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Este paradisíaco territorio caribeño fue conocido como la isla de los demonios, ya que los primeros navegantes españoles tuvieron enormes dificultades para fondear en ella y creían que estaba habitada por estos seres malignos. Realmente era debido a su situación geográfica, pero en el siglo XVI, para los marinos hispanos, era sinónimo de desastres y de hechos diabólicos.

Localización del archipiélago de las Bermudas en el mapa

Su nombre se debe a su descubridor Juan Bermúdez, que inicialmente la nombró La Garza, como su nave, pero luego se llamó como el primer europeo que estuvo en ella. Sin embargo, España nunca la reclamó como suya, ya que tomar tierra era un auténtico milagro, según los primeros navegantes.

Las Bermudas son un archipiélago de 138 islas e islotes de escasa altitud, todos ellos en la inmediaciones de la isla principal, llamada Bermuda o Gran Bermuda.

Bermudas en una carta de principios del siglo XVIII. Fuente: BNE

Varios textos del siglo XVI hacen alusión a la idea de que la isla grande estaba embrujada o habitada por demonios, ya que los naufragios eran muy frecuentes. Escalante de Mendoza, en su Itinerario de Navegación, se refiere a que los mares cercanos a ella estaban, según los primeros navegantes de la Carrera de Indias, poblados de diablos.

“Y llegados sobre la isla de la Bermuda, nos tomó allí una tormenta, que suele tomar a todos los que por allí pasan, la cual es conforme a la gente que dicen que en ella anda, y toda la noche nos tuvimos por perdidos….”

Sin embargo, Escalante no se terminaba de creer estas historias, a pesar de que las recogía en sus textos, como sostiene Pérez-Mallaína:

Los problemas para fondear en el archipiélago

Las dificultades venían de dos fenómenos característicos: por una parte, el arrecife coralino que la rodea, con múltiples cayos, que hacen difícil la navegación en sus costas y, por otra, los ciclones y huracanes que azotaban con fuerza esta parte del Caribe, especialmente durante el verano (junio, julio y agosto).

En esta imagen se puede ver el arrecife coralino que rodea las islas

Se acaba el mito y empieza la colonización europea

Sin embargo, el naufragio de un barco inglés en estas aguas contribuyó a que los miedos a la isla demoniaca desparecieran, y a que se empezara a ver este archipiélago de otra forma. Así, en 1609 un navío, el Sea Adventure, que formaba parte de la flota que la Compañía de Londres mandó a Virginia (hoy en Estados Unidos) con alimentos y colonos, naufragó al entrar en el arrecife, como consecuencia de una tormenta. No hubo víctimas, pero los viajeros debieron permanecer en las islas durante más de nueve meses, hasta que consiguieron finalizar la construcción de dos naves que los transportarían a la colonia británica de Virginia, su destino, ya en mayo de 1610.

Imagen actual de un huracán en esta zona

El barco inglés que naufragó estaba a cargo del almirante George Sommers, y con él viajaban unas ciento cincuenta personas. Entre ellas estaba el nuevo gobernador de Virginia, Thomas Gates, además del capitán Christopher Newport y el secretario de la colonia, William Strachey. Este último escribió unas memorias tituladas “A true reportory of the wracke, and redemption of Sir Thomas Gates Knight” (Un verdadero informe del naufragio y redención del Caballero Sir Thomas Gates). La obra completa aparece en este enlace. Como curiosidad añadimos que parece que fue este testimonio el que sirvió de inspiración a William Shakespeare para la composición de una de sus obras, La Tempestad, en 1611.

Para concluir

Un archipiélago que ocasionaba problemas para llegar a él se calificó como demoniaco, debido a la superstición de la época. Las leyendas sobre seres diabólicos eran muy frecuentes en el mundo de la navegación y estaban especialmente asociadas a territorios desconocidos. Buena prueba de ello son las magníficas cartas portulanas, pobladas de monstruos, basadas en animales mitad fantásticos, mitad reales, pero casi todos imponentes y amenazadores. Otro ejemplo es el de las islas Galápagos, que durante mucho tiempo se consideró que estaban encantadas.

