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Posts Tagged ‘Océano Glaciar Ártico’


Cuando los españoles descubrieron la existencia del continente americano y las grandes expediciones tuvieron su mayor apogeo, fueron miles las leyendas que surgieron en torno a nuevos territorios. Uno de ellas fue la existencia del estrecho de Anián.

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El estrecho de Anián en un mapa de Joan Martínez (1587). Fuente: Museo Naval de Madrid. Biblioteca Digital del Patrimonio Bibliográfico

El Estrecho de Juan de Fuca

Existía la creencia de que en el norte del Pacífico había un paso que daba entrada al Atlántico. Fueron muchos los navegantes que se adentraron en lo que se llamó la Alta California, y desde el siglo XVI bordearon la costa pacífica californiana en busca de una salida al Atlántico. Uno de los primeros fue Juan de Fuca, un navegante griego al servicio de la corona española, que fue en busca del llamado paso del noroeste.

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Detalle del estrecho de Juan de Fuca en una carta náutica española del siglo XVIII. Fuente BDH

El estrecho que lleva su nombre está a 48 grados al norte, pero todavía quedaba mucho por descubrir hasta llegar a un paso que uniera el Pacífico con otro mar, que no era el Atlántico.

Más intentos de encontrar el paso del Noroeste

El desconocimiento del Pacífico norte era general y absoluto, por lo que leyendas y mitos se mezclaban fácilmente con la realidad. En una carta que fray Andrés de Aguirre envió al arzobispo de México en 1583, se dice que:

“… no es de menos importancia proseguir el descubrimiento de aquella costa, de los 41º en adelante, para entender los secretos de ella, porque un angosto estrecho que llaman de Anián que según se tiene noticia es lo último descubierto de la costa de la China en cincuenta y dos grados de latitud” (Archivo General de Indias, México, 27).

Tras sus pasos fue Lorenzo Ferrer Maldonado a finales del siglo XVI. Afirmó, sin ningún argumento, que había llegado al estrecho de Anián a unos 60º al norte. Fue un embaucador que consiguió convencer a algunos eruditos, que creyeron su versión y en los siglos posteriores enviarían expediciones a esa zona. Del mismo estilo fantástico fue la aventura de Bartolomé de Fonte, que en 1640 dijo haber llegado sobre los 70 grados norte y haber hallado el estrecho. Contaba también que allí se había encontrado con un buque inglés que venía del Atlántico.

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Mapa del Ártico de Gerardus Mercator, edición de 1623, señalando el estrecho de Anian. Fuente: Gallica

Cartógrafos muy conocidos como Martínez, Ortelius, Mercator y Forlani incluyeron el estrecho en sus cartas. Incluso la Academia de Ciencias de París apostó por su existencia y por apoyar la versión de Ferrer Maldonado. Sobre el tema se publicaron varios libros que afirmaban la existencia del estrecho de Anián.

El estrecho de Anián señalado en un mapa de China del S. XVII. J. Hondius. Fuente: Gallica

La realidad, tal y como la entendemos hoy, es que hay un paso, mucho más arriba de lo que algunos afirmaban, pero no comunica el Pacífico con el Atlántico, sino con el Océano Ártico. Vitus Bering, un explorador danés al servicio del emperador ruso Pedro el Grande, cruzó este estrecho en 1728 y por eso lleva su nombre. En ese viaje, una parte de la tripulación murió de escorbuto. Se había demostrado que América y Asia no estaban unidas y que al Norte existía un estrecho corredor que separaba dos océanos, el Pacífico y el Ártico, como se puede ver en el mapa que se levantó con ocasión de esta expedición.

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El mapa que muestra el estrecho de Bering, todavía llamado de Anián. Fuente: Jefferys, 1776.

Curiosamente, antes de conocer los resultados de la expedición de Bering, muchos navegantes españoles, especialmente los oficiales de la Real Armada, tenían ya muy claro que allí no había ningún estrecho de Anián, pero las presiones del gobierno hicieron que se formara una expedición para buscar ese paso. Allí se dirigieron en 1792 las goletas Sutil y Mexicana, al mando de ilustres oficiales como Alcalá-Galiano y Cayetano Valdés, que pudieron corroborar, entre otros muchos asuntos, que en esas latitudes no existía el estrecho en cuestión.

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Vistas de costa levantadas desde las goletas Mexicana y Sutil, extraídas de las cartas de la expedición recogidas en la obra de Alcalá-Galiano, 1802. Fuente: BDH.

