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Posts Tagged ‘– Islas’

A lo largo de la historia los portulanos y las cartas náuticas han recogido islas que parece que sólo estaban en la mente de algunos navegantes. Sobre ellas han ido surgiendo leyendas, fábulas, monarcas invencibles, princesas bellas e indefensas y un sinfín de cuentos que durante siglos han avivado la memoria y el sentir de muchos pueblos. Todo ello sin contar las expediciones que algunos reyes mandaron llevar a cabo para descubrirlas y colonizarlas, para mayor gloria de su reinado.

Isla de Brasil en un portulano anónimo renacentista

Algunas no han sido identificadas todavía, y por parte de los geógrafos se mantiene la duda sobre cuál de las islas o costas del entorno en el que se dibujaron podían ser. Otras han sido ya descartadas, y aparecen como islas fantasma.

india en el mapa de Ptolomeo

Taprobana en el mapa de Ptolomeo

Han sido varias las que han ido surgiendo en la cartografía, que las ha recogido especialmente durante los primeros siglos de la edad moderna. De todas ellas vamos a repasar las más conocidas: Tile, Brasil y San Borondón, todas aparecidas en el Océano Atlántico, como islas fantasma, y otras que parece que ya están identificadas, pero que al comparar las cartas antiguas con las actuales surgen ciertas dudas, como es el caso de Taprobana, esta vez en el Índico.

Taprobana en un portulano de 1580

Tile

Tile es una ínsula famosa desde la Antigüedad clásica, de la que escribió Piteas tras su viaje al Mar del Norte, y que dijo haber visitado.

Tile en Prunes

Isla de Tile en el mapa de Prunes (1559)

Los cartógrafos, interesados en incluir nuevas tierras descubiertas, tuvieron siempre en cuenta esta misteriosa isla, que a día de hoy no sabemos si se refiere a Islandia, Groelandia o a alguna parte de la costa noruega.

Tile en la carta de O. Magnus (1539)

San Borondón

Otra isla mitológica es San Borondón, pero esta tiene un origen medieval. Con un profundo vínculo con leyendas y fábulas de la época, la crónica habla de un obispo, San Brandón, que tras navegar en peregrinación por el Atlántico, fondeó en la costa y cuando se dio cuenta, ésta era un gran pez, no tierra firme. Es muy posible que San Borondón sea la fábula vinculada con la historia marítima más reproducida en época medieval.

Isla de Brasil

La situaban cercana a la costa oeste de Irlanda y ha sido colocada en los mapas desde el siglo XIV.

La isla de Brasil en pleno Atlántico. Joan Martínes (1589)

Vista un poco más alejada de la isla, en donde se ve que está relativamente próxima a la costa irlandesa

Según Barry Cunliffe, profesor de la Universidad de Oxford, Brasil es la más intrigante de todas las legendarias islas del Atlántico:

“La leyenda se remonta mucho más atrás, probablemente a los tiempos precristianos, apareciendo primero en el siglo VII en el texto irlandés conocido como “La aventura del hijo de Bran de Febal”, que habla de la visita de Bran a esta isla del otro mundo sostenida por pilares de oro donde se hacían juegos, la gente siempre estaba contenta, no había enfermedades y siempre se escuchaba la música; verdaderamente una tierra de benditos”.

Isla de Brasil en la carta de Joan Martines (1589)

Taprobana

Taprobana es una isla de la que se empezó a hablar también en época antigua. Se sitúa siempre en la parte sureste de la India. Los navegantes egipcios que se atrevían a viajar a las costas de la India escribieron sobre ella, y de hecho Ptolomeo la menciona y dibuja en su célebre mapa. Suele aparecer como una gran isla cercana al continente asiático.