Más información

BOJAKOWSKI, Piotr. The Western Ledge Reef Wreck: continuing research on the late 16th-/early 17th-century Iberian shipwreck from BermudaPost-Medieval Archaeology, 2011, 45, 1, p. 18-40.

FERNÁNDEZ MORENTE, Guadalupe. Juan Bermúdez: Descubridor de las Islas Bermudas. En Actas de las Jornadas de Historia sobre el Descubrimiento de América: Jornadas IV, V y VI (2008, 2009 y 2010). Universidad Internacional de Andalucía, 2011, p. 117-130.

FORTENBERRY, Brent. Bermuda: Celebrating 400 Years of History. Routledge, 2017.

MOYA SORDO, Vera. El miedo en el escenario del viaje atlántico ibérico, siglos XV-XVICuadernos de Estudios Gallegos, 2013, 60, 126, p. 225-253.

PÉREZ-MALLAÍNA BUENO, Pablo Emilio. El hombre frente al mar: naufragios en la carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII. Sevilla: Universidad, 1996.

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Las islas suelen tener historias realmente interesantes y su situación geográfica las lleva a formar parte de acontecimientos importantes. Éste es el caso de una que ha actuado a modo de puente entre España y Francia durante la Edad Moderna. Es la isla de los Faisanes, un pequeño territorio situado en el río Bidasoa, que actualmente es un condominio que comparten ambos países. Ocupa un espacio de 114 por 25 m. y se encuentra en la frontera, de modo que una orilla es española y la otra es gala.

condominio

Aparte de ser el condominio más pequeño del mundo y de haber estado poblado desde la prehistoria, formó parte de grandes imperios e importantes reinos. Actualmente está administrado durante 6 meses por España (de febrero a julio) y otros 6 por Francia (de agosto a enero). Su nombre, por cierto, no se debe a que en ella hubieran vivido faisanes alguna vez, sino a que era conocida como isla de paso y de ahí se llegó, con los siglos y con las múltiples traducciones, a su actual denominación.

Isal faisanes de J Salis s XX

La isla de los Faisanes en una pintura de J. Salis (siglo XX)

Aunque ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, los que más se recuerdan son las firmas de varios tratados franco-españoles. El primero se ratificó en 1615, sellándose con la boda del rey francés Luis XIII y la princesa española Ana de Austria, hija de Felipe III. Paralelamente los hermanos de ambos (Isabel de Borbón y el futuro Felipe IV) también contrajeron matrimonio en este enclave.

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Ana de Austria, reina de Francia, pintada por Rubens. Museo del Louvre

Casi cincuenta años después allí se firmó la Paz de los Pirineos (1659). El tratado ponía fin a una etapa llena de hostilidades entre ambas naciones, iniciadas en 1620, cuando Francia entró en la Guerra de los Treinta Años, tras la victoria de las tropas españolas contra los rebeldes holandeses y los suecos en Nördlingen. Acabada esta guerra en 1648, ambos reinos prolongaron su lucha hasta la firma de la paz. Los representantes de Felipe IV y de Luis XIV (Luis de Haro y el cardenal Mazarino, respectivamente), reunidos en la isla de los Faisanes, debatieron durante meses los términos del acuerdo.

Comitiva segun P Castillo

Llegada de las comitivas española y francesa al pabellón de la isla de los Faisanes,  en un dibujo de Pedro de Villafranca. BNE Fuente

En este tratado también se acordó otra boda, esta vez entre el rey de Francia Luis XIV  y la infanta española María Teresa de Austria (ambos hijos de los contrayentes anteriores). Este segundo encuentro es el que se recoge en las ilustraciones.

Pabellon rey

El pabellón del rey de España y la pasarela para llegar a la isla

La firma el tratado

Se hicieron varias representaciones del encuentro franco-español (Chavarría 2010). Aquí recogemos dos que ilustran este acuerdo de paz. En el primero se detallan muchos de los preparativos (que son la mayoría de las imágenes aquí incluidas) y en el segundo se representa, además, la comitiva real.

vision global

Isla de los Faisanes, llamada aquí “de la Conferencia”,  por ser el centro de reunión franco-español para la firma de los tratados de paz. Obra de S.P. de Beaulieu. Fuente: Gallica

El autor del primero fue Sébastien Pontault de Beaulieu (1612-1674), un ingeniero, militar y dibujante francés. Recoge con enorme detalle la disposición de las tropas de ambos reinos, el camino a recorrer por los monarcas y dónde se debían situar para firmar el tratado.