Si analizamos detenidamente estos relatos es fácil entender que todos tenían su parte de razón, que había un estrecho, pero erraron en el lugar de localización y a la hora de afirmar los mares que conectaba. Toda una aventura, con muchos navegantes a la busca del paso del Noroeste, que en el siglo XVIII quedó claro que existía, aunque mucho más al Norte, en tierras polares.

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El estrecho de Bering. Fuente: Google Maps

Más información

ALCALÁ-GALIANO, Dionisio, et al. Relación del viage hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el Estrecho de Fuca: con una introducción en que se da noticia de las expediciones executadas anteriormente por los españoles en busca del paso del noroeste de la América. Madrid: Imprenta Real, 1802.

JEFFERYS, Thomas. The Russian Discoveries, from the Map Published by the Imperial Academy of St. Petersburg. London, Printed for Robt. Sayer, Map & Printseller, Nº 53 Fleet Street. London, 1776.

LOSA CONTRERAS, Carmen. Miscelánea: Nota sobre “El ejército y la armada en el Noroeste de América: Nootka y su tiempo”, de Leandro Martínez Peñas y Manuela Fernández (coord.). Revista de la Inquisición: (intolerancia y derechos humanos), 2013, 17, p. 271-274.

RODRÍGUEZ, Jimena. Mareantes mareados: El estrecho de Anián y las Naos a California. Romance Notes, 2015, 55,  4, p. 133-144.

SÁNCHEZ RAMOS, Valeriano. Lorenzo Ferrer de Maldonado (Berja, 1557-Madrid, 1626) y el paso del noroeste. El peculiar descubrimiento del mítico estrecho de Anián por las heladas aguas de Canadá y Alaska. Farua: Revista del Centro Virgitano de Estudios Históricos, 2013, 16, p. 65-92.

ZDENEK, Joseph W. La relación entre California y el Estrecho de Anián, según el cronista fray Antonio de la Ascensión. Revista de Occidente, 1974, n 132, p. 375-386.

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Los narvales, a pesar de que realmente existen, son animales acuáticos envueltos en magia y leyenda. El largo apéndice que sale de su cabeza les ha hecho protagonizar muchos relatos en los que se interpretaba su vida, origen y capacidades. Como viven en las aguas del Océano Ártico, no son muy conocidos, lo que ha dado lugar a que estas historias se distorsionen, muchas veces sin fundamento alguno.

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Un narval auténtico en el mar

Los inicios de la leyenda

El unicornio, ese animal quimérico empezó a ser conocido gracias a la imaginación de los trovadores durante la Edad Media. Previamente, un galeno griego del siglo IV a.C., que fue médico personal del rey persa Artajerjes II, había comenzado a escribir sobre él. Recogía rumores referidos al cuerno de un extraño animal que vivía en la India, del que se obtenían enormes beneficios para la salud (era afrodisíaco y curativo). Según contaba este autor, procedía de un caballo de gran envergadura con un solo cuerno en la cabeza. Esta defensa le permitía enfrentarse a los elefantes. Muy posiblemente se refería a los rinocerontes. Ya en el siglo I, Plinio el Viejo, un naturalista romano, recogía estas historias y denominó monocerote al animal, cuyo cuerno molido, al ser bebido, “preservaba de las enfermedades y de los venenos”.

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Un dibujo del supuesto unicornio. Fuente

Durante la Edad Media en Europa no tenían constancia de la existencia de los cuernos de rinoceronte, pero gracias a los vikingos sí que se conocían los del narval, por lo que la asimilación fue sencilla (el apéndice del narval se creía que era el cuerno del rinoceronte indio). Además, se decía, entre otras cosas, que el unicornio podía purificar el agua envenenada por la serpiente.

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Unicornio en una marca de agua de papel medieval español . Fuente: Valls, 1978

Fuera del viejo continente también existían mitos y leyendas sobre este animal, como en Persia, India, China, en algunos lugares de África, así como en las mitologías americanas.

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Tapiz sobre “la dama y el unicornio”

La leyenda de su origen terrestre

Hay un relato fantástico que habla de estos animales, los sitúa primero en tierra y luego en el mar, tras una persecución:

Los narvales eran animales blancos que vivían en un bosque cercano al mar. Era fácil distinguirlos por su cuerno helicoidal al que se atribuían poderes mágicos. Eran muy huidizos y las personas apenas sabían nada de ellos, con excepción de los poderes mágicos del cuerno que portaban en la cabeza. Un rey ordenó atraparlos a todos para conseguir su magia. La mayoría fueron exterminados y los pocos que quedaron se lanzaron al mar por el acantilado. Desde entonces viven allí. (Sintetizado del texto de Cuevas 2019)

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Ilustración de un libro del siglo XVI en el que se dibuja el supuesto antepasado terrestre del narval (Paré, 1582)

Ésta sería, posiblemente, la explicación de cómo un animal que en las leyendas habitaba en la tierra, pasó a ser acuático.

