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Archive for the ‘– Arqueología Subacuática’ Category

Los drones, esos artilugios que últimamente son objeto de nuestra atención, están adquiriendo unos niveles elevados de especialización, y uno de ellos es su uso bajo el agua. Son una generación mas avanzada que los robots, y ambos se están usando para poder adentrarse en el océano, ya sea en misiones de reconocimiento, captación de imágenes y video o rescate de pecios.

Tortuga robot británica.

Tortuga robot británica. Fotografía de John Downer Productions

Los robots subacuáticos

En instituciones de investigación de varios países trabajan con robots de exploración con formas y características de plantas y animales. Se utilizan principalmente para la exploración, y algunos son de naturaleza marina.

Robot delfín

Robot delfín

Que un robot se pueda sumergir significa aumentar su resistencia, capacidad y estanqueidad, ya que deben ser impermeables, ser capaces de desplazarse en el medio acuático y disponer de sistemas para que la comunicación con tierra sea viable, para dirigirlos. A pesar de estas dificultades técnicas, ya han sido probados varios, con diferentes formas (delfín, pulpo, tortuga, lamprea, barracuda, entre otros) y además intentan aprovechar las características evolutivas que estos animales han desarrollado, para lograr que avancen más rápidamente.

Octobot. Universidad de Harvard

Octobot. Universidad de Harvard

Algunos, como la barracuda para desminado del gobierno estadounidense, llevarán a cabo actividades, superando la misión de reconocimiento tradicional.

Robot barracuda para eliminar minas submarinas

Robot barracuda para eliminar minas submarinas

La siguiente generación: los robots humanoides en la recuperación de pecios

El profesor Oussama Khatib de la Universidad de Stanford construyó un robot humanoide, el OceanOne, que consiguió descender casi cien metros hasta la fragata Luna, hundida en 1664, para recuperar una vasija entre los restos del naufragio en la costa francesa.  Sin embargo, originariamente se diseñó para ayudar a los científicos a investigar y proteger los valiosos arrecifes de coral del Mar Rojo.

El OceanOne de la Univesridad de Stanford

El OceanOne de la Universidad de Stanford

Se han invertido cuatro millones de dólares. OceanOne a través de un complejo mecanismo permite que un operador humano manipule objetos a través del robot como si fueran sus propias manos. Esto se consigue gracias a un sofisticado sistema de retroalimentación háptica.

Los drones submarinos

Estas naves no tripuladas han acaparado últimamente muchas noticias. Su uso mas conocido es el militar, pero tiene otras utilidades como el control del tráfico, para transmitir información sobre catástrofes o seguimiento de especies, entre otras. Una de las últimas ha sido para filmar objetos arqueológicos sumergidos a grandes profundidades.

Open Rov

Trident, de Open Rov

La Armada de los Estados Unidos y General Motors están trabajando en el desarrollo de un dron submarino que incorpora la tecnología de la pila de hidrógeno, ya empleada en algunos automóviles.

Cracuns de la John Hopkings

Cracuns, de la Universidad John Hopkings

Incluso se está ya investigando en otros sistemas como los biobots, que son máquinas que se adhieren al cuerpo de los insectos.

Todos son tecnología que nació para usos militares, que con el tiempo está aplicándose a otras tareas, entre las que se encuentra poder observar el océano, la evolución de sus especies o facilitarnos que podamos acercarnos a los pecios que se hallan a grandes profundidades y poder conseguir rescatar algunas de sus valiosas piezas.

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Bajo el patrocinio de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval se ha formado un Grupo de Expertos en la Protección Jurídica del Patrimonio Marítimo y Naval (MARELEX), que fue presentado en Cartagena el día 21 de noviembre de 2016. Tiene como objetivo liderar el estudio de nuevas vías jurídicas que permitan mejorar la protección del patrimonio marítimo y naval, en especial el subacuático.

El grupo de expertos reunido en sesión constituyente en el Museo Naval de Cartagena

El grupo de expertos reunido en sesión constituyente en el Museo Naval de Cartagena

Según uno de sus miembros, el Dr. Ruiz Manteca, “en la actualidad, la protección del patrimonio naval es buena. Pero no existe una normativa específica en España, porque la ley estatal es de hace treinta años. Y esta tarea recae muchas veces en manos de la Administración regional que no tiene los recursos ni probablemente la experiencia suficiente para hacerse cargo de ella”.