Taprobana

La isla en la Geografia de Ptolomeo

Como actualmente sabemos que su tamaño, en comparación con la península indostánica, es bastante menor, choca encontrar una inmensa isla cerca de una pequeña costa sobresaliendo del continente asiático, tal y como lo dibujó Ptolomeo. Y aunque hoy casi todo el mundo admite que es el nombre de Ceilán, ha habido quienes han pensado que Taprobana podía corresponderse con la parte sur de la India o de las islas de Malasia.

Taprobana en Agnese

Taprobana en el portulano de Agnese (1541)

Sintetizando, maravillosas fábulas que hoy nos entretienen y que para algunos investigadores son un interesante material de trabajo y análisis sobre la mentalidad de estas épocas, la conexión, o falta de ella, con lo marítimo y también acerca de la forma de entender el mundo.

 Más información

La maravillosa historia de las islas fantasma que tuvieron que ser borradas de los mapas. BBC. 2018.

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La cartografía es una disciplina que, además de proporcionar disfrute estético, sirve como evidencia, como foto fija de cómo se entendía el mundo, o la zona cartografiada, en un momento de la Historia. Este es el caso del mapa que aquí nos ocupa, y en el que podemos observar cómo se veían las últimas islas recién descubiertas o detectar ciertos errores geográficos propios de la época.

Bajo la denominación de “Mapa nuevo y preciso del mundo”, Nicolaas Visscher (1618-1679) publicó en 1658 esta ilustración (muy influenciada por la obra del gran Blaeu, y en especial por su mapa mundi publicado diez años antes). Visscher pertenecía a la tercera generación de una prominente familia de cartógrafos, en plena edad de oro de la cartografía holandesa, conocidos por la exactitud de sus mapas y la innovadora ornamentación de sus obras.

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El mapa mundi de Visscher (1658)

Este mapa representa el mundo como era conocido a mediados del siglo XVII. El orbe terrestre aparece en forma de dos grandes hemisferios, oriental y occidental, con las proyecciones polares norte y sur más pequeñas.

El polo norte en el mapa de Visscher

Han llegado varias copias, unas mas iluminadas que otras (puede verse al final otra copia con dibujos coloreados a mano), pero todas representan de manera fidedigna los conocimientos geográficos occidentales que había en ese momento. Prueba de ello son, por una parte que han incluido los últimos descubrimientos en el continente austral, y por ello se convierte en uno de los primeros mapas del mundo que muestra los resultados de los viajes de exploración de Abel Tasman en 1642-43 y 1644: el descubrimiento, entre otras, de la isla que luego se llamaría Tasmania.

Debajo de la actual Australia (Nueva Holanda antes) se puede distinguir la silueta sin terminar de Tasmania, la tierra que descubrió A. Tasman

Otra característica de la cartografía de esa época es la creencia de que California era una isla alargada, muy cercana al continente americano, en lugar de una península, como se descubrió posteriormente. En la siguiente ilustración puede verse claramente el error.

isla de California

Se puede observar que la actual península de California aparece como una isla en este mapa holandés del siglo XVII

Esta imagen también denota diversas inexactitudes y muestra que no se habían descubierto todavía las tierras polares, como por ejemplo una parte importante de Alaska. El oriente asiático tampoco está muy exacto, posiblemente porque era la parte menos explorada.

Asia oriental en el mapa de Visscher.

Como parte de los cartógrafos del momento, se ocupó en adornar el mapa con preciosos grabados de escenas clásicas, obra del holandés Nicolaes Berchem, tales como el rapto de Persefone, Zeus siendo llevado a través de los cielos en un carro tirado por águilas, Poseidón al mando de su séquito y Démeter recibiendo los frutos de la Tierra.

mapa coleras

Poseidón, el dios del mar, y su séquito

La ornamentación y los símbolos pictóricos de relieve, la separación de los hemisferios oriental y occidental en círculos y el uso de dos esferas separadas para representar las regiones polares son notables en este «mapa nuevo y totalmente preciso del mundo», al igual que su disposición a incorporar la información geográfica más reciente disponible y de utilizar una alta calidad en el grabado.

