESTEBAN, G. de. Historia del infante D Pedro de Portugal el cual anduvo las siete partidas del mundo. Barcelona: Imprenta de los herederos de la viuda Pla, 1842.

VILLALBA RUIZ DE TOLEDO, F.J. y NOVOA PORTELA, F. Los mitos medievales en la obra de John Mandeville. ISIMU, 2016, vol. 9.

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