Distribucion isla

Distribución de la isla durante la firma del tratado. Se puede apreciar la línea divisoria y a la izquierda un espacio común

Para la firma debían cruzar desde la orilla, por lo que para que fuera más fácil y no tuvieran que embarcar, se creó un pontón con barcas.

Ponton con barcas

Pontón con barcas

Entre las tropas dibujadas destaca la infantería española y los caballeros de Luis de Haro (sobrino del Duque de Olivares). Por parte francesa también aparecen los conocidos mosqueteros, aunque en el dibujo se les llama guardias de Mazarino. Éstos inspiraron al autor Alejandro Dumas, que escribió la famosa novela sobre “Los Tres Mosqueteros”. La reina que aparece en dicha obra es Ana de Austria, la infanta española hija de Felipe III, que se había casado con Luis XIII, y a la que Dumas atribuye la relación amorosa con el Duque de Buckingham.

Mosqueteros de Mazarino

Los famosos mosqueteros

El autor del segundo dibujo fue Adam Perrelle, que trabajó con el primero. En su ilustración aparece el séquito desfilando por la pasarela creada para la firma de la paz.

Comitivas

Detalla del dibujo de A. Perrelle en el que aparecen las comitivas reales por le pontón, dirigiéndose a la isla para firmar el tratado

Síntesis

Una pequeñísima isla que gracias a su situación estratégica ha sido teatro de operaciones diplomáticas, así como lugar de acuerdo de importante bodas entre la realeza de la casa de Austria española y la de Borbón francesa. Por ello ha quedado inmortalizada en diferentes representaciones, lo que nos permite apreciar importantes detalles de acontecimientos del siglo XVII, como la disposición de las tropas o la división establecida para la firma de la paz, así como poder ver dibujados a los famosos mosqueteros.

Nota: ambas ilustraciones se pueden encontrar en la Biblioteca Digital Hispánica. La primera está en un libro, acompañada de otras imágenes, con los textos y los asistentes al acto de la firma del tratado de paz: Les Plans, et Profils des principales Villes, et lieux considerables de la Principauté de Catalogne (p. 89 y ss). La segunda en la obra titulada L’Isle de la Conference: ou la Paix generalle a esté conclue entre la France et l’Espagne le 7 Novemb. 1659. El repositorio digital de la Biblioteca Nacional francesa tiene la primera ilustración (Plan de l’Isle des Faisans à présent…), aunque no se incluye el autor.

Más información

COLOMER, José Luis (ed.). Arte y diplomacia de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Madrid: CEEH, 2003.

CHAVARRÍA MÚGICA, Fernando. La frontera ceremonial y la frontera real: el Tratado de los Pirineos y la reavivación del conflicto por el dominio del río Bidasoa (1659-1668). Del tractat dels Pirineus a l’Europa del segle XXI: un model en construcció?: actes del congrés; Barcelona-Perpinyà, 2010.

DE CÁRDENAS, Juan F. La misión de D. Antonio Pimentel… y el Cardenal Mazarino y D. Luis de Haro frente a frente en la isla de los Faisanes. Patronato de la Universidad de Deusto (s.f.).

GARCÍA PIQUER, Deborah. La paz en la emblemática y el arte en el contexto de la Paz de los Pirineos (1659). Imágenes nupciales y festivas. Fòrum de Recerca, 2016, 21, p. 119-136.

PANCORBO, Luis. La isla de los Faisanes. Viajar: la primera revista española de viajes, 2016, 445, p. 96.

SÁINZ, Luis Ignacio. La isla de los faisanes: Diego de Velázquez y Felipe IV,  Reflexiones sobre las representaciones políticasArgumentos, 2006, 19, 51, p. 147-167.

