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Posts Tagged ‘monarcas españoles’

En este año de la conmemoración del V centenario del descubrimiento del Pacífico, vamos a dedicar varias entradas a este entorno marítimo, tan amplio como desconocido. La primera recoge muy brevemente la descripción de un grupo de hombres y mujeres que durante siglos poblaron en sus costas y vivieron de sus recursos.

Los chonos fueron un pueblo nómada que habitaba el sur de Chile. Eran unos excelentes navegantes y mejores exploradores, que vivían de la pesca y de la caza del lobo marino. Actualmente ya han desaparecido como tal agrupación humana, aunque según varios investigadores chilenos existen algunos chonos dispersos entre otras poblaciones.

Representación actual de las actividades del pueblo chono.

Representación actual de las actividades del pueblo chono.

Sus peculiaridades navales son el motivo por el que les dedicamos una entrada, porque es muy interesante conocer cómo vivían algunos antepasados y cómo extraían del mar sus riquezas y lo convirtieron en el centro de sus vidas.

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Su pericia era tal que cuando los navegantes españoles llegaron allí, al darse cuenta del dominio del hábitat marino que tenían, embarcaban siempre a alguno de ellos para que les sirviera de guía en los dominios australes.

Este dominio náutico hizo que uno de sus apodos fuera precisamente el de los amos del mar. Otra de sus características diferenciadoras era que siempre iban acompañados de perros (que pueden verse en la fotografía adjunta y en todos los dibujos que sobre ellos se han realizado, como el que encabeza esta entrada).

Un dalca chona (reconstrucción)

Un dalca chona (reconstrucción)

Los chonos usaban para navegar una embarcación de tres tablas creada por ellos, conocida como dalca, de la que podemos encontrar una precisa descripción hecha por el jesuita Diego de Rosales en la Historia del Reyno de Chile:

    “Y era imposible que ninguna otra embarcación pudiese surcar por ellos como lo han experimentado, que ni barcos, ni chalupas, ni fragatas, ni otros generos de embarcaciones, con que han probado los españoles navegar aquellos golfos, son tan apropósito como estas piraguas de tres tablas, porque todas las demas embarcaciones peligran y sozobran en aquellos tempestosos golfos que ay entre las islas, y sola esta camina segura sobre las espumas. Y asi no solo los indios, sino los españoles, desechan todas otras embarcaciones y solo navegan en estas, fiándose a solas tres tablas cosidas con una soguilla.”

Una de  las últimas fotografías del pueblo chono

Una de las últimas fotografías del pueblo chono, con sus perros característicos

Este pueblo dio nombre a un archipiélago enorme, de mas de 1000 islas, que a pesar de que fue descubierto previamente, sería el Alférez de Fragata español José de Moraleda, dos centurias después, quien lo navegara entre 1786 y 1790, lo estudiara y describiera detenidamente en su “Breve descripción de Chiloé, su población, carácter de sus habitantes, producciones y comerciantes”.

Carta esférica, levantada por Moraleda, en la que se puede ver el Archipiélgo de los Chonos

Carta esférica, levantada por Moraleda en el siglo XVIII, en la que se puede ver el Archipiélago de los Chonos

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Actualmente existen una serie de servicios institucionales virtuales, los más importantes de carácter nacional que son auténticos tesoros para los investigadores. Y decimos tesoros porque, aparte de custodiar el importantísimo patrimonio histórico documental, lo ofrecen digitalizado a texto completo. Se denominan repositorios digitales. Continúa

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HISPANA

Hispana es un repositorio digital múltiple (técnicamente se denomina “agregador de contenidos”) porque reúne las colecciones digitales de archivos, bibliotecas y museos españoles. Entre estas colecciones destacan los repositorios institucionales de las universidades españolas y las bibliotecas digitales de las Comunidades Autónomas, que ofrecen acceso a conjuntos crecientes de todo tipo de materiales (manuscritos, libros impresos, fotografías, mapas…) del patrimonio bibliográfico español. También incorpora el catálogo colectivo de la Red Digital de Colecciones de Museos de España.