El “cuerno” del narval

No es nada raro que la primera vez que se ve un narval, aunque sea en una ilustración, se piense que la protuberancia que le sale de la cabeza es un cuerno. Sin embargo, está demostrado que es un diente.

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Un narval (parte inferior izquierda) en la obra de O. Magnus. Fuente

Estos apéndices eran frecuentemente utilizados por los vikingos para el intercambio de mercancías. De hecho, parece que su nombre actual deriva del que ellos mismos le dieron. Su otra denominación, la científica (Monodon monoceros según Linnaeus, 1758) está basada en el que Plinio le dio al supuesto unicornio.

Uno de los primeros autores en nombrarlo, dibujarlo y describirlo fue Olaus Magnus en el sigo XVI. Hablaba del peligro que suponía para los marineros y para la navegación en las aguas del Ártico.

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Narval en el mapa del mar de O. Magnus.

Durante el Renacimiento los gabinetes de historia natural solían adquirir un diente de narval para sus colecciones. Estudiosos como Ole Worm (1588-1654) llegó a algunas conclusiones científicas importantes, demostrando, por ejemplo, que el mítico “cuerno del unicornio” pertenecía en realidad a un mamífero marino: el narval.

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Un apéndice de narval. Fuente: Valero

Benito Feijoo, ya en el siglo XVIII, le dedicó al narval el discurso XVIII en su obra Demonstracion critico-apologetica del theatro critico universal, Hace un repaso de los autores que han tratado el tema, y ya afirma que “el cuerno está como continuo del cráneo y encajado en la mandíbula”. Aparte de su temprana afirmación del reconocimiento del diente, también aclara que el animal del que se habla vive en el agua “estos cuernos se hallan en las ondas (mar), no en las selvas”, y añade “que los portugueses, que han viajado tanto, creen que el unicornio, si lo hay, es animal marino”.

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El narval dibujado en la obra de BUFFON, G. Histoire naturelle, générale et particuliére. Cétacés. París, 1749-1804. Fuente: Gallica.

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Otra representación del siglo XVIII que diferenciaba el supuesto unicornio de mar del narval. Ransonnette, Nicolas. Illustrations de Superstitions orientales. Paris, 1785. Fuente: Gallica

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Dibujo del siglo XIX, mucho más realista. Greville, R. Illustrations de An Account of the Artic Regions with a history. Edinburgh, 1820. Fuente: Gallica

Para concluir

Este magnífico y único animal marino, cuyas ilustraciones hemos tratado de recoger en esta entrada, ha formado parte de las leyendas como el unicornio que cura las enfermedades, que libra de los venenos y que mejora la salud. En época medieval se identificó con la pureza y la valentía. Su apéndice se confundió con el cuerno del animal terrestre que parece que dio pie al mito: el rinoceronte. Durante siglos autores y navegantes han hablado sobre él. Hoy sabemos que se encuentra en las zonas polares y que su famoso “cuerno” es un diente, como ya aclaraba Feijoo en el siglo XVIII.

Más información

BRUEMMERF.  The Narwhal: Unicorn of the SeaShrewsburySwan Hill Press, 1993.

CUEVAS GUINTO, M.A. Textos “bizarros”. 2019.

GREVILLE, Robert Kaye. Illustrations de An Account of the Artic Regions with a history. Edinburgh, 1820.

IMPEY, O. y MAC GREGOR, A. The origins of museums: The cabinet of curiosities in sixteenth ―and seventeenth― century Europe. Oxford, Clarendon, 1985.

PARÉ, Ambroise. Discours d’Ambroise Paré,… asçavoir, de la mumie, des venins, de la licorne et de la peste, avec une table des plus notables matières contenues esdits discours, 1582.

PLUSKOWSKI,  A. Narwhals or unicorns? Exotic Animals as material culture in medieval Europe. European Journal of Archaeology, 2004,  7 , 3, p.  291-313.

VALERO DE BERNABÉ, Luis y DE EUGENIO, Martín. El Unicornio en la Heráldica Española. (s.f.)

VALLS Y SUBIRÁ, Oriol. La historia del papel en España. Madrid: Empresa Nacional de Celulosa, 1978.