 

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El Atlántico es el segundo océano más grande de la Tierra tras el inmenso Pacífico. En su devenir geológico se han producido multitud de acontecimientos, entre los cuales figura la aparición de islas como consecuencia de la erupción de volcanes submarinos. Algunas son enormes, pero otras más pequeñas apenas se conocen, incluso hay veces que ni siquiera aparecen en los mapas. Aunque desde tierra parezca innecesaria su localización, cuando se cruza el Atlántico es básico conocer los posibles puntos de fondeo, avituallamiento o incluso refugio. Y en este sentido las islas perdidas en medio del Océano son claves en los momentos de angustia que se viven en el mar.

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El archipiélago de Tristán de Acuña en un antiguo dibujo. Fuente

En esta entrada nos vamos a centrar en un archipiélago, el de Tristán de Acuña, que está en el hemisferio sur, en mitad del mar, a más de 2000 km, de dos continentes (América y África). A pesar de que fue descubierto por un navegante portugués, hoy está bajo dominio británico.

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Localización de la isla según Google Maps

Tristán de Acuña

Tristán da Cunha (ca. 1460-1540) fue un navegante y diplomático portugués, miembro del Consejo Real. En 1506 zarpó hacia el Índico acompañado de Alfonso de Alburquerque al frente de una poderosa escuadra en busca de un importante cargamento de especias. En plena travesía, antes de doblar el Cabo de Buena Esperanza, descubrió las islas que posteriormente fueron bautizadas con su nombre.

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Detalle de las islas del archipiélago en un mapa de Teixeira (siglo XVI). Fuente: Gallica

El archipiélago de Tristán de Acuña

Debido a su lejanía de cualquier otra parte habitada del mundo, las islas han estado la mayor parte del tiempo deshabitadas. Algunas naciones como Francia u Holanda intentaron poblarlas, pero al final desistieron, tanto por su aislamiento y difícil acceso a tierra, como por tener altos acantilados.

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La isla se generó, como puede verse claramente en la imagen, por la acción de un volcán

El archipiélago que lleva este nombre se compone de tres islas, la de Tristán da Cunha, la Inaccesible y la Nightingale, y de dos islotes, Middle y Stoltenhoff. Administrativamente es una dependencia de Santa Helena, lugar habitado más cercano situado al Norte (que está a 2.173 km.). Santa Helena es una colonia británica, muy conocida porque fue uno de los lugares de destierro de Napoleón.

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Mapa del archipiélago Tristán de Acuña. Fuente

Fue utilizada por balleneros y cazadores de focas, de donde provienen los primeros asentamientos en 1817. Actualmente sólo está habitada la isla principal. Cuenta con unos 300 habitantes concentrados en su capital, Edimburgo de los Siete Mares.

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Una vista de la capital, Edimburgo de los Siete Mares

Estas islas “perdidas” fueron esenciales para los navegantes, ya que cuando recorrían enormes distancias, el avistamiento de tierra era un descanso, que además les permitía refugiarse de tormentas, así como hacer aguada y cargar provisiones, si el lugar era propicio.

Más información

Bienvenidos a Tristán de Acuña, el lugar habitado más remoto del mundo. Destinos experienciales, 2018.

GALLEGO COSME, Mario J. Geopolítica del Atlántico Sur: insularidad y proyección del poderRevista de Relaciones Internacionales de la UNAM, 2014, 119.

Tristán de Acuña, el lugar habitado más remoto del mundo. Triángulo equidlátere. s.f.

 

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La forma más completa y más exacta de representar la Tierra es sobre una superficie esférica, es decir, mediante un globo terráqueo. En él se incluyen todos los océanos, mares y continentes de la Tierra. Es, por lo tanto, un modelo tridimensional a escala, y también la única representación geográfica que no tiene distorsión geométrica. El primero que ha llegado a nuestros días es tan antiguo que ni siquiera incluye el continente americano. De hecho, se cree que Cristóbal Colón trabajó con él. Aparte de ser el más longevo, nos transmite muchas evidencias del saber cartográfico de su época y una serie de imágenes de indudable valor estético e histórico.

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El mar Mediterráneo y una parte de los continentes europeo y africano

Su autor

Martin Behaim (1459-1507) era un comerciante y cartógrafo alemán, nacido en Bohemia, que tras recorrer varias naciones europeas llegó a Portugal en misión comercial. Allí conoció a su futura mujer, y gracias a estas relaciones tuvo ocasión de entrar en la corte portuguesa, así como de ponerse al servicio del rey luso Juan II. Distintos autores contemporáneos lo llaman Martín de Bohemia y hablan de sus logros (como por ejemplo Pigafetta).