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Entre los miles de documentos digitalizados, y de libre acceso, figuran muchos fuertemente vinculados con la Historia y el Patrimonio Naval, como los que listamos aquí:

– Un breve atlas de arquitectura naval del siglo XIX, de Joan Monjo i Pons.

– Manuscritos y correspondencia de Gaztañeta, Patiño, Tofiño (figura inferior), Vargas Ponce, Marqués de Castejón, Cedillo, entre otros.

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– Una magnífica “Cartilla marítima que contiene los nombres de los Palos y Vergas de su navio: el uso de las Jarcias y cabos de labor con el largo y grueso que cada uno debe tener: la obligacion del oficial de Mar…” del siglo XVIII, publicada en la imprenta de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz.

– Múltiples cartas náuticas de los siglos XVI, XVII y XVIII, de casi toda América, como la que se puede ver aquí abajo.

Carta náutica del Cabo Frio (Brasil), datada a principios del siglo XVII

Carta náutica del Cabo Frio (Brasil), datada a principios del siglo XVII

Entre los libros de Historia Naval son destacables algunos como éstos:

– “Resumen de las reglas, y estratagemas militares practicadas de D. Melendo Suarez y Miranda … en la peleahauida con los Franzeses sobre el cauo de Finibus Yerrae : y respuesta à los cargos, que se le azen por la perdida del Galeon S. Juan dal Señor D. Saluador Loche de Sadalis“, atribuido a Vargas Machuca, del siglo XVII.

– “Refriega admirable que el Marques de Villa Real, General de la Armada de la Corona de Portugal, tuvo con catorze Naos de Olandeses en el cabo de Gel, donde le desbaratò las diez, y las quatro le captivò, y despues don Fadrique de Toledo los encontrò, y dio fin de los demas“, publicado en 1625

– La “Instruccion exacta y util de las derrotas y navegacion de ida y buelta desde la gran bahia de Cadiz hasta la boca del gran Rio de la Plata, se hallaran tambien las derrotas y navegaciones de dicha boca hasta Montevideo, de Montevideo a Buenos Ayres, de Buenos Ayres a Montevideo y de este a la Boca del mencionado Rio. La descripcion de este gran Rio, costas, islas, bajos, fondos, variedad de corrientes con las advertencias y precauciones que en sus navegaciones se deben practicar” (1730), de José Fernández Romero.

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– el “Discurso preliminar sobre la marina, navegación, comercio y expediciones de la República de Cartago“, incluida en la “Antigüedad marítima de la República de Cartago; con El periplo de su General Hannon“, de Pedro Rodríguez Campomanes (1723-1803), publicada en 1756.

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En otros idiomas hay unas Mémoires de Du Guay-Trouin, René (1673-1736), un oficial de marina francés.

Es el primer servicio de este tipo desarrollado en España que permite el establecimiento de una estrategia común de las distintas administraciones así como de entidades privadas y el Ministerio de Cultura para la participación en Europeana. Europeana (la versión europea de Hispana a la que le dedicaremos una entrada próximamente), es un punto común multilingüe de acceso al patrimonio cultural europeo, y uno de los resultados visibles de la política patrimonial emprendida por la U.E. para mejorar las condiciones de la digitalización y favorecer su difusión en Internet.

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Hispana comparte sus contenidos en Europeana, junto al resto de las bibliotecas digitales de la U.E.

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Un mar de libros digitalizados (I)

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El libro al que se dedica el documento del mes, sección que la Cátedra de Historia Naval lleva ya más de un año publicando, es una síntesis del Compendio de Navegación de Jorge Juan, con algunas actualizaciones. Es un texto de enseñanza que se utilizaba en la Academia de Guardiamarinas de Cartagena, que incluye correcciones y anexos hechos por el Director de esta Academia, José de Mazarredo, otro insigne oficial ilustrado.

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El documento

Esta obra se incluía en una compilación denominada Lecciones de navegación, que recogía una parte de las enseñanzas impartidas en la Academia de Guardiamarinas de Cartagena desde su apertura en 1777, que fueron estructuradas por Mazarredo. El resumen constituye una síntesis del Compendio de Navegación de Jorge Juan de 1757, con adicciones relativas al progreso en la determinación de longitudes, entre otras cosas porque cuando la obra de Juan vio la luz, este problema todavía no estaba resuelto.