Copia del mapa coloreada a mano, que pertenece a la colección del Banco Nacional de Australia

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Localización

En el inmenso Océano Pacífico hay una isla que a lo largo de la Historia ha recibido múltiples denominaciones, y que se hizo famosa gracias a una película de cine (“El motín de la Bounty“). Sus playas son un símbolo de belleza, paz y sosiego.

Localización geográfica de Tahití

Localización geográfica de Tahití

Denominaciones

Originariamente se llamó isla de Amat y también Otahití, aunque hoy es conocida como Tahití. Los descubridores ingleses la bautizaron como isla del rey Jorge III. También se conocía en Francia como Nueva Cítera.

Otra imagen actual de la isla, con las aguas cristalinas, casi transparentes

Otra imagen actual de la isla, con las aguas cristalinas, casi transparentes

Estas variaciones en el nombre, así como su lejanía geográfica, han hecho que se repitan los errores sobre su existencia y la localización real. De hecho, uno de los mas frecuentes es confundirla con Haití, variando así su situación en unos miles de kilómetros, cambiando el océano que la baña y el continente al que pertenece.

Carta náutica de Haití en un atlas francrd frl S XVIII

Carta náutica de Tahití en un atlas francés del s. XVIII. Fuente

Situación estratégica

A pesar de que está en medio del Océano, como la mayor parte de las islas de esta zona del Pacífico, no ha dejado de ser una escala imprescindible en las rutas que cruzan esta gran masa de agua salada, tanto para las marítimas como para las aéreas.

Una de las vistas mas conocidas de esta preciosa isla

Una de las vistas mas conocidas de esta preciosa isla

Un poco de historia

Actualmente forma parte de la polinesia francesa, aunque durante el siglo XVIII llegaron hasta ella navegantes españoles y británicos principalmente. Sus habitantes originarios eran, según todos los indicios, polinesios.

Canoa tahitiana

Canoa tahitiana. Fuente

La historia de la llegada a la isla por parte de los europeos se asemeja a la de otras zonas cercanas. Avistada en viajes transoceánicos, ya fueran de exploración o de conquista, no estuvo en el punto de mira de los dos grandes imperios navales de la época (España e Inglaterra) hasta que uno de ellos decidió colonizarla.

Previamente había sido un lugar de paso agradable, donde todos los navegantes eran bien recibidos.

Canoas de Tahití. Fuente. BDH

Canoas de Tahití dibujadas por Rafael Monleón. Fuente: BDH

Entre los marinos españoles que llegaron allí durante el siglo XVIII están Boenechea y Gayangos, en un primer viaje, a los que se sumó Andía y Varela, que los acompañaría en el segundo.

De los viajeros ingleses el más famoso fue Cook, y entre los franceses Bouganville.

Rostros

Rostros tahitianos. Fuente

Cuando llegaron por primera vez Boenechea y Gayangos, con órdenes de tratar bien a sus habitantes, la llamaron “Isla de Amat”, en honor del virrey del Perú que les había ordenado viajar hasta ella. Una vez allí, siguiendo el espíritu ilustrado reinante, deciden recoger multitud de datos sobre las costumbres, la flora y la fauna, las posibilidades agrícolas, pero también se preocuparon por conocer los proyectos ingleses en la isla.

Arbol dle pan

Árbol del pan. Fuente

Posteriormente las buenas relaciones fueron sustituidas por malestar y desconfianza, con lo que los españoles abandonaron la zona, dejando vía libre a otras potencias. El famoso árbol del pan comenzó a levantar codicias (recordemos que la Bounty llegó a Tahití para recoger especímenes del árbol del pan y transportarlas al Caribe, donde comenzar su reproducción). En esos momentos también desembarcaban allí, con fines diversos, aventureros, balleneros y misioneros, y la forma de vida tradicional de los isleños comenzó a resentirse profundamente. Con ello vinieron las revueltas.