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Sobre el año 330 a. C., Piteas (Pytheas, en su idioma natal) un comerciante griego nacido en Massalia (la actual Marsella), se embarcó en un asombroso viaje. Con su pequeña nave llegó mucho más allá de los límites conocidos del Mar Mediterráneo y recaló en tierras que parecían existir sólo en las leyendas. Cuando regresó, tanto su viaje, como el texto que sobre él escribió, así como las cosas increíbles que había presenciado, fueron debatidas durante siglos.

El derrotero de Piteas. Fuente

 

 El viaje

Apoyándose en diversos fragmentos dispersos, los estudiosos modernos han intentado reconstruir aspectos del viaje, aunque muchos detalles siguen siendo especulativos. Por ejemplo, el tipo de barco que Piteas pudo haber usado nunca se ha llegado a determinar con algún grado de certeza.

Estatua de Piteas en su Marsella natal

Tampoco conocemos su derrota precisa, aunque parece que comenzó su viaje desde Marsella, y llegó a Cádiz navegando hacia el oeste a través del Estrecho de Gibraltar (entonces conocido como las columnas de Hércules).

Ya en el Atlántico, navegó hacia el norte a lo largo de las costas occidentales de la Península Ibérica y parte de Francia, y es muy posible que tocara tierra en Bretaña. A partir de ahí, cruzó el Canal de la Mancha a un lugar al que llamó ‘Belerion’, que parece que es el actual Cornwall o Cornualles (en el suroeste de Inglaterra), donde presenció la extracción del estaño, uno de los metales mas deseados en la Antigüedad, y que dio origen a la famosa “ruta del estaño”.

Diodoro, otro autor de la Antigüedad clásica, usando la narración de Piteas, describe Inglaterra como “densamente poblada”, su clima “extremadamente frío” y sobre sus habitantes dice que eran un pueblo tribal gobernado por “muchos reyes y aristócratas ” que vivían en casas de “juncos o madera”, y llamó a la isla ‘Pretannia’. Otros autores como Estrabón escribieron Britannia, origen del actual nombre de Gran Bretaña.

Es muy probable que Piteas siguiera hacia el norte, a lo largo de la costa de Gales, de que llegara a la Isla de Man y navegara por la costa oeste de Escocia hasta las Hébridas, pero no está confirmado.

Durante el viaje también tomó una serie de lecturas latitudinales con su gnomon (un dispositivo diseñado para tomar medidas de la sombra del sol desde diferentes latitudes y así calcular la posición).

Piteas navegó durante seis días antes de encontrarse con una isla que llamó Tule, identificada tanto como Islandia, Groelandia o Noruega. De hecho, Tule (Thule o Tile) sigue hoy sin ser localizada de manera veraz, formando parte de las denominadas “islas fantasma”.

Tule en el atlas de Prunes, que aquí aparece denominada Tile.

Fue aquí, o en algún lugar de estos climas nórdicos, donde presenció un fenómeno totalmente extraño para los habitantes del Mediterráneo: la luz del día casi continua durante los meses de verano.

“no hay noches durante el solsticio cuando el sol está pasando por el signo de Cáncer y tampoco días durante el solsticio de invierno. Algunos creen que esto es cierto por seis meses continuos” (Plinio).

Hacia el norte, partiendo desde Tule, a un día de navegación pudo llegar al Océano Glacial Ártico congelado. En este punto es muy posible que las circunstancias geográficas y climáticas le impidieran seguir hacia el norte.

Al regresar de la isla de Tule, probablemente cruzó la costa este de Gran Bretaña, pero en lugar de ir hacia el oeste y dirigirse a su tierra, hay evidencia de que giró hacia el este, navegando a lo largo de la costa norte de Europa, incluso que avanzó hacia el Mar Báltico.

Sobre el Oceáno

Su narración del viaje, Sobre el Oceáno (Peri tou Okeanou en griego), documenta la navegación por mar hasta la actual Gran Bretaña, el Mar del Norte y la costa del noreste del continente europeo. Es quizás la descripción más temprana de las islas británicas y de sus habitantes. Desafortunadamente, el tratado no ha sobrevivido, y aunque es conocido desde la Antigüedad, solo nos han llegado fragmentos extraídos o parafraseados de otros autores clásicos (entre ellos cuatro grandes: Erastóstenes, Estrabon, Plinio el Viejo y Polibio).

Además de que es un relato de primera mano del viaje de Piteas, contiene una multitud de observaciones astronómicas, geográficas, biológicas, oceanográficas y etnológicas.

Partidarios y detractores

Estrabón, por ejemplo, afirmó en su famosa obra Geografía que Piteas era “el peor mentiroso posible” y que la mayoría de sus escritos eran meras “invenciones”, por lo que lo desacreditó y puso en duda la validez de su viaje. También Polibio lo cuestionó.