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En este manuscrito, Mazarredo extracta los apartados de la obra de Juan por su mismo orden, tomando de cada una lo principal, y añadiendo algunas materias necesarias para la seguridad de la práctica de la mar, según su experiencia. El documento consta de siete secciones, dedicando la última de ellas a las observaciones de la longitud.

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El autor del Compendio

Su autor, Jorge Juan y Santacilia, fue un marino que vivió durante el siglo XVIII y que dedicó toda su vida a la Ciencia, a generar conocimiento y a divulgarlo. Sirvió también como oficial de la Armada en múltiples misiones, tanto en tiempos de guerra como de paz. Fue, aparte de navegante y marino ejemplar, gestor público, director de la Academia de Guardiamarinas, embajador, descubridor, espía, investigador y docente, entre otros muchos. Llegó incluso a hacer frente a la Inquisición cuando desde ésta se quiso poner freno a la publicación de la Ciencia que en esos momentos se hacía en las Academias europeas.

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Valenciano, como muchos de los grandes marinos de su época, posiblemente fue el más reconocido y el que, al amparo de una excepcional política nacional de desarrollo de la construcción naval, contribuyó en mayor medida al avance y al reconocimiento internacional de la Ciencia Española, en especial en las áreas de Astronomía y Navegación. Existe un sistema de construcción naval que lleva su nombre. La Marina fue en este ámbito la avanzadilla del desarrollo científico en la España del siglo XVIII: sus Academias de formación, sus destacados maestros y algunos de sus magníficos alumnos, apoyados por un grupo de políticos ilustrados, lograron en pocos años lo que durante siglos no se consiguió: elevar a la Armada Española al rango de primera potencia mundial.

En el campo científico y técnico, oficiales de la Marina española como Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Vicente Tofiño o Gabriel Ciscar, entre otros, estaban a la altura de cualquier académico inglés o francés de su época. Prueba de ello es que la mayor parte de sus obras se tradujeron a distintos idiomas, por el interés que despertaban en la Europa de la Ilustración.

Placa conmemorativa situada en la ciudad de Cádiz, en honor a Jorge Juan

Placa conmemorativa situada en la ciudad de Cádiz, en honor a Jorge Juan

Jorge Juan fue también uno de los ejecutores, promotores y patrocinadores de la apertura hacia Europa, de la búsqueda de Ciencia ilustrada que brotaba en Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia. Se encargó de llenar las bibliotecas de las Academias de libros de Ciencia, de enviar a jóvenes destacados a Francia e Inglaterra para que estudiaran en sus universidades y academias, para que aprendieran métodos y técnicas nuevas, y trajo a España a científicos, investigadores y constructores navales europeos con objeto de apoyar los planes del gobierno para conseguir fortalecer la Armada, construir los mejores barcos, ampliar y reforzar puertos y arsenales. A pesar de que Jorge Juan ha sido objeto de varios trabajos, apenas se ha conseguido trasladar a la opinión pública la magnitud científica de este español universal, reconocido en las mas ilustres Academias de Ciencia europeas.

Otra de las obras de Jorge Juan

Otra de las obras de Jorge Juan

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Cátedra de Historia Naval. Documento del més, redactado por la Dra. Carmen Torres.

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Esta semana se conmemora el día internacional de Libro. Con ocasión de esta celebración presentamos una nueva colección de libros estrechamente vinculada a la Historia y al Patrimonio Naval y Marítimo.

La relevancia de lo marítimo en la Historia de España y la gran cantidad de fuentes que se conservan deberían haber propiciado una producción científica mucho mas amplia sobre este tema, que permitiera tener un mayor conocimiento sobre tan excelsa materia. En este sentido, en la Cátedra de Historia Naval nos hemos propuesto potenciar los estudios de temática naval y marítima.

