Y los delfines salvarán a los náufragos…

Conocida narración mítica según la cual Dioniso, el dios de la vid, contrató los servicios de unos piratas tirrenos para ir a la isla de Naxos; los piratas, fingiendo aceptar el trato económico propuesto por el dios, osaron engañarle y al punto pusieron rumbo a Oriente con la idea de venderlo allí como esclavo.Entonces se produjeron unos hechos prodigiosos: a lo largo del sombrío barco empezó a correr un vino delicioso y perfumado y una vid trepó por la vela abrazándola con sus hojas. Mientras que en torno al mástil se adhería una oscura hiedra, los remos se convirtieron en serpientes y resonaron flautas invisibles. Ante tales prodigios, los aterrados piratas se tiraron al mar quedando transformados en delfines. Desde entonces, según la leyenda, los delfines son amigos de los hombres y se esfuerzan por salvarlos en los naufragios, puesto que serían aquellos piratas arrepentidos.

El ojo de Horus: protección y defensa en el mar

En la isla de Malta, y en concreto en Marsaxlokk, podemos encontrar unas preciosas embarcaciones que todavía usan los pescadores de la zona. Se denoniman Luzzus y son uno de los símbolos del país. Llevan pintado el ojo de Horus para que les de suerte y protección en sus tránsitos por el mar

Benito Soto, el español errante

El 25 de enero de 1830 es ahorcado Benito Soto; con tan sólo 24 años de edad llegó a ser uno de los piratas más sanguinarios y temido de la historia de la piratería. De origen gallego, lo poco que se conoce de él es una mezcla de leyenda y realidad. Su historia comienza cuando, a sus 23 años, ya es segundo contramaestre de “El Defensor de Pedro”, un bergantín brasileño con patente de corso destino a África. Una vez llegan a tierra, Benito Soto lidera un motín contra los portugueses y se hace con el poder del navío. A partir de este momento, “El Defensor de Pedro” pasa a llamarse “La Burla Negra” y en su ruta hacia el norte de España, se cree que llevó a cabo 75 asesinatos y el saqueo de 10 embarcaciones. Al tener dificultades para vender el botín en Pontevedra, viajó al sur de la Península, donde fue capturado por las tropas inglesas y finalmente ejecutado. José de Espronceda fue tal admirador suyo, y le dedicó el poema “La canción del pirata”.