Iniciamos una serie de entradas dedicadas a la imagen que durante milenios la humanidad ha tenido del cielo. Durante siglos, mucho antes de que los instrumentos náuticos ayudaran al hombre a orientarse en el mar, una de las pocas señales con las que contaban los antiguos marinos cuando oscurecía eran las estrellas. De ahí nació la costumbre de dibujarlas, de realizar primitivas versiones del cielo para poder conocer la situación en un momento dado.
El manuscrito chino Dunhuang (que lleva el nombre de la ciudad de la Ruta de la Seda, cerca de donde se encontró) es, excluyendo los astrolabios, el mapa celeste más antiguo conocido. Fue descubierto en 1907 por el arqueólogo Aurel Stein en la ciudad de Dunhuang y actualmente se conserva en la British Library como parte del International Dunhuang Project.