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Uno de los objetivos fundamentales de la Cátedra es la investigación, entendida ésta como única vía para el desarrollo de la ciencia histórica, encaminada a dar a conocer el pasado, con el fin de valorar y conservar para las próximas generaciones el riquísimo patrimonio que atesoramos, además de ayudarnos a entender mejor el presente y proyectar con garantía el futuro. El Diccionario Español de la Lengua Marinera Mediterránea, aparecido hace ya dos años, es una de las primeras obras de la Cátedra, y también el único diccionario publicado sobre esta temática en mas de un siglo.

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En este contexto, uno de los más recientes resultados es la creación de la Colección Cátedra de Historia Naval, editada conjuntamente por el Ministerio de Defensa y la Universidad de Murcia, de la que aquí presentamos el primer número. Una poligrafía titulada Estudios de Historia Naval. Actitudes y medios en la Real Armada del siglo XVIII.

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Se ha elegido el contexto cronológico del siglo XVIII porque sin duda es una de la épocas mas apasionantes para la Real Armada. El subtítulo marca las dos partes que componen este volumen, en primer lugar encontramos trabajos referidos a lo que se ha denominado los medios, es decir aquellos aspectos materiales como pueden ser los arsenales, buques o la cartografía, y por otra las actitudes, entre las que se engloban biografías de personalidades, profesiones desarrolladas en la Marina y grupos étnicos que participaron.

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En el libro intervienen profesores e investigadores del ámbito civil y militar procedentes de las Universidades de A Coruña, Almería, Murcia, Pablo de Olavide, Sevilla, UNED, del Instituto de Historia y Cultura Naval y del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional. Contenidos de la obra.

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Damos la bienvenida a la nueva Colección, y esperamos que este volumen sea el primero de otros muchos que contribuyan a aminorar el vacío historiográfico existente. No debemos olvidar que la Historia es una parte importante del proceso de formación de la conciencia identitaria que tiene de sí un pueblo.

Este libro se puede adquirir a través del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia (EDITUM).
Edificio Saavedra Fajardo. C/ Actor Isidoro Máiquez, 9, 30007 Murcia
Tlf.: 868 88 3013, fax: 868 88 3414
Correo electrónico: publicaciones@um.es
Acceda a la web del Servicio de Publicaciones

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por Juan Antonio Fernández Gea y Enrique Balsalobre Martínez

Héroes olvidados

En la Historia pocos son los elegidos para destacar, los que se revelan contra pautas y formalismos y emergen de lo usual para establecerse, una vez transcurridos los años, como una figura trascendental.

La Historia se comporta en ocasiones de forma parcial, olvidando grandes gestas que variaron el curso de los acontecimientos y sirvieron para configurar el mundo tal y como nos ha sido legado. Si navegamos hasta el siglo XVIII y atracamos en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias inglesas, instantáneamente surgen en nuestra mente nombres ilustres como George Washington, Benjamín Franklin o Thomas Jefferson. En este ámbito, pretendemos que se recuerde a otro héroe, esta vez un español, Bernardo de Gálvez, que participó activamente y contribuyó a la victoria, y con ello a la conformación de los Estados Unidos de América.

Estatua erigida en su honor en Nueva Orleans (Lousiana)

Estatua erigida en su honor en Nueva Orleans (Lousiana)

Bernardo de Gálvez

El protagonista, Bernardo de Gálvez (1746-1786), había nacido en la malagueña Macharaviaya, en el seno de una encumbrada familia, la de los Gálvez, con una enorme influencia en la corte española, sobre todo en lo que a América se refiere.

Bernardo Gálvez

Bernardo Gálvez

El tío de Bernardo, José de Gálvez, era ministro del Consejo de Marina e Indias, más tarde fue secretario del Despacho Universal de Indias y del Consejo de Estado. Su hermano, y padre de Bernardo, era Matías de Gálvez, gobernador y capitán general en Guatemala hasta 1783, cuando recibió el virreinato de Nueva España, que a su muerte en 1784 pasará a su hijo Bernardo, nuestro protagonista.

Este siguió el ejemplo de su padre y eligió la carrera militar, luchó contra los portugueses en la Guerra de los Siete años, contra los apaches como comandante en Nueva Vizcaya y por último fue nombrado gobernador de la Luisiana. En este periodo se lleva a cabo la hazaña por la que será recordado para la posteridad.