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El globo Behaim en distintas posiciones

“El mundo es esférico, como una manzana”

El globo

El que aquí exponemos se llevó a cabo en 1492 por orden de los gobernantes de la ciudad alemana de Nuremberg, y se conoce como el globo Behaim o Erdapfel. 

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De izquierda a derecha se pueden apreciar las figuras de distintos reyes africanos, el Nilo, el mar Rojo y parte de la península arábiga

Además de la representación de la Tierra hay abundante información textual que orienta e ilustra sobre la geografía allí descrita. Se enumeran alrededor de 2000 ubicaciones geográficas y aparecen unas 200 imágenes en miniatura, que ilustran una gran variedad de temas políticos, religiosos, fantásticos, comerciales, de historia natural, marítimos y navales, entre otros.

Las miniaturas

En las imágenes aparecen representados animales terrestres y marinos (peces, focas, ballenas, hipocampos, así como vacas, serpientes y leones marinos). Además, se dibujan once embarcaciones.

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Una embarcación navegando en popa con un solo papahigo, posiblemente una carraca, en el Océano Índico, cerca de Madagascar.

Las banderas marcan los dominios de cada nación. También muestra, por ejemplo, cuarenta y ocho reyes o gobernantes sentados en carpas o en tronos, según los lugares de origen.

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Esta imagen se corresponde con la parte del continente asiático, muy distinta de la actual

A diferencia de los mapas medievales del mundo, no incluye la representación del paraíso. Pero sí que dibuja en Oriente Medio otros símbolos religiosos, como por ejemplo, entre el Mar Negro y el Mar Caspio, se ve el Arca de Noé, que está varada como una cabaña blanca en el Monte Ararat. A la derecha del Mar Rojo, se sitúa La Meca, debajo de la inscripción “Arabia Petrea”.

La geografía

Con influencias tanto de la Antigüedad grecolatina y de libros de viajes, como de los tradicionales mapas medievales y de los portulanos de la Baja Edad Media, Behaim ofrece una visión del mundo integrada, que refleja muy bien el saber geográfico del momento, justo el mismo año en el que Colón salió del puerto de Palos hacia las Indias. Por ese motivo hay una gran masa de agua que bordea los tres continentes recogidos, y en ella confluyen los actuales océanos Atlántico y Pacífico.

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Entre la isla que se sitúa a la derecha, que se corresponde con lo que hoy es Japón, y el continente europeo, no aparece nada más que un gran mar. Behaim aprovecha este “vacío” para incluir texto y algunas imágenes

Australia, la terra australis, tampoco está dibujada ya que deberían pasar años hasta su inclusión en los primeros mapas. Nos consta que fue una expedición española al mando del portugués Pedro Fernández de Quirós la que descubrió el archipiélago de las Nuevas Hébridas (actualmente es Vanuatu) en 1606, y que a su isla más grande decidieron denominada Austrialia del Espíritu Santo. Se estaba entonces dando forma el nombre del continente, a pesar de que inicialmente Australia fue conocida como Nueva Holanda.

El colonialismo temprano en la zona litoral oeste de África facilitó que se pudieran incluir detalles de las líneas costeras, así como nombres de algunos ríos y otros puntos de referencia.

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Costa oeste de África y parte del Océano Atlántico, con escudos y banderas portugueses

Los dos polos aparecen como Terra Incognita, ya que en ese momento no se conocía qué había más allá. La región del Polo Sur está ocupada por el Águila de las Vírgenes de Nuremberg, el escudo de la ciudad que impulsó la construcción de este globo.

Curiosidades de esta representación del mundo de 1492

Aunque son muchas, destacamos las que consideramos que pueden ser de mayor interés. La idea del exotismo oriental se puede comprobar en la descripción de la actual Sri Lanka, ya que según Behaim, el “rico rey de Ceilán tiene el rubí más grande y hermoso del mundo y su gente va desnuda”. 

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La isla de Sri Lanka (Ceilán), aquí llamada Taprobana

Aparecen igualmente animales fantásticos (sirenas, sátiros, hombres con cabeza de perro). También se incluye Cipango, el actual Japón, como una gran isla entre Asia y Europa.