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Está formado por personalidades del ámbito académico de distintas universidades, vinculadas desde hace años al patrimonio cultural desde su vertiente jurídica. Son:

  • Dr. D. Jesús Prieto de Pedro, Catedrático de Derecho Administrativo de la UNED (Madrid) y ex-Director General de Bellas Artes y Bienes Culturales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
  • Dr. D. Javier García Fernández, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de Hispania Nostra y Director de la revista Patrimonio Cultural y Derecho.
  • Dr. D. Valentín Bou Franch, Catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Valencia y autor de diversas publicaciones sobre Patrimonio Cultural.
  • Dr. D. Rafael Ruiz Manteca, Jurídico Militar, profesor de la UNED. Autor de varias obras sobre el régimen jurídico del Patrimonio Cultural Subacuático.
Mesa redonda

Los participantes de la mesa redonda

Este grupo de expertos trabajará en la mejora de las normas sobre protección del patrimonio cultural y, específicamente, en la correspondiente al patrimonio marítimo, con la finalidad de aportar y ofrecer a los poderes públicos, y a personas físicas y jurídicas de cualquier naturaleza, soluciones a los diversos problemas que pueda presentar la protección del patrimonio marítimo y naval y, muy especialmente, del patrimonio cultural subacuático, que forma parte de él.

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Con motivo de la constitución de este grupo se celebró una interesante Mesa redonda sobre “Desafíos de la protección de nuestro Patrimonio Marítimo y Naval”. Participaron todos los miembros del grupo, a los que se unió el Dr. D. Juan José Sánchez Baena, Director de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, que actuó como moderador.

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La principal misión del grupo en estos momentos debe ir dirigida a ayudar en la aplicación de la norma contra la piratería y el expolio, y a favor de la defensa y la protección de los pecios.

El grupo de expertos

El grupo de expertos reunido con los responsables de la Cátedra

En las próximas semanas daremos a conocer mas información sobre el manifiesto de constitución de dicho grupo y sus futuras actividades.

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La localización y posible recuperación de un nuevo pecio de un buque de estado español, hundido por Inglaterra a comienzos del siglo XVIII, sitúa al patrimonio cultural subacúatico, otra vez, en primera línea. Dos aspectos vuelven a ser fundamentales, la defensa y recuperación de un patrimonio cultural para la humanidad y la obligación de ofrecer el debido respeto a las 600 víctimas del naufragio.

La Cátedra, a través de uno de sus miembros, que es un reconocido experto a nivel nacional e internacional, quiere proporcionar luz sobre el tema, ofreciendo algunas consideraciones jurídicas, acompañándolas de imágenes referidas al galeón hundido en aguas del Caribe.

El Galeón español San José fue construido en Guipúzcoa en 1698 y formaba parte de la flota de la Carrera de Indias. Fue hundido por los ingleses el 8 de junio de 1708 cerca de las costa de Cartagena de Indias (Colombia), siendo su comandante José Fernández de Santillán. Más datos sobre el San José se pueden encontrar aquí.

Consideraciones sobre el pecio del buque de estado San José

por el Dr. Rafael Ruiz Manteca, experto en Derecho del Patrimonio Cultural Subacuático.

Ante el anuncio hecho recientemente por el Gobierno de Colombia de haber sido encontrado el pecio del galeón San José en aguas próximas a Cartagena de Indias, y como quiera que este anuncio y las posteriores manifestaciones que le han seguido, procedentes de diversas fuentes, han provocado una verdadera avalancha de opiniones e informaciones, creemos que interesa dejar constancia de las siguientes consideraciones de tipo jurídico:

UNESCO

a) La Convención de la UNESCO de 2001 sobre la protección del patrimonio cultural subacuático no trata de cuestiones de propiedad ni las resuelve, pues su única finalidad (que no es poca) es facilitar a los Estados la puesta en marcha de mecanismos de cooperación en orden a la protección del patrimonio cultural subacuático ubicado en los distintos espacios marinos, así como poner a su disposición unas reglas técnico-arqueológicas que permitan que dicho patrimonio sea tratado de manera científica, con abandono de prácticas espurias, como las comerciales. Y téngase en cuenta que la Convención ha sido ratificada por España pero no por Colombia.