Recreación de lo que pudo ser la imponente Biblioteca de Alejandría. Fuente

Otros escritores clásicos, como el historiador Timeo, lo citó en repetidas ocasiones en su extenso tratado sobre la historia de la isla de Sicilia y del Mediterráneo occidental. El famoso responsable de la Biblioteca de Alejandría, el gran Eratóstenes de Cirene, también hizo referencia a Piteas en uno de sus tratados. Es muy posible que una copia de la obra llegara a las grandes bibliotecas de la Antigüedad, como la de Alejandría y la de Pérgamo, y que allí el propio Eratóstenes la consultara.

El legado de Piteas

Los fragmentos que sobreviven apuntan a una narración sobria y objetiva que contiene información valiosa para los científicos. Estos incluyen, por ejemplo, la influencia de la luna en las mareas, su descripción del sol de medianoche, sus medidas precisas de latitudes y sus representaciones etnográficas de los pueblos nativos. Por todo ello, fue además de un hábil navegante, un buen astrónomo y científico.

Otra estatua levantada en honor de Piteas

Hoy pocos historiadores y eruditos dudan de la veracidad de su viaje. Aunque el debate continúa girando en torno a los lugares que realmente visitó y otros detalles. Si fue concebido originalmente como una empresa económica, pronto se convirtió en una auténtica exploración en el verdadero sentido de la palabra, un intento de comprender y obtener conocimiento sobre el mundo a través de la observación directa, adelantándose muchos siglos a las exploraciones ilustradas.

Al hacerlo, Piteas jugó un papel importante en la desmitificación de estas extrañas tierras del norte que poblaban la imaginación del mundo griego, mitos que luego recogería intactos el mundo medieval, los adaptaría y plasmaría en sus textos y mapas.

Más información

GARLINGHOUSE T.S. On the Ocean: The Famous Voyage of Pytheas. Ancient History Enciclopedia. 2017.

LELEWER, J. Pythéas de Marseille et la géographie de son temps. París, 1836.

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¿Conoce la diferencia entre la fina capa de hielo en la superficie del agua que acaba de empezar a congelarse, y la que se ha vuelto a congelar y formar en grietas ya abiertas?. Parece lo mismo, hielo ¿verdad?, pero uno de ellos es mas fino y más peligroso.

El Ártico según Mercator (1595)

El Ártico según Mercator (1595)

Los pueblos del Ártico tienen mas de 100 nombres para las distintas formas de generación del hielo marino, porque su supervivencia depende de ello, y por eso recibieron de sus antepasados un conocimiento de enorme importancia, que generación tras generación se ha ido aumentando, que es muy poco conocido y puede servir como parte de la respuesta a los cambios climáticos que se están produciendo.

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El hielo marino

Los habitantes de las zonas polares se aventuran regularmente sobre el hielo, que lo ven como una parte de su entorno y como un espacio familiar. De hecho, lo usan como plataforma para la caza, el transporte, la formación y para la realización de actividades comunales.

Un precioso mapa del Ártico levantado por Barents, a finales del siglo XVI

Un precioso mapa del Ártico levantado por Barents, a finales del siglo XVI

El ciclo estacional por el que el hielo marino, o banquisa, se derrite y posteriormente se vuelve a congelar, forma parte de las vidas de las personas que viven en climas más al sur. Cuando ese ciclo se ve alterado por el calentamiento global, la vida y la cultura de estos grupos tienen que cambiar con él, desarrollando nuevas ideas y técnicas para sobrevivir. Estos hábitats de hielo establecidos forman parte de los ambientes culturales del polo, y sus habitantes han desarrollado vocabularios elaborados para muchas formas de hielo locales y sus procesos.

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Llaman al hielo su “carretera de invierno” y la conocen con cientos de nombres, haciendo en ella senderos y marcas de navegación. Así, diferentes tipos de hielo, que son imposibles de distinguir por las personas que viven fuera del Ártico, tienen sus nombres específicos. Por ejemplo, el pueblo inuit del norte de Alaska tiene más de un centenar de palabras para los diferentes tipos de hielo marino y sus procesos de formación.