Habitantes de la isla a principios S. XIX

Habitantes de la isla a principios S. XIX. Fuente

El paraíso estaba empezando a dejar de serlo y tras varios intentos la isla se anexionó a Francia.

Una etapa de las obras artísticas mas conocidas del pintor galo Gauguin estuvo dedicada a esta preciosa parte de Oceanía, donde pasó una parte muy importante y fructífera de su vida.

El caballo blanco de Gauguin. Fuente:

El caballo blanco de Gauguin. Fuente: Museo de Orsay

Más información

AMARU, G. Tahití podía haber sido española. Universidad de Alcalá de Henares.

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Muchas veces hemos oído hablar de estos míticos caballeros templarios. Feroces guerreros, protagonistas de innumerables batallas, juramentados católicos, defensores de la fe y de los peregrinos de Tierra Santa. Sin embargo muy pocos saben que esta orden, extinguida en Europa a principios del siglo XIV, continuó en Portugal con el nombre de Orden de Cristo (1319).

La cruz de la Orden de Cristo

La cruz de la Orden de Cristo

A lo largo del tiempo, en el país vecino se fue extendiendo y formaron parte de ella insignes personalidades portuguesas como príncipes, infantes y nobles. Algunos fueron protagonistas de la época de los descubrimientos con la que se inicia el Renacimiento. Europa se da cuenta de que al oeste hay un gran continente y que en el lejano oriente, pasada la India, hay miles de islas, de indudable belleza y de riquezas inimaginables.

Atlas de Joan Martines Fuente: BDH

Atlas de Joan Martines. Fuente: BDH

Las grandes potencias del momento se lanzan a la aventura de conquistar y colonizar esos nuevos territorios, y la Orden del Temple, la que había sido una de las grandes protagonistas de la Edad Media, renace y pasa a formar parte de las hazañas marítimas portuguesas de los siglos XV y XVI.

Los antiguos guerreros medievales se transforman en marinos y aventureros que a bordo de míticos barcos llegan a nuevos e impresionantes lugares.

El infante Enrique. Fuente

El infante Enrique. Fuente

Uno de ellos, el infante Enrique, cuyo sobrenombre “El Navegante” es suficientemente significativo, se convierte, por sus hazañas bélicas y sobre todo por el patrocinio de expediciones marítimas, en uno de los héroes de la época. Llegó a gran maestre de la Orden de Cristo. Tenía sangre de reyes, herencia de caballero templario y visión de comerciante.

Castillo templario Tomar

Castillo templario en Tomar (Portugal)

El infante Enrique vivió entre 1394 y 1460, era hijo de Juan I, que había fundado la casa de Avis como rey de Portugal. Posteriormente su hermano (Eduardo I) y su sobrino (Alfonso V) también alcanzaron el trono lusitano.

Se estableció en Sagres, al sur de Portugal, y allí parece que fundó la mítica escuela de navegación, de la que algunos dudan que realmente existiera. Bajo su patrocinio se descubrieron o colonizaron las islas de Madeira, Azores y Cabo Verde.

Otra vista del castillo del Almourol

Vista del castillo del Almourol (Portugal)

En esos momentos un nuevo tipo de barco de vela ligero entra en escena y protagonizará muchos de los descubrimientos peninsulares: la carabela. Perfeccionada y preparada para los viajes oceánicos, demostró ser la nave ideal en esa época.

Una galera y una carabela portuguesas, dibujadas en un portulano

Una galera y una carabela lusitanas, dibujadas en un portulano

Promocionó una cátedra de Astronomía en la Universidad de Coimbra, que posteriormente ayudaría a muchos navegantes a desarrollar el imperio colonial portugués.

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Sus logros y hazañas fueron múltiples y están recogidas en varias publicaciones. Pero lo significativo es que el hijo de un rey se dedicara a estos menesteres, su pasión por la cultura, el mar y la aventura.

Y lo relevante es que a través del maestre de una orden de caballería medieval llegó un fuerte impulso para la era de los descubrimientos, la que inauguraría la edad moderna.