El Galeón, con sus secciones principales. Fuente

El Galeón, con sus secciones principales. Fuente

b) Por otro lado, esta Convención es respetuosa con las normas de derecho internacional y con la práctica de los Estados (es decir, su posicionamiento respecto a cuestiones controvertidas y/o faltas de regulación internacional) relativas a las inmunidades soberanas o cualquiera de los derechos de un Estado respecto de sus buques o aeronaves de Estado. En este sentido, ocioso es recordar que desde siempre el derecho internacional ha reconocido inmunidad a los buques de guerra y otros buques de Estado operativos, siempre que los mismos sean utilizados únicamente para un servicio público no comercial (como es el caso paradigmático de la defensa nacional). Sin embargo, la Convención da un paso más y considera buques de Estado a los de guerra y otros buques de Estado que, en el momento de su hundimiento, fueran utilizados únicamente para un servicio público no comercial, de lo que se desprende que los buques de guerra hundidos (que naturalmente ya no están operativos) conservan la inmunidad de que disfrutaban cuando prestaban servicio. En este orden de cosas, la Convención no hace sino seguir la práctica reciente de bastantes Estados que se están pronunciando por atribuir a sus buques de guerra hundidos inmunidad soberana.

c) Entre estos Estados está España, que en la reciente Ley de Navegación Marítima de 2014 dispone que los buques y embarcaciones de Estado españoles naufragados o hundidos, sus restos y los de sus equipos y carga, son bienes de dominio público estatal (es decir, de España), inalienables, imprescriptibles e inembargables y gozan de inmunidad, cualquiera que sea el momento en que se produjo su pérdida y el lugar en que se encuentren.

Lugar aproximado donde se ha encontrado el pecio

Lugar aproximado donde se ha encontrado el pecio

d) En Colombia ha sido aprobada recientemente una ley (1675 de 2013, de 30 de julio) dedicada al patrimonio cultural sumergido, que ha tenido un largo proceso de elaboración. Conforme a esta ley, el patrimonio cultural sumergido (que se reconoce que forma parte del patrimonio arqueológico y que, como tal, es propiedad de la Nación) está integrado por los bienes productos de la actividad humana, representativos de la cultura y que se encuentren sumergidos en todo tipo de aguas, continentales y marinas, colombianas. Además, es necesario que lleven más de 100 años sumergidos. Pero, sin embargo, hay determinados bienes sumergidos que no se consideran patrimonio cultural subacuático, tales como los cargamentos de buques siempre que estén constituidos por materiales brutos o sean bienes muebles “seriados” que hubiesen tenido un valor de cambio o fiscal (monedas, lingotes) o sean “cargas industriales” (sic).

Ruta del San José. Fuente.

Ruta seguida por el San José. Fuente.

e) Esta ley colombiana permite la posibilidad de que el Ministerio de Cultura contrate con “entidades expertas” la realización de cualquiera de las actividades sobre el patrimonio cultural sumergido, tales como las de exploración, intervención, aprovechamiento económico y preservación. En virtud de dicho contrato, el contratista adquiere un derecho al aprovechamiento económico por la actividad que le encarga el Estado. En fin, se trata simplemente de una consecuencia del contrato, que claramente reviste naturaleza económica. Ese aprovechamiento (que sin embargo no existe cuando la actividad es meramente una prospección o exploración) puede llegar hasta el 50% del valor de los bienes encontrados o rescatados, cuando no formen parte del patrimonio sumergido, como ocurre con las monedas y lingotes, según hemos dicho.

f) En consecuencia, no hay duda de que si el galeón San José se encuentra, como parece, en el mar territorial colombiano, conforme a la ley citada últimamente sus restos son propiedad de la Nación colombiana, regulación que choca en este aspecto (el de la propiedad) con lo dispuesto en la ley española mencionada. Sin embargo, la consideración de los aspectos relativos a la inmunidad del pecio podrían ser determinantes, pues téngase en cuenta que los mismos están indisolublemente unidos a los de la propiedad. En este sentido, según sea el foro (el tribunal) elegido que conozca de un pleito de estas características (nacional de España o de Colombia o incluso un tribunal internacional), la normativa aplicada sería una u otra y la balanza podría acabar inclinándose a favor de uno u otro país.

Galeón-San-José. Fuente

Galeón San José. Fuente

g) Colombia y España mantienen en estos momentos excelentes relaciones y entendemos que deben aproximar sus intereses en este asunto, pues si bien los mismos ciertamente son contrapuestos en lo que concierne a la propiedad, sin duda son coincidentes en lo más importante, como es la preservación de unos restos que pueden ayudar de manera muy importante al avance del conocimiento histórico de la época en que el galeón se hundió. Y no se olvide que los objetos que componen el patrimonio cultural subacuático deben ser preservados o conservados en beneficio de la humanidad (Convención UN sobre el Derecho del Mar, Convención UNESCO sobre protección del patrimonio cultural subacuático), por lo que ambos países deben al mundo entero una solución de amplias miras, más allá de posturas cerradas e individualistas, huyendo de tesis decimonónicas y atrasadas. R.R.M.