LOS HECHOS ACAECIDOS

Gálvez, su posición durante el conflicto

El cuatro de julio de 1776 el Congreso Continental aprueba la Declaración de Independencia de las trece colonias del este norteamericano, aunque la guerra para tal objetivo ya se había iniciado. Francia y España se situaron del lado de los colonos con el fin de debilitar a la omnipotente Gran Bretaña y defender sus posesiones ultramarinas de dicha potencia.

Primera hoja del diario de B. de Gálvez

Primera hoja del diario de B. de Gálvez

Gálvez en Nueva Orleáns: primeras victorias

En 1779 Bernardo de Gálvez se encuentra en Nueva Orleáns, ultimando los preparativos de una expedición que cambiaría el curso de la contienda, cuando recibe en secreto la noticia de que Inglaterra ha declarado oficialmente la Guerra a España, aunque los ingleses en América tardarán un tiempo en conocer la misma.

Gálvez, que había sido puesto al mando por mediación de su tío, aprovecha la ventaja sobre los ingleses y remata los detalles de la campaña. Su objetivo es expulsarlos del valle del Misisipi, cortando así sus comunicaciones fluviales. Primero toma los fuertes de Manchac, Baton Rouge y Natchez, pero los verdaderos objetivos son Mobila y Pensacola (San Carlos de Panzacola en esos momentos), capital de la Florida Occidental, y una amenaza constante para la Luisiana y el virreinato de Nueva España (principal fuente de ingresos de la América española).

Hacia Panzacola: luchar con los amigos y con los enemigos

28 de febrero de 1781, La Habana: una flota compuesta por treinta y dos buques de guerra más un considerable número de naves de transporte (fragatas, saetías, balandras, etc.) zarpan en formación de tres columnas hacia Panzacola. La expedición cuenta con unos tres mil doscientos hombres, de los cuales mil quinientos corresponden al ejército de refuerzo. Tras nueve días de viaje, la flota se sitúa frente a la isla de Santa Rosa, en cuyo extremo occidental se halla la entrada a la bahía de Panzacola, que consiste en un estrecho canal franqueado por una barra de arena (vid mapa inferior). El verdadero peligro se encuentra al otro lado del canal de entrada en la bahía, en el flanco izquierdo, sobre una elevación se encuentra la fortaleza de las Red Cliffs o Barrancas Coloradas, cuya batería de cañones es capaz de disparar proyectiles al otro lado del canal, y que por su situación en altura está fuera del alcance de las balas españolas. Dicha batería protege la entrada, incrementando el riesgo, ya que las naves han de pasar con éxito el estrecho canal, cercado por la barra, sin encallar.

Bahía de Pensacola (1783)

Plano de la Bahía de Panzacola de 1783 en el que se explica la estrategia seguida por Gálvez

Consigue hacer prisioneros a siete marineros ingleses, que tras ser interrogados le informan sobre las defensas de Panzacola: mil ochocientos hombres y sólo dos fragatas que defienden la bahía. Gálvez inicia la operación para penetrar en la bahía y manda una avanzadilla encabezada por el buque San Ramon, al mando del almirante José Calvo de Irazábal, pero el navío toca fondo y está a punto de varar. Tras este revés se desata un temporal que obliga a las naves a alejarse de la costa, dejando a la tropa que había desembarcado abandonada en Santa Rosa. Los retrasos exasperan a nuestro Comandante en Jefe, que insta a la flota a otro intento de acceder a la bahía, esta vez los comandantes subordinados, con José Calvo a la cabeza, se niegan a afrontar lo que definen como una “misión suicida abocada a la desgracia de la flota y de la nación”. En la correspondencia que mantiene con Gálvez, el almirante Calvo llega a calificar a su superior como malcriado, traidor y cobarde; declaraciones que sumadas a su deserción le obligaran a excusarse ante sus superiores. Gálvez está dispuesto a demostrar su valía y en perjuicio de la de sus irresolutos oficiales, en un arrebato de coraje, les envía el siguiente mensaje:

“Una bala de a treinta y dos recogida en el campamento que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo”.