Más información

Compendio de las historias de los descubrimientos, conquistas, y guerras de la India Oriental, y sus Islas, desde los tiempos del Infante Don Enrique de Portugal. Madrid, 1681. Ejemplar digitalizado por cortesía de la Biblioteca Nacional de España.

Crónica del infante D. Enrique.

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A lo largo de la Historia, de manera poco frecuente pero espectacular para quienes pueden observarlas, se han formado de un día para otro una especie de islas de un color grisáceo, que da la sensación que han emergido de manera repentina del fondo del mar y que van a la deriva en los grandes océanos.

Desde que en 2012 apareció una, posiblemente la más grande conocida hasta el momento, los científicos han estudiado este fenómeno por el cual de repente surge, en medio del mar, una isla unas veces muy pequeña y otras, como fue el caso anterior, tan grande que puede ser vista desde los satélites, ya que ocupaba unos 400 kilómetros cuadrados. Incluso Google Earth la captó.

Una imagen de esta acumulación de piedra pómez. Fuente.

Una imagen de esta acumulación de piedra pómez. Fuente.

El segundo factor que intriga a los que las observan es que, al contrario de las islas volcánicas conocidas que también han emergido, literalmente flotan sobre el agua y se desplazan varios kilómetros, y lo más chocante es que suelen cambiar de forma.

Son acumulaciones de piedra pómez que han emergido

Ahora ya sabemos que son de piedra pómez, un material muy ligero, por lo que flotan y se desplazan por el mar gracias a su baja densidad. Se generan por las erupciones volcánicas que tienen lugar debajo del mar, en el lecho oceánico, como por ejemplo la de la caldera del volcán Havre, situada en el suroeste del Pacífico, que provocó en julio de 2012 la aparición de esta gran isla grisácea. Las balsas de piedra pómez, islas efímeras o islas flotantes como también las han denominado (aunque no es exactamente lo mismo), pueden desplazarse durante años, saturarse de agua y hundirse o, por el contrario, quedar varadas en las costas.

La balsas vista mas de cerca. Fuente.

La balsas vista mas de cerca.  Fuente.

Los investigadores han afirmado que este gigantesco experimento natural, que suele aparecer en el Pacífico sur y también en la parte meridional del Atlántico, es muy relevante para estudiar la dinámica de placas tanto la actual como la prehistórica, así como su dispersión en la superficie oceánica. Suelen estar habitadas por microorganismos y pequeños seres vivos marinos, como crustáceos o corales.

Aunque se sabe que estas formaciones han sido vistas desde hace siglos, los avistamientos de balsas de piedra pómez siguen siendo poco frecuentes y muy espectaculares.

Sandy. Fuente

El fenómeno fotografiado. Se puede ver que la piedra forma una capa sobre el agua. Fuente

La diferencia con las otras islas

No se deben confundir estas “islas efímeras” con las que en un momento aparecieron como consecuencia de una erupción volcánica submarina y se mantienen en su lugar de origen, que son muchas. Las de piedra pómez no están habitadas, cambian de forma continuamente y pueden durar, como tales, días, meses o años, pero si no se produce algún fenómeno que haga variar su composición o que añada otro tipo de material mas compacto, terminan desapareciendo.

al lado de un volcán. Fuente.

Una acumulación de piedra pómez al lado de un volcán (Rakata, en Indonesia). Fuente.

Avistamientos contemporáneos

Durante el siglo XX tenemos noticia de que han aparecido cerca de las islas Sandwich del Sur, en marzo de 1962, y en la de Eua (Tonga), en 1969, entre otras.

Antes de las imágenes de satélite, las aglomeraciones en las costas y los informes de balsas flotantes de piedra pómez sólo se conocían gracias a los navegantes, a través de cuyas notas quedaron signos de las erupciones volcánicas marinas y la aparición de islas. Como no existía forma de verlas desde el aire, no hay noticias de estas islas en la Antigüedad, aunque son frecuentes los relatos y leyendas referidas a algunas de ellas, pero es muy difícil identificarlas en la documentación.