Pecios en el CRIBE. fUENTE

Pecios en el Caribe.

Desde el blog “Espejo de navegantes“, el periodista Jesús García Calero ha lanzado una campaña para recoger firmas, en la que solicita a los más prestigiosos especialistas del mundo que unan su voz para pedir respeto al método científico, para que prime la Arqueología frente al negocio, para que el rescate del pecio San José sea un ejemplo de la aplicación de la mejor práctica científica sobre un buque que es Patrimonio de la Humanidad.

Lea las últimas opiniones de expertos sobre esta materia:

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Este verano se ha descubierto un mascarón de proa del siglo XV que representa a un monstruo marino. Se ha hallado frente a la costa de Ronneby, en el sureste de Suecia.

Localización del naufragio

Localización del naufragio

El mascarón, que pesa unos 300 kilos, está tallado en el último tramo, con el diseño de un monstruo con dientes feroces de naturaleza indeterminada. Johan Ronnby, profesor de Arqueología Marina en la Universidad Södertörn (Suecia), ha afirmado que el aspecto feroz se hizo con la intención de asustar y de generar miedo entre los enemigos:

“Es un monstruo marino y tenemos que discutir qué tipo de animal es. Creo que es una especie de animal de fantasía – un dragón con orejas de león y la boca cocodrilo”, “es una figura fantástica, única en el mundo”.

El mascarón visto de frente

El mascarón visto de frente

Tiene algo en la boca o a alguien siendo devorado por esta “temible bestia”. El mascarón también podría representar la cabeza de un grifo, una criatura mitológica muy conocida en la época medieval.

Subiendo el mascarón

Subiendo el mascarón

El pecio se halló por primera vez en los años 70 por unos buceadores deportivos, pero los arqueólogos empezaron a trabajar en él ya entrado el siglo XXI. Tomaron una muestra de madera de la nave y el análisis dendrocronológico reveló que ésta era originaria del nordeste de Francia, y fue cortada durante el invierno de 1482-83. Lo que puede conducirnos a pensar que el buque probablemente se construyó en Flandes o en los Países Bajos.

Imagen del hallazgo

Imagen del hallazgo

Los arqueólogos están explorando los restos del naufragio y recuperando una serie de artefactos, entre los que se incluyen nueve carros de hierro y cañones de retrocarga que están ya depositados en el Museo Blekinge. Han encontrado también varios cepos de bombarda (imagen inferior).

Algunas de las maderas recuperadas

Algunas de las maderas recuperadas, que son cepos de bombarda. La segunda por la izquierda muestra los huecos hechos para que se alojasen los aros exteriores que deban consistencia a la bombarda.

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Un dibujo para entender mejor la función de los cepos de las bombardas de la imagen anterior

Los investigadores han identificado la nave como el Gribshunden, el buque insignia de King Hans de Dinamarca, que se hundió mientras estaba anclado en Ronneby en 1495. Las fuentes históricas informan que el barco iba camino de Kalmar (Suecia), donde el rey Hans se iba a reunir con el regente sueco Sten Sture el Viejo para discutir sobre la retirada de Suecia de la Unión de Kalmar. Por razones desconocidas, el barco se incendió y se hundió, matando a muchos hombres, aunque no al rey, que fue testigo de la desaparición horrible de su buque insignia y de su tripulación.

El barco

Un buque de la época que lleva un mascarón similar. Fuente: Museo Blekinge

La ubicación de los restos del naufragio, frente a las costas de Ronneby cerca de la isla de Stora Ekon, coincide con los relatos históricos del hundimiento del Gribshunden.

El Gribshunden, una nave de gran tamaño (cuya quilla tenía al menos 35 metros de largo), es el buque de guerra armado construido con el forro del casco a tapa y no a tingladillo (la típica de la construcción escandinava) más antiguo que se ha encontrado en aguas nórdicas, y aunque la mayoría de los restos todavía están enterrados en el fondo del mar, los arqueólogos creen que puede ser la nave construida durante el siglo XV mejor conservada del mundo.

Una carraca del siglo XV (Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, ms. lat. 6142, fº B vº

Una carraca del siglo XV (Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, ms. lat. 6142, fº B vº)

Consultados los expertos de la Cátedra de Historia Naval, éstos opinan que el buque podía ser una coca o una carraca. En la imagen de este tipo de buques (dibujo anterior) se puede apreciar el armazón por encima del castillo de proa y popa, la jareta, que se hacía para defenderse de los abordajes y de la caída de las piezas de la arboladura durante el combate. También se pueden observar las grandes cofas.