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Sureste asiático. Se ven muchas islas más pequeñas y una grande, que es Cipango, la actual Japón.

Muchos de los pasajes hacen referencia a recursos económicos, como las especias más caras, por ejemplo, la pimienta, la nuez moscada y la canela, lo que refleja perfectamente el oficio de su autor. Gran parte del texto incluido en la esfera proviene de la época de Behaim, aunque luego se realizaron algunos añadidos.

Estado actual de conservación

Los mares del globo originalmente tenían un color azul claro. El envejecimiento y las múltiples restauraciones mal hechas llevaron a una imagen que ahora es difícil de leer con un mar de color gris oscurecido. Se puede ver cómo está actualmente en el vídeo y en el dibujo que aparece abajo, porque el resto de las imágenes se han mejorado para que se pueda apreciar la riqueza y belleza de la obra de Behaim.

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Un dibujo actual del globo de Behaim, en el que se puede observar, además de la ballena, las naves y resto de figuras, el color oscuro del agua marina, producto del envejecimiento

El globo en 3D

Actualmente se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional alemana, en Núremberg, y gracias al repositorio digital de otra Biblioteca Nacional, la de Francia, se puede ver el globo en color, mejorado y en 3 dimensiones.

En síntesis, es otra indudable joya de nuestro patrimonio naval, muy desconocida, estéticamente muy valorable y una fuente primaria básica, con importantes conocimientos históricos, geográficos, mitológicos, políticos y económicos de los inicios de la Edad Moderna.

Más información

MORRIS, J.G. Martin Behaim: The German Astronomer and Cosmographer of the Times of Columbus, Baltimore: Maryland Historical Society/John Murphy & Co., 1885.

NICKEL, H. The Seven Shields of Behaim: New Evidence. Metropolitan Museum Journal, 1995, 30, 29-51.

POHLE, J. Martin Behaim (Martinho da Boémia) e os Açores. Boletim do Núcleo Cultural da Horta, 2012, 21, p. 189-201.

RAVENSTEIN, E.G. Martin Behaim, his life and his globe. Londres, 1908.

Nota: Informamos a nuestros lectores que a partir de ahora las imágenes que aparecen en este blog, sobre las que se ha intervenido para mejorarlas, ampliarlas, eliminar ciertos desperfectos o que los detalles se puedan ver mejor, llevarán la marca de la Cátedra. Por supuesto se mantendrá al pie de página la fuente de la que se han extraído. Hemos tenido que hacer ésto porque varias webs y blogs han copiado literalmente las entradas, texto e imagen, sin citar adecuadamente el origen. A los miembros del equipo de esta bitácora nos supone mucho tiempo y esfuerzo la elaboración de cada una de las entradas semanales y no nos parece correcto que se copien, ni que se reproduzcan sin ni siquiera citar el blog del que se han copiado. Para facilitar las citas se añadirá, a partir de ahora, una forma internacional de referencia, la norma ISO 690, tanto para citar en papel como para las que sean digitales (en ambas sólo hay que añadir en qué fecha se ha consultado, cuyo formato aparece marcado en color rojo).

Cómo citar esta entrada

En papel

CHAÍN NAVARRO, Celia. La representación del mundo en 1492. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, 26 de marzo de 2019. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2019/03/26/la-representacion-del-mundo-en-1492/ [Fecha de consulta:  día, mes y año]

En webs, blogs y resto de recursos virtuales

CHAÍN NAVARRO, Celia. La representación del mundo en 1492. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, marzo de 2019 [Fecha de consulta:  día, mes y año]

 

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Hay muchos países cuya vinculación con el mar aparece hasta en sus leyendas fundacionales y un buen ejemplo de ello es Nueva Zelanda. Situada en Oceanía, cuyo nombre representa al dios del mar, y rodeada por las aguas del inmenso Pacífico, la tradición aborigen cuenta una historia que evoca elementos marítimos característicos, que con alguna variación ha sobrevivido hasta nuestros días. Incluso hay investigadores que opinan que este país forma parte de un nuevo continente junto a Nueva Caledonia, que llaman Zealandia.