Más información

JUTZELER, M. et al. On the fate of pumice rafts formed during the 2012 Havre submarine eruption. Nature Communications. 2014, nº 5, 3660.

Las rocas flotantes del Pacífico Sur. Vistas al mar. 2014.

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Aunque el emperador Qin Shi Huang, el unificador de China, es evidente que vivió durante el siglo III a.C., tiene detrás de sí tantas leyendas que a veces cuesta trabajo desenmascarar la realidad de la ficción. Las expediciones navales que organizó, y especialmente sus propósitos, se mezclan entre lo mítico y lo histórico.

Qin-Shi-Huang_0, el primer emperador. Fuente

Qin-Shi-Huang, el primer emperador. Fuente

El primer emperador, el que unificó los sistemas de medidas, generó importantes infraestructuras para distribuir el agua entre sus súbditos y mandó levantar una parte de la gran muralla, tenía un sueño, la inmortalidad, que procedía de su gran miedo a la muerte. En la búsqueda del elixir que le permitiera ser eterno dedicó grandes esfuerzos, y parte de éstos fueron las expediciones navales que zarparon con la orden de conseguir la fuente de la inmortalidad. Otra de las grandes obras fue su impresionante mausoleo, hoy Patrimonio de la Humanidad, el que contiene los famosos y espectaculares 8000 guerreros de terracota, que deberían acompañarle y protegerlo cuando volviera a la vida.

Los guerreros de terracota que fueron enterrados con él para su protección

Los guerreros de terracota que fueron enterrados con él para su protección

Pero Qin tuvo sus sombras, y es también conocido porque quemó muchos de los textos de épocas previas y por asesinar a más de 400 intelectuales de su imperio.

Las islas de la inmortalidad

Según la leyenda, había tres misteriosas islas situadas a miles de millas al este de China. Éstas eran conocidas por los nombres de Penglai, Fangzhang y Yingzhou. Supuestamente, los inmortales vivían allí en palacios, todos los animales eran de color blanco puro, y también había hierbas que otorgaban la vida eterna y resucitaban a los muertos. Las islas estaban cubiertas de nubes, de manera que podían ocultarse a las embarcaciones que se aproximaran. Igualmente la magia podía provocar un viento que alejara a las naves de ellas, de tal forma que no pudieran acercarse.

Las expediciones marítimas

Qin organizó varios viajes para llegar a estas supuestas islas y conseguir la fuente de la inmortalidad.

a) Las primeras búsquedas

Al emperador Qin le llegaron noticias de estas hierbas. Por ello envió a buscarla a Lu Sheng, del estado de Yan, pero fracasó en su intento. El punto de su partida fue la actual ciudad de Qinhuangdao.

Posteriormente mandó a Xu Fu, un monje y astrónomo reconocido. Cuando regresó dijo que tras haber subido a la montaña Penglai, vio la hierba de la inmortalidad, pero los habitantes inmortales que allí vivían no le permitieron llevársela. Recomendó al emperador que debería llevar algunos artesanos diligentes para conseguir la hierba.

Jiaogulan – La hierba de la inmortalidad. Fuente

Jiaogulan, conocida como la hierba de la inmortalidad. Fuente

b) La segunda gran expedición

El emperador decidió que acompañaran al astrólogo 3000 niños y jóvenes junto a una serie de artesanos. Dicen que la expedición estaba formada por unas 60 embarcaciones.

La expedición en busca de la medicina de la inmortalidad Autor: Utagawa Kuniyoshi (c. 1839-1841. Fuente

La expedición en busca de la medicina de la inmortalidad. Obra de Utagawa Kuniyoshi (S. XIX). Fuente

Después de viajar durante un tiempo en el mar, Xu Fu regresó y dijo al emperador que había un dragón en el agua que le impedía alcanzar la montaña, aunque este pasaje no sabemos si es cierto.