En síntesis: el estudio de los restos del naufragio es de relevancia internacional, ya que se remonta a un período muy importante en la historia de la navegación y puede revelar nueva información sobre la evolución de la construcción de embarcaciones y sus intercambios entre los dos mares que bañan el viejo continente. Igualmente porque sucedieron en la era de los grandes descubrimientos, cuando los viajes trasatlánticos comenzaron a cambiar la visión que Europa tenía del mundo.

Otra vista del monstruo marino tallado en el mascarón

Otra vista del monstruo marino tallado en el mascarón, esta vez durante su traslado

Para una explicación más detallada, puede leer la entrada sobre el pecio escrita por Rolf Warming, uno de los arqueólogos que participaron en la recuperación de los restos.

Más información

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Por Carlotta Lucarini, Graduada en Arqueología e Historia por la Universidad de Florencia (Italia) y alumna en el Máster de Historia y Patrimonio Naval

El día 8 de septiembre de este año 2014 comenzó la asignatura optativa de “Buceo Científico” del Máster en Historia y Patrimonio Naval en Cartagena. Muy emocionados para la aventura que íbamos a empezar, nos presentamos en la puerta del Centro de Buceo de la Armada (CBA), dentro de la estación naval de la Algameca, para que nos dieran los pases, con objeto de poder entrar dentro de la base, ya que sería allí donde recibiríamos el curso.

InsigniaCBA

Después de la bienvenida dada por las autoridades de la Armada, nos dirigimos al muelle para enfrentarnos a las pruebas físicas que determinarían nuestra aptitud para la práctica del buceo. Las pruebas consistían en ser capaces de aguantar un minuto en apnea, picar hasta 4 metros de profundidad, nadar en apnea 18 metros y recurrir nadando 50 metros a cierta velocidad. Una vez superadas las pruebas en la mar, llegó el momento del reto que más nos preocupaba: la cámara hiperbárica.

Camara hiperbárica

Cámara hiperbárica

Nos dirigimos a la entrada del edificio principal del CBA donde, en una de las aulas está colocado el complejo hiperbárico; estábamos todos muy nerviosos y teníamos miedo de no lograr superar la prueba, haciéndonos daño en el oído y no pudiendo seguir con el curso. Íbamos entrando en la cámara en pequeños grupos, a causa de las reducidas dimensiones de la misma, siempre acompañados por un instructor, y conforme la presión iba subiendo (simulando el cambio de presión que se produce al bajar en el agua) teníamos que practicar la maniobra de compensación, fundamental en la práctica del buceo, gracias a la cual la membrana timpánica, inclinada hacia el interior del oído a causa de la presión, vuelve a recuperar su posición natural y permitiendo seguir bajando.

La prueba que más miedo nos daba al final resultó ser una de la más divertidas, porque una vez alcanzada la presión correspondiente a la que nos encontraríamos en 30 metros de profundidad, nuestras voces se oían distorsionadas como si hubiéramos inhalado helio, provocándonos risas sin parar. Con mucha lastima, al salir de la cámara tuvimos que despedir a un compañero, que por practicar de manera equivocada la maniobra de compensación se hizo daño en el tímpano de un oído y no pudo seguir con el curso.

Alumnos dentro de la cámara hiperbárica

Alumnos dentro de la cámara hiperbárica

El buceo es una disciplina que se realiza en un medio que no es propiamente el del ser humano, y desde el principio los instructores (oficiales de la Armada) insistieron mucho en explicarnos las medidas de seguridad que había que aplicar. Para bucear se necesitan unas buenas condiciones físicas y mentales, siempre hay que estar con la mente atenta en una actividad que puede resultar fatal si no se cumplen determinadas normas; cosa que los instructores no se cansaban de recordarnos cada día. Cuantas veces he escuchado esa frase a lo largo del curso: ”Lo primero es la seguridad”.

Después de haber superado la prueba de la cámara hiperbárica, se procedió a la entrega de los equipos personales que teníamos  que cuidar y que nos acompañarían a lo largo del curso. El equipo comprendía: neopreno, botella, reguladores, chaleco, plomos, gafas, aletas y un cuchillo.