Gálvez gana Panzacola

Cuando sube al bergantín Galveztown se reproduce un ritual para que toda la expedición y el enemigo expectante sepan quién va embarcado: suenan las cornetas y se disparan quince cañonazos señalando su rango. El general se sube a la toldilla (parte más alta de la nave) y enarbola el gallardete para ser totalmente visible; seguido de una balandra y dos lanchas cañoneras, y bajo el fuego de la batería de las Barrancas, cruza sin perjuicio para su nave ni para su retaguardia. Las demás naves siguen el audaz ejemplo de su general y entran en la bahía, superando sin bajas la lluvia de balas procedente de las Barrancas. La flota se encuentra ahora íntegra y a salvo en la bahía. Gálvez se ha enfrentado a vicisitudes atmosféricas, a sus superiores y subordinados, a las dificultades del terreno y a su propio destino, apostando el éxito de la expedición a una jugada, y con todos en contra ha triunfado, y su desdicha se va a tornar en la mayor ventura.

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Comienza ahora el asalto de Panzacola, y con ello la correspondencia entre Gálvez y el jefe de la plaza John Campbell y el gobernador de la misma, Peter Chester, los cuales negocian un enfrentamiento en el que se respete la ciudad de Panzacola y a sus habitantes civiles, enfrentándose los contendientes por la toma de los fuertes que la defienden. Sin embargo, los ingleses incumplen lo pactado y queman las casas, haciendas y fábricas de la isla para evitar que los españoles las utilicen como cobijo en la campaña que va a desarrollarse. Gálvez recibe apoyo desde la Mobila y La Habana, e inicia una operación de sitio de los principales fuertes que custodian Panzacola. Las tropas de Gálvez suman ahora casi siete mil hombres, y la única esperanza de Panzacola es recibir refuerzos por mar. Pera para evitar tal apoyo, una escuadra española se mantiene en formación a la entrada de la bahía, por lo que sólo queda liquidar la campaña con las operaciones por tierra. La fortuna sonríe a los españoles, y en pleno asedio de uno de los principales fuertes, el de la Media Luna, una oportuna granada cae sobre el polvorín, que vuela por los aires. El daño es insalvable y los ingleses se rinden, entregando el fuerte principal (fuerte Jorge) a los españoles.

La importancia de la victoria

La expulsión de los ingleses de sus posiciones en el Golfo de México impulsó notablemente el vigor de las tropas de George Washington, que tras su victoria definitiva en Yorktown invita al propio Gálvez al desfile conmemorativo. Los españoles consiguieron la reconquista de la Florida que habían perdido veinte años antes. Lo que no fueron capaces de prever fue el nacimiento de una nación cuyo poder se tornaría pronto en una amenaza para sus antiguos co-beligerantes españoles. La singularidad de esta historia radica en que un personaje español ha sido tratado por la historiografía norteamericana como un héroe de la independencia, mientras en España su contribución ha tenido una valoración más discreta.

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En esta entrada hemos querido resaltar la contribución de este gran estratega militar, que fue un héroe de la independencia de los Estados Unidos de América.

Más información

• CHAVEZ, Thomas. España y la independencia de los Estados Unidos. Madrid: Taurus, 2006.
• DE REPARAZ, Carmen. Yo solo, Bernardo de Gálvez y la Toma de Panzacola en 1781. Madrid: Serbal, 1986.
• VIDAL, José Juan y MARTINEZ, Enrique. Historia Moderna: Política interior y exterior de los Borbones. Madrid: Itsmo, 2001.

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Este mes de febrero, la sección mensual que incluimos en la web de la Cátedra de Historia Naval está dedicada a un fondo documental de gran importancia en el caso Odyssey. Algunos de los documentos que se custodian en los archivos navales fueron de vital importancia para que la sentencia fuera favorable a España, lo que supuso que el tesoro de la fragata Mercedes volviera a sus legítimos propietarios.