Un dragón representado en un antiguo pendiente chino del siglo IV antes de C.

Un dragón representado en un antiguo pendiente chino (s. IV antes de C). Fuente

Sin embargo, Xu Fu, al no conseguir la hierba inmortal no se atrevió a ver al emperador de nuevo y se dirigió a lo que hoy es Japón. Se instaló allí y murió a los pies de la montaña Fuji. Hay muchas historias y registros históricos sobre él en Japón, incluso algunos investigadores especulan que fue el legendario Jimmu Tenno.

Una visión mas amplia de una d elas salas de la tumba de Qin en la que aparecieron los guerreros

Una visión más amplia de una de las salas de la tumba de Qin en la que aparecieron los guerreros

El viaje del emperador en busca del gran pez

Cuentan las leyendas que el propio Qin soñó con la bestia y quiso ir a matar al dragón del que Xu Fu le había hablado, y que cuando el barco llegó a una pequeña isla, se encontró con un gran pez y lo mató. Sin embargo, parece que la realidad fue diferente.

Una garza encontrada en el mausoleo de Qin

Una garza encontrada en el mausoleo de Qin

Tras el sueño consultó a los astrólogos. Ellos le dijeron que la verdadera faz de las divinidades del mar era invisible y que a menudo tomaban forma de enormes tiburones o dragones. “Ahora usted, emperador, reza, hace sacrificios y rinde homenaje cabal y respetuoso, pero aparecen estas crueles criaturas. Hace falta eliminarlas. Sólo tras eso, las divinidades bondadosas se presentarán”, le dijeron (fuente).

Entonces Qin dio la orden a todos los que pescaban en el mar de preparar redes para conseguir capturar los peces mas grandes y de tener listos arcos y flechas para matar tiburones. “Desde el norte de Langya hasta Laoshan y Chengshan no vieron aparecer ningún tiburón. Cuando llegaron a Zhifu, efectivamente aparecieron”. Aunque dispararon muchas flechas sólo lograron matar a uno. Luego vadearon la costa, viajaron hacia el oeste por el río. Cuando llegaron al embarcadero de Pingyuan, el emperador contrajo una enfermedad y moriría poco tiempo después. “En el mes séptimo, el día bingyin, Shi Huang murió en el terraplén de Shaqiu” (fuente).

Su muerte se mantuvo en secreto durante un tiempo, dejando un periodo para su traslado, con objeto de que pudiera reposar en su hermosa tumba.

Uno de los aurigas del emperador. Fuente.

Uno de los carros del emperador encontrado en su tumba. Fuente.

En definitiva, un gran emperador, con una vida llena de muchas luces y algunas sombras, que tuvo un sueño y lo persiguió durante toda su vida. Consiguió unificar China, pero nunca llegó a la tierra de la inmortalidad, falleciendo tras casi 40 años de reinado. La inmensa tumba que mandó construir fue descubierta muchos siglos después. Paradójicamente, su impresionante ejército de guerreros de terracota, conforme van apareciendo y recomponiéndose, parece que pueden levantarse y cobrar vida, otorgando  a su creador un lugar inmortal en la Historia.

Más información

El primer emperador. Beijing, 2005.

PAINE, L. The sea and civilization: a maritime history of the world. Atlantic Books, 2014.

Tratado de cosmología de la época

Videos de la UNESCO sobre el mausoleo de Qin

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Cristobal Colón escribió en 1493 una carta en la que anunciaba sus descubrimientos. Fue publicada por primera vez un año después de su llegada a América, con objeto de poder obtener apoyo político y financiero para el siguiente viaje.