Amanecer en la Algameca

Amanecer en la Algameca

Después de una demostración sobre los procedimientos para montar y preparar botella, reguladores y chaleco antes de una inmersión, nos tiramos al agua con nuestros neoprenos, plomos, gafas y aletas, para coger confianza con el equipo y sobre todo para enfrentarnos a la prueba denominada “el colirio”. La prueba consistía en llenarse las gafas de agua, aguantar un rato con los ojos abiertos (en el cual los instructores se divertían haciéndonos hablar) y vaciarlas soplando fuerte por la nariz. Después de haber intentado también recuperar los plomos en el fondo y salir del agua con ellos puestos, con un maravilloso principio de atardecer en la dársena de la Algameca, se terminó el primer e intenso día de curso.

El segundo empezó a primera hora de la mañana, como todos los siguientes, y una vez recogido el equipo de los secaderos donde lo habíamos dejado el día anterior y la botella que nos habían asignado, cargamos todo en el camión y nos dirigimos a la piscina, situada dentro del Arsenal Militar de Cartagena. La primera semana la pasamos entera en la piscina, para que nuestras primeras inmersiones fueran seguras, controladas por los numerosos instructores que nos acompañaban, y para que empezáramos a coger confianza con el equipo y con nuestro compañero.

Alumno listo para sumergirse

Alumno listo para sumergirse

Por cierto, “primera regla del buceo: la pareja”. Siempre hay que estar cerca y constantemente pendiente de tu compañero; es la persona que estará contigo a la hora de tener que solucionar cualquier problema que pueda surgir debajo del agua, e incluso es la persona que podría salvarte la vida. Poco a poco nos enseñaron cómo controlar perfectamente cada parte de nuestro equipo y cómo controlar también nuestra flotabilidad debajo del agua. Día tras día los instructores simulaban clases de problemas que se pueden tener buceando, como quedarse sin gafas, perder una aleta (o incluso dos), perder los plomos y ser capaces de volver a ponérselos, e incluso quedarse sin aire por algún fallo. Colaborando en parejas y reforzando aún más el vínculo que íbamos consolidando entre nosotros, fuimos capaces de solucionar cualquier problema que se nos presentara delante sin sacar la cabeza del agua. Al final de la semana estábamos listos para ir a la mar; habíamos cogido confianza con los equipos y con los compañeros y éramos capaces de resolver cualquier problema que se nos presentara delante.

La segunda semana empezó con inmersiones sencillas a lo largo del muelle del CBA, primero hasta 6 metros y luego hasta 10 metros y, a mediados de la semana, cargamos por primera vez todos nuestros equipos en la embarcación (La Yankee) que nos llevaría hasta el punto de inmersión.  Siempre  en parejas, nos equipábamos y nos tirábamos al agua. El protocolo era el siguiente: “gafas puestas, regulador en la boca. ¿Listo? Agua!!!!”. Con un instructor cada dos parejas empezaban así nuestras inmersiones, en las cuales hemos disfrutado de fondos y paisajes marinos fantásticos.

Alumnos e instructores en la Yankee

Alumnos e instructores en la Yankee

Los días iban pasando, la profundidad de las inmersiones aumentando, así como la experiencia que íbamos cogiendo y los vínculos se hacían mas estrechos con los compañeros y con los mismos instructores. Después de las inmersiones disfrutábamos de los lugares preciosos en los que nos sumergíamos, con un buen baño y un rico almuerzo, para luego volver “a la base”,  colocar todo nuestro equipo en los secaderos y acudir a las clases teóricas. A lo largo del curso nos impartieron clases de seguridad, de medicina y física aplicadas al buceo, nos dieron nociones de reanimación, recibimos las clases de Arqueología Subacuática y de fotografía, además de visitar el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA).

Con muchísima lastima llegamos al último día de curso en el que nos entregaron los diplomas. Fue un día lleno de emociones porque no solo dejábamos el CBA, sino también a nuestros compañeros de buceo, los instructores y a cada uno de los militares con los que tuvimos contacto.

Yankee en el punto de inmersion

Yankee en el punto de inmersion

Para mí este curso ha sido sencillamente maravilloso. He conocido a personas especiales, un sitio especial y, sobre todo, a partir de aquí ha empezado para mí una aventura nueva en una disciplina fantástica. Nunca olvidaré las sensaciones que probaba al estar debajo de veinte o treinta metros de agua: mirar hacia arriba y no poder ver la superficie, estar rodeada de bancos de peces, tan cerca que casi se podían tocar y aquella sensación tan rara de poder casi volar.

Compañeros de buceo listos para subir a la Yankee

Compañeros de buceo listos para subir a la Yankee

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