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Los cazadores Yupik, en la isla San Lorenzo de Alaska, utilizan más de 10 palabras diferentes para distinguir entre tipos de hielo de reciente formación, como qenu (hielo granizado) y qenughhaghaq (hielo granizado del mismo modo que comienza a formarse), saagsiqu (hielo grasoso) y allungelquq (panqueque hielo), aygughnin (hielo recién formado construido contra el viento), saalqaaq (fina capa de hielo en la superficie del agua que acaba de empezar a congelarse), sallegpa (nuevo hielo que se formó muy rápidamente), sallek (hielo formando a baja temperatura en el agua tranquila) y sigiin (hielo nuevo vuelto a congelar en grietas ya abiertas). Y eso es sólo una pequeña muestra, ya que su nomenclatura completa sobre el hielo tiene más de 120 términos.

Inuit en su kayak en los territorios del Noroeste (1929) - Foto Library and Archives Canada (Flickr, CC)

Inuit en su kayak en los territorios del Noroeste, en el año 1929.  Fuente: Library and Archives Canada.

El conocimiento del hábitat polar como factor de adaptación global

La riqueza de lo que las gentes polares saben acerca de su ‘casa de hielo’ es asombrosa. Así como las personas en climas más cálidos pueden tener conocimiento de sus lugares cercanos, los recuerdos, las prácticas culturales y normas de comportamiento que rodean sus paisajes, ya sea en las casas de su calle, los árboles en un parque, o las ondulaciones de la cercana colinas, la gente del Ártico está profundamente familiarizado con sus paisajes de hielo.

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Ellos han transmitido sus conocimientos seculares sobre el hielo marino a través de historias, un cuidadoso entrenamiento y de experiencias compartidas entre padres e hijos. Este conocimiento apenas fue conocido por generaciones de exploradores polares, oceanógrafos y especialistas en el clima, y ahora, como estas lenguas y tradiciones se debilitan o se pierden, este conocimiento cultural sobre el hielo se está dejando de transmitir.

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En este contexto de cambios rápidos, el conocimiento local creado por los habitantes del Ártico es un activo de incalculable valor para las estrategias futuras vinculadas a la administración sostenible del ecosistema polar. La gente del Ártico adquirió experiencia notable en el mantenimiento de la diversidad cultural y biológica en su hogar de hielo, conocimiento que, si se preserva para las generaciones futuras, podría ayudar a la humanidad a adaptarse al cambio climático. Esta información aportada por los naturales demuestra que las ideas y observaciones pueden ser una herramienta clave para comenzar a dar una respuesta efectiva al cambio climático.

Fuente: KRUPNIK, I. The Cultural Icescapes of the Arctic (2014).

Mas información:

MORAL, C. del. Transportes marítimos inuits. Navegando entre hielos y sobreviviendo entre ellos. Hycmar. 2015.

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Hay pueblos que sólo conocemos por la filmografía o por la literatura. Los que viven en el círculo polar ártico son un ejemplo. Pero aparte de ciertos tópicos, apenas sabemos de ellos, de su formas de pensar o de vivir. Publicamos esta semana una entrada, realizada por un especialista, sobre la vinculación con el medio marino de uno de estos pueblos, los inuit, así como un magnífico relato sobre uno de sus mitos: Sedna, la señora de las profundidades marinas, la que originó a los animales acuáticos y aquélla a la que oran para que éstos nunca falten. Analizando mas detalladamente algunos de los seres que aquí se describen, será fácil encontrar analogías con otros mitos marinos mas cercanos. 

Por Carlos Moral García, miembro de la Asociación de Historia y Cultura del Mar (HyCmar)

Un elemento bastante significativo de la cosmovisión inuit es la pequeñez del hombre en su contexto, pues todos los seres son considerados en igualdad, aunque algunos personajes de carácter mítico tienen más protagonismo. La creencia en seres espirituales está muy asentada, pues se considera que conviven con los humanos, de modo que muchas veces se interpreta que participan en acontecimientos de la vida cotidiana.

Rutas de los pueblos inuit. Fuente

Rutas de los pueblos inuit. Fuente

El espíritu del mar

En este sentido, uno de los personajes con mayor importancia es Sedna, inua o espíritu del mar, pues, dado que no se encuentra jerárquicamente por encima del resto de seres, no debería ser tratada como “diosa”. Se trata de un personaje que aparece a lo largo de prácticamente todo el Ártico inuit, con diferentes nombres, como Uiniγumayuituq (“la que no quiere esposo”), Nuliayuk (“Madre de los animales”), Imaqukûa (“Madre del Mar”) o Takanna·luk (“Mujer de las profundidades”). Se trata de un personaje matriz de la vida universal, pues de los animales marinos que ella genera y controla se alimentan los humanos.

La joven Takánakupsâluk dibujada por un chamán inuit.