La primera hoja

La primera hoja de la carta que se publicó en 1493

La que traemos aquí es una edición latina de la carta manuscrita de 1493. Las imágenes que contiene, incorporadas por el editor para aumentar su valor estético, deben ser de las primeras representaciones del Nuevo Mundo. Una de ellas, la primera, dibuja a Colón llegando a una costa y estableciendo contacto con las poblaciones indígenas. En la parte superior están grabadas las palabras “Insula Hyspana” (isla española).

Amplicación d ela primera imagen, donde aparece Colón llegando a tierras americanas

Ampliación de la primera imagen, donde aparece Colón llegando a tierras americanas

Hay publicadas varias versiones diferentes de esta epístola en castellano, latín e inglés entre otros, que ayudaron a difundir su viaje en toda Europa. Es probable que ésta se publicara en Basilea (Suiza) y es la única carta impresa que lleva ilustraciones. Se conserva en la Biblioteca John Carter Brown de Estados Unidos de América.

Galera penisular

Primera ilustración. En la parte superior se reproduce el encuentro entre las naves de Colón y los indígenas americanos y en la inferior se ha incluido una galera

Los buques que aparecen en la carta

De las cuatro imágenes que tiene el texto, aquí sólo reproducimos 3, que son las vinculadas con la temática naval. En ellas se pueden apreciar distintas naves, entre las que se encuentran una galera y dos carracas, una pequeña y otra grande para viajes oceánicos. Ofrecemos una breve descripción de las embarcaciones que aparecen ilustrando el texto.

La galera

Es una galera de comercio veneciana de finales del siglo XV dedicada a la conducción de peregrinos a Tierra Santa. La xilografía es muy parecida a la que aparece en el “Viaje de la Tierra Sancta” de Martín Dampies (Zaragoza: Paulo Hurus, 1498). La galera boga a tercerol y lleva las dietas vivas (ganado) en el centro de la cubierta. No tiene nada que ver con las galeras de guerra. Lleva un solo árbol con vela latina.

Galera de cerca

Detalle de la galera

La carraca pequeña

Es una nao o, más bien, una carraca pequeña. Lleva dos castillos, uno en proa y otro en popa. En el de proa arbola un palo de trinquete con una vela cuadra o redonda. En el centro aparece el gran árbol mayor con otra vela cuadra. En lo alto del palo hay una gavia o cofa que servía para lanzar desde allí armas arrojadizas al enemigo. En el castillo de popa hay un árbol de mesana con una vela latina.

Nao

Nao o pequeña carraca

A pesar de que las velas están portando, la embarcación aparece fondeada, pues del escobén de la diestra o estribor sale un cable o gúmena. En ambos castillos hay un esbozo de las jaretas de madera que defendían a la embarcación del abordaje enemigo.

La gran carraca

La oceánica navis que aparece en la ilustración es una gran carraca navegando en popa. Se aprecia muy bien el gran palo maestro con su vela cuadra. En el castillo de popa, el palo de mesana porta una entena con una vela latina. No se aprecia ni el castillo de proa ni el palo de trinquete, ocultos por el gran papahígo o vela mayor.

Oceano

Carraca oceánica

En el castillo de popa se ve claramente la obra en madera de las jaretas para evitar el abordaje. En la popa se ve el orificio de la limera, que permite el juego de la caña del timón de codaste.

En síntesis

Como podemos apreciar, a pesar de que la relevancia del texto y de la belleza intrínseca de las xilografías, las ilustraciones, especialmente la representación de los buques, no siempre estaban en consonancia con el texto al que acompañaban. Esto no es nuevo, ya que a lo largo de los siglos ha ido ocurriendo en repetidas ocasiones, debido, entre otros motivos, al profundo desconocimiento que existía sobre la Historia Naval, la construcción de buques y resto de materias vinculadas con ella. En próximas entradas veremos mas ejemplos de textos e ilustraciones que no se ajustan a la realidad, y que han contribuido a perpetuar errores y a generar falsos históricos que han sido muy difundidos.

Más información

Acceda a esta edición impresa e ilustrada de la carta de Cristobal Colón

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