Se compone de dos islas grandes, la Isla Norte y la Isla Sur, con algunas más pequeñas. Está ubicada en el borde entre dos placas tectónicas y forma parte del denominado “cinturón de fuego” alrededor del Océano Pacífico, por lo que la actividad volcánica está presente en su territorio.

Tiene una biología muy característica como producto de su extraordinaria geología. Hace 200 millones de años existía una única masa terrestre, llamada Gondwana. Este supercontinente inicial se separó y dos de los bloques terminaron constituyendo Australia y Nueva Zelanda, aislándolas del resto del mundo y dando lugar, como resultado de la evolución, a plantas y animales únicos.

Dibujo de un kiwi

Los maoríes, sus habitantes aborígenes, la denominan Aotearoa, que también era el nombre de la canoa del primer explorador que según algunas tradiciones llegó a estas tierras.

Familia aborigen en Dusky Bay. A voyage towards the south pole, and round the World (s. XVIII). Fuente BNE.

El nacimiento mágico de la islas 

Las leyendas maoríes cuentan que Nueva Zelanda surgió gracias al semidiós Mäui (el hijo pequeño del dios del inframundo), que literalmente pescó la Isla Norte. Lo que ha dado lugar a una narración que intenta explicar este mágico hecho.

Todo empezó porque los hermanos mayores de Mäui no querían que fuera con ellos de pesca, así que un día se escondió al fondo de la embarcación y no salió de ella hasta estar alejados de la costa.

Para pescar usó un hueso mágico que había heredado de su abuela y como cebo obtuvo sangre de su propia nariz. La primera pieza que cobró fue un enorme pez, que sacó con ayuda de sus hermanos, y que figuradamente representaba la que sería la Isla Norte. Maui advirtió que esperaran hasta que se hubiese apaciguado a Tangaroa, el dios del océano, antes de que comenzaran a cortarlo en trozos. Así, se cuenta que el accidentado litoral fue causado por los hermanos de Mäui, mientras usaban sus cuchillos para cobrar las partes de la presa.

Realmente esta parte norte del país parece un pez. Algunos de los mitos señalan que la canoa que usó Mäui se terminó convirtiendo en la Isla Sur y que con su ancla se formó el archipiélago de las Chatham, aunque hay variaciones a este respecto, ya que otras tradiciones afirman que el ancla es otra de las islas situadas al sur.

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Las islas Chatham están situadas a la derecha de las dos más grandes.

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Las piedras redondas de la isla Sur

También es conocido el origen legendario atribuido a las fantásticas piedras redondas de Moeraki (un pequeño pueblo de pescadores que parece detenido en el tiempo), en la isla del sur de Nueva Zelanda. Estas formaciones rocosas prehistóricas naturales se relacionan con las calabazas que arrastró la marea en el naufragio de una de las ancestrales canoas que llevaron a los maoríes a Nueva Zelanda. Para ellos son rocas sagradas y piensan que las señales que presentan las piedras son marcas de las redes de pesca de sus antepasados.

Así de sencillo de escuchar, pero difícil de explicar, la leyenda fundacional nos cuenta que una de las grandes islas neozelandesas era un pez y la otra un barco, mientras que el ancla terminaría formando alguno de los pequeños archipiélagos. Por otra parte, la que está basada en las piedras redondas, habla de una gran canoa que cruzó el mar para colonizar estas tierras del continente austral. Son algunas de las muchas historias del origen mágico de las tierras que siembran el inmenso Océano Pacífico, en las que el mar es el protagonista indiscutible.

Más información

COOK, J. A voyage towards the south pole, and round the World: Performed in His Majesty’s ships the Resolution and Adventure, in the years, 1772, 1773, 1774 and 1775. London: Printed for W. Strahan & T. Cadell, 1777.

Más leyendas

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A lo largo de la historia los portulanos y las cartas náuticas han recogido islas que parece que sólo estaban en la mente de algunos navegantes. Sobre ellas han ido surgiendo leyendas, fábulas, monarcas invencibles, princesas bellas e indefensas y un sinfín de cuentos que durante siglos han avivado la memoria y el sentir de muchos pueblos. Todo ello sin contar las expediciones que algunos reyes mandaron llevar a cabo para descubrirlas y colonizarlas, para mayor gloria de su reinado.