La joven Takánakupsâluk dibujada por un chamán inuit

Para la tradición de los pueblos Igloolik de Nunavuk, al norte de Canadá, esta joven fue casada en primer lugar con un perro, por orden de su padre. De este matrimonio tuvo dos tipos de vástagos, los indios y los blancos, es decir, los humanos diferentes a los inuit. Sin embargo, en otras ocasiones este primer matrimonio se obvia y toma especial protagonismo el segundo. En esta región se considera que se trata de un petrel, aunque en otras fuese una gaviota o un cuervo, ya que este último en ocasiones tiene carácter cosmogónico.

Sedna y el cuervo

Sedna y el cuervo

En este relato mítico, Sedna se habría casado con el ave ante las promesas de una vida cómoda y apacible con una tienda de pieles en el reino de las aves. No obstante, resultó ser un engaño, pues todo eran incomodidades. Esto hizo que la joven rehusase de este matrimonio y su padre decidió llevarselá en su embarcación. A veces se considera que para poder ejecutar su plan de fuga debió matar al esposo. En cualquier caso, la huída enfurecería al resto de las aves, que iniciarían una persecución con tal furia que provocaría una tormenta.

Dibujo del mito

Dibujo del mito

El nacimiento de los animales marinos 

Ante las dificultades y el peligro de naufragio, el padre cambia de opinión, decidiendo entregar a Sedna, arrojándola por la borda, pero ella se aferró al bote con ambas manos. Para hacer que se precipitase al agua él golpeó sus manos con un remo hasta cortarle las falanges, que cayeron al mar, transformándose en las primeras ballenas blancas o belugas, aún así la joven seguía agarrada. Entonces el padre cortó la segunda articulación, dando lugar esta vez a las focas, pero pese a todo no fue capaz de hacer que se soltase. No obstante, las aves dieron a Sedna por muerta, por lo que se marchan, la tormenta amaina y el padre sube a su hija de nuevo al bote, aunque ya era demasiado tarde para que ella no lo odiase profundamente. Una vez en tierra ella logra que sus perros devorasen las manos y los pies de su padre. Tras esto, la tierra se abre y ambos caen a las profundidades, aunque otras veces el descenso de Sedna es en solitario y él va a buscarla más adelante, arrepentido por sus actos, pasando a ser su guardián.

Escultura de Sedna lanzando una ballena beluga.

Escultura de Sedna lanzando una ballena beluga.

En otras versiones más simplificadas se trata de una bella joven que surcaba los mares en un umiak o bote colectivo, pero una tormenta les sorprendió y sus compañeros tratan de arrojarla por la borda para calmar la tempestad. El resultado es muy similar al del relato anterior, pues le cortan de nuevo los dedos, surgiendo de ellos los animales marinos. Sin embargo, en este caso, ella, agotada y decepcionada, se deja caer hasta sumergirse en las profundidades marinas, donde cuida y guarda a los animales.

Una visión de la mitología inuit vista por una de sus mujeres, Mialia Jaw

Una visión de la mitología inuit vista por una de sus mujeres, Mialia Jaw

En general, los inuit tradicionales habrían considerado que las faltas y rupturas de tabúes enfadarían a Sedna, por lo que retiene a los animales marinos en las profundidades acuosas, lo que produce escasez de caza y alimentos. Esto se debe a que las faltas de los humanos manchan los cabellos de la joven, que por las mutilaciones de los dedos no se puede peinar. Por eso, cuando el chamán desea que la caza vuelva a ser abundante debe realizar un viaje a las profundidades para peinar los cabellos de la Madre de las Bestias Marinas, de modo que se reconcilie con la humanidad. En ocasiones no debe solo peinarla, sino enfrentarse a sus guardianes y someterla por la fuerza, hasta que se calme y entre en razón. Muchas veces los tabúes que más se vinculan con este espíritu están relacionados con la reproducción, como es ocultar las menstruaciones y los abortos naturales, pero también el mal tratamiento de los animales marinos cazados, que deben ser respetados.

Dibujo de Sedna. Fuente

Dibujo de Sedna. Fuente

La dueña de la tierra

En algunas regiones en las que los recursos marítimos comparten su protagonismo con los terrestres tiende a aparecer un personaje paralelo, antitético y complementario. Se trata de un espíritu de los animales terrestres que vive en las profundidades del bosque, Numan-Shua (“Dueña de la Tierra”). En algunas zonas del interior de Canadá, entre los inuit del caribú, recibe el nombre de Pinga o Pingna (“La que está allí arriba”), madre de los humanos y de todos los animales terrestres, pero sobre todo, guardiana de los caribúes, por lo que sus enfados harían escasear la caza.