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La fragata hundida

La fragata Mercedes de la Armada Española, botada en el puerto de La Habana en 1786, comenzó su última misión en 1802, cuando por Real Orden se destinó a ir a América para traer los caudales y otros efectos de la Hacienda Pública y de particulares.

Fragata "Nuestra Señora de las Mercedes"

Fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”

En 1804, a su regreso de tierras americanas, formando parte de una división de 4 fragatas, se encontró ya muy cerca de las costas españolas con una división inglesa. Y a pesar que la corona española estaba en paz con la inglesa, ésta atacó. Así, el 5 de octubre se produce la Batalla del Cabo de Santa María, que tuvo como consecuencia el hundimiento de este buque frente a las costas del Algarbe, así como el apresamiento del resto de la flota española.

Ruta ultima de la fragata Mercedes

Ruta última de la fragata Mercedes

La documentación del caso “Odyssey”

Los documentos que se custodian en los Archivos Navales han sido fundamentales en el litigio que el Gobierno ha mantenido, entre 2007 y 2012, contra Odyssey Marine Exploration (OME), responsable del expolio de la fragata Mercedes.

En el largo proceso han intervenido de forma coordinada instituciones políticas, diplomáticas, judiciales y culturales españolas; pero en esta batalla legal, los Archivos Históricos de la Armada han jugado un papel fundamental, ya que han proporcionado documentos vitales.

El tesoro preparado para viajar a España desde Florida

El tesoro preparado para viajar a España desde Florida

La reclamación de la empresa Odyssey para quedarse con el tesoro se sustentó en que según ellos la fragata no navegaba en misión militar cuando fue hundida, sino en misión comercial, por lo que la carga no estaba sujeta al principio de inmunidad soberana.

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La tesis defendida por el Gobierno español, recogida de la documentación archivística proporcionada, se resume así: la fragata hundida es un buque de guerra perteneciente a la Real Armada española, denominada “Nuestra Señora de las Mercedes”. Fue comisionada, oficialmente, por el Estado español a través del ministro de Marina para el transporte de caudales y efectos de la Real Hacienda desde América a la Península. Puede verse en la imagen inferior uno de los documentos que evidencian esta tesis:

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Real Orden de 6 noviembre de 1802

Según la “Ley de inmunidad soberana”, un buque de estado, y por extensión su carga, en una misión no comercial tiene inmunidad soberana.

De la demostración de este argumento, sustentada fundamentalmente en los documentos custodiados en los Archivos Históricos Nacionales, dependía el éxito de España ante los tribunales estadounidenses. Los documentos permitieron localizar e identificar el naufragio, el tipo de buque y la misión que desempeñaba. Dichos documentos se encuentran en el Archivo General de Indias, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Archivo General de la Marina “Alvaro de Bazán”, Archivo Naval de Cartagena y Archivo del Museo Naval.

Es precisamente en el Archivo General de la Marina “Álvaro de Bazán” donde se hallan depositados los dos documentos que se presentan en la web de la Cátedra, en el Documento del mes de febrero, sobre la formación de la Escuadra. Aquí reproducimos dos fragmentos, con los textos que demuestran que la fragata estaba en misión oficial como buque de estado.

El 13 de septiembre de 1802 Miguel Godoy comunica a Domingo Grandallana, ministro de Marina, la existencia en El Callao de Lima de una valiosa carga de “caudales y frutos preciosos para España”. Le indica la conveniencia de armar una Escuadra de Guerra con el fin de transportarlos y que no debe en ningún caso embarcar la carga en buques mercantes o de particulares”.

Por Real Orden de 6 de noviembre de 1802 del ministro de Marina dirigida a los capitanes generales de los departamentos, se dispone la habilitación de las fragatas de guerra “Clara” y “Mercedes” para viajar a Lima”.

Afortunadamente, con el apoyo de estos documentos, el tesoro que transportaba la fragata “Nuestra Señora de la Mercedes” se halla hoy depositado en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA), en Cartagena. Esperamos poder informar muy pronto que estará expuesto, para que pueda ser admirado en las vitrinas de este Museo.

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Más información en la web de la Cátedra de Historia Naval, en el documento del mes que coordina la Dra. Carmen Torres.

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