Isla de Brasil en un portulano anónimo renacentista

Algunas no han sido identificadas todavía, y por parte de los geógrafos se mantiene la duda sobre cuál de las islas o costas del entorno en el que se dibujaron podían ser. Otras han sido ya descartadas, y aparecen como islas fantasma.

india en el mapa de Ptolomeo

Taprobana en el mapa de Ptolomeo

Han sido varias las que han ido surgiendo en la cartografía, que las ha recogido especialmente durante los primeros siglos de la edad moderna. De todas ellas vamos a repasar las más conocidas: Tile, Brasil y San Borondón, todas aparecidas en el Océano Atlántico, como islas fantasma, y otras que parece que ya están identificadas, pero que al comparar las cartas antiguas con las actuales surgen ciertas dudas, como es el caso de Taprobana, esta vez en el Índico.

Taprobana en un portulano de 1580

Tile

Tile es una ínsula famosa desde la Antigüedad clásica, de la que escribió Piteas tras su viaje al Mar del Norte, y que dijo haber visitado.

Tile en Prunes

Isla de Tile en el mapa de Prunes (1559)

Los cartógrafos, interesados en incluir nuevas tierras descubiertas, tuvieron siempre en cuenta esta misteriosa isla, que a día de hoy no sabemos si se refiere a Islandia, Groelandia o a alguna parte de la costa noruega.

Tile en la carta de O. Magnus (1539)

San Borondón

Otra isla mitológica es San Borondón, pero esta tiene un origen medieval. Con un profundo vínculo con leyendas y fábulas de la época, la crónica habla de un obispo, San Brandón, que tras navegar en peregrinación por el Atlántico, fondeó en la costa y cuando se dio cuenta, ésta era un gran pez, no tierra firme. Es muy posible que San Borondón sea la fábula vinculada con la historia marítima más reproducida en época medieval.

Isla de Brasil

La situaban cercana a la costa oeste de Irlanda y ha sido colocada en los mapas desde el siglo XIV.

La isla de Brasil en pleno Atlántico. Joan Martínes (1589)

Vista un poco más alejada de la isla, en donde se ve que está relativamente próxima a la costa irlandesa

Según Barry Cunliffe, profesor de la Universidad de Oxford, Brasil es la más intrigante de todas las legendarias islas del Atlántico:

“La leyenda se remonta mucho más atrás, probablemente a los tiempos precristianos, apareciendo primero en el siglo VII en el texto irlandés conocido como “La aventura del hijo de Bran de Febal”, que habla de la visita de Bran a esta isla del otro mundo sostenida por pilares de oro donde se hacían juegos, la gente siempre estaba contenta, no había enfermedades y siempre se escuchaba la música; verdaderamente una tierra de benditos”.

Isla de Brasil en la carta de Joan Martines (1589)

Taprobana

Taprobana es una isla de la que se empezó a hablar también en época antigua. Se sitúa siempre en la parte sureste de la India. Los navegantes egipcios que se atrevían a viajar a las costas de la India escribieron sobre ella, y de hecho Ptolomeo la menciona y dibuja en su célebre mapa. Suele aparecer como una gran isla cercana al continente asiático.

Taprobana

La isla en la Geografia de Ptolomeo

Como actualmente sabemos que su tamaño, en comparación con la península indostánica, es bastante menor, choca encontrar una inmensa isla cerca de una pequeña costa sobresaliendo del continente asiático, tal y como lo dibujó Ptolomeo. Y aunque hoy casi todo el mundo admite que es el nombre de Ceilán, ha habido quienes han pensado que Taprobana podía corresponderse con la parte sur de la India o de las islas de Malasia.

Taprobana en Agnese

Taprobana en el portulano de Agnese (1541)

Sintetizando, maravillosas fábulas que hoy nos entretienen y que para algunos investigadores son un interesante material de trabajo y análisis sobre la mentalidad de estas épocas, la conexión, o falta de ella, con lo marítimo y también acerca de la forma de entender el mundo.

 Más información

La maravillosa historia de las islas fantasma que tuvieron que ser borradas de los mapas. BBC. 2018.

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