Museo de arte inuit

Sedna. Museo de arte inuit

Otros seres marinos

En definitiva, se trata de entidades de enorme importancia para la subsistencia de las poblaciones inuit, pues son los seres protectores y propiciadores de la caza. Esto hace que tomen bastante protagonismo en los relatos míticos, aunque también existan otros seres de carácter marino, como los mermemes. Se trata de seres teriántropos, con cabeza humana y cuerpo de foca que en ocasiones aparecían atrapados en las trampas de caza y debían ser liberados para no atraer la desgracia, pues, como ya se ha dicho, el trato respetuoso a los seres de la naturaleza es fundamental en la cosmovisión inuit.

Sedna según el artista Kakulu Sagiatok

Sedna según el artista Kakulu Sagiatok

Más sobre los pueblos del Ártico

Normalmente a las poblaciones del Ártico norteamericano se las ha tendido a llamar esquimales, de forma reduccionista e incluso descalificadora, pues parece significar “comedor de carne cruda” en algunas lenguas de indígenas vecinos. Otro término que se usa con bastante asiduidad es inuit (inuk en singular), pues fue adoptado en 1977 por la Inuit Circumpolar Conference para designar a todos los grupos de lengua esquimal. No obstante, convendría diferenciar en dos familias lingüísticas: inuaq y yupik.

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En épocas pre-europeas se podía apreciar una notable uniformidad cultural en todo el ártico. Existía una notable tendencia a la ocupación de zonas litorales, ya que había una enorme dependencia de los mamíferos marinos para la subsistencia. A estos animales se les empleaba para la alimentación, la confección de vestimenta e incluso para obtener combustibles. Sin embargo, dado el carácter estacional que algunos de estos recursos presentaban, se trataba de una alimentación diversificada, con aprovechamiento veraniego de recursos fluviales y caza de caribúes en algunas regiones.

Caribues

Un inuit con su caribú

Los aspectos relativos a la religión se encuentran articulados a través de relatos orales que se han ido transmitiendo de generación en generación, con bastante continuidad. En estas narraciones no se hace diferencia entre lo natural y sobrenatural o lo científico y religioso, de modo que aparecen diferentes personajes míticos de carácter espiritual en el desarrollo de la vida cotidiana. Esto explica la fuerte vinculación de los inuit al mundo natural y espiritual antes mencionada. Hay que tener en cuenta que se considera que todo ser, vivo o inerte, tendría un “alma” o inua (en plural, inue), que parece significar “persona” o “poseedor” y da forma a cada ser. En ocasiones se diferencia del tarneq, otro tipo de entidad anímica que se identificaría con el “aliento vital”.

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Hay profesiones vinculadas con el mar que tienen sus peligros y sus peculiaridades, pero posiblemente la de Jerome Baker sea de las más desconocidas. No es farero, ni marino, ni ballenero, sino que se dedica a recoger icebergs perdidos.

Un pequeño icebreg flotante

Un pequeño iceberg flotante

Tras el accidente del Titanic, una comisión internacional decidió crear una patrulla que evitara que catástrofes como ésta volvieran a ocurrir. Esta profesión de recoger icebergs nació entonces.

Simulación práctica de lo que ocupa un icerbgr

Simulación práctica de lo que puede suponer un iceberg

Actualmente hay varias corrientes de opinión partidarias de trasladar icebergs, pero para otra función: llevar agua a zonas áridas.

Jerome Baker

Jerome Baker

Baker “abraza” icebergs con una cuerda para poder transportarlos lejos, con objeto de que no choquen con las plataformas petrolíferas, y los conduce hacia otros rumbos menos peligrosos. Viaja en un buque llamado Norseman, que tiene unas 4.600 toneladas y un casco de acero reforzado, que da servicio a la compañía Hibernia.

El buque de Baker

Norseman, el buque de Baker

Trabaja para una petrolera, y su campo de acción se sitúa en el Hemisferio norte, en aguas canadienses.

El lugar donde trabaja Baker

El lugar donde trabaja Baker

En su día a día puede encontrarse con múltiples dificultades, entre otras el tamaño del témpano que debe remolcar. Con los que son “pequeños” es más fácil, porque con un potente chorro de agua se les puede ir digiriendo. Pero los más grandes, que también suelen ser los más peligrosos, hay que atarlos con cuerdas y remolcarlos hasta que una corriente se lo lleve lejos de las plataformas petrolíferas.

Una de las plataformas petrolíferas

Una de las plataformas petrolíferas de la empresa Hibernia

Su trabajo aparece explicado detalladamente en Fogonazos

Noticia original Smithsonian

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