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La forma más completa y más exacta de representar la Tierra es sobre una superficie esférica, es decir, mediante un globo terráqueo. En él se incluyen todos los océanos, mares y continentes de la Tierra. Es, por lo tanto, un modelo tridimensional a escala, y también la única representación geográfica que no tiene distorsión geométrica. El primero que ha llegado a nuestros días es tan antiguo que ni siquiera incluye el continente americano. De hecho, se cree que Cristóbal Colón trabajó con él. Aparte de ser el más longevo, nos transmite muchas evidencias del saber cartográfico de su época y una serie de imágenes de indudable valor estético e histórico.

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El mar Mediterráneo y una parte de los continentes europeo y africano

Su autor

Martin Behaim (1459-1507) era un comerciante y cartógrafo alemán, nacido en Bohemia, que tras recorrer varias naciones europeas llegó a Portugal en misión comercial. Allí conoció a su futura mujer, y gracias a estas relaciones tuvo ocasión de entrar en la corte portuguesa, así como de ponerse al servicio del rey luso Juan II. Distintos autores contemporáneos lo llaman Martín de Bohemia y hablan de sus logros (como por ejemplo Pigafetta).

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El globo Behaim en distintas posiciones

“El mundo es esférico, como una manzana”

El globo

El que aquí exponemos se llevó a cabo en 1492 por orden de los gobernantes de la ciudad alemana de Nuremberg, y se conoce como el globo Behaim o Erdapfel. 

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De izquierda a derecha se pueden apreciar las figuras de distintos reyes africanos, el Nilo, el mar Rojo y parte de la península arábiga

Además de la representación de la Tierra hay abundante información textual que orienta e ilustra sobre la geografía allí descrita. Se enumeran alrededor de 2000 ubicaciones geográficas y aparecen unas 200 imágenes en miniatura, que ilustran una gran variedad de temas políticos, religiosos, fantásticos, comerciales, de historia natural, marítimos y navales, entre otros.

Las miniaturas

En las imágenes aparecen representados animales terrestres y marinos (peces, focas, ballenas, hipocampos, así como vacas, serpientes y leones marinos). Además, se dibujan once embarcaciones.

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Una embarcación navegando en popa con un solo papahigo, posiblemente una carraca, en el Océano Índico, cerca de Madagascar.

Las banderas marcan los dominios de cada nación. También muestra, por ejemplo, cuarenta y ocho reyes o gobernantes sentados en carpas o en tronos, según los lugares de origen.

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Esta imagen se corresponde con la parte del continente asiático, muy distinta de la actual

A diferencia de los mapas medievales del mundo, no incluye la representación del paraíso. Pero sí que dibuja en Oriente Medio otros símbolos religiosos, como por ejemplo, entre el Mar Negro y el Mar Caspio, se ve el Arca de Noé, que está varada como una cabaña blanca en el Monte Ararat. A la derecha del Mar Rojo, se sitúa La Meca, debajo de la inscripción “Arabia Petrea”.

La geografía

Con influencias tanto de la Antigüedad grecolatina y de libros de viajes, como de los tradicionales mapas medievales y de los portulanos de la Baja Edad Media, Behaim ofrece una visión del mundo integrada, que refleja muy bien el saber geográfico del momento, justo el mismo año en el que Colón salió del puerto de Palos hacia las Indias. Por ese motivo hay una gran masa de agua que bordea los tres continentes recogidos, y en ella confluyen los actuales océanos Atlántico y Pacífico.

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Entre la isla que se sitúa a la derecha, que se corresponde con lo que hoy es Japón, y el continente europeo, no aparece nada más que un gran mar. Behaim aprovecha este “vacío” para incluir texto y algunas imágenes

Australia, la terra australis, tampoco está dibujada ya que deberían pasar años hasta su inclusión en los primeros mapas. Nos consta que fue una expedición española al mando del portugués Pedro Fernández de Quirós la que descubrió el archipiélago de las Nuevas Hébridas (actualmente es Vanuatu) en 1606, y que a su isla más grande decidieron denominada Austrialia del Espíritu Santo. Se estaba entonces dando forma el nombre del continente, a pesar de que inicialmente Australia fue conocida como Nueva Holanda.

El colonialismo temprano en la zona litoral oeste de África facilitó que se pudieran incluir detalles de las líneas costeras, así como nombres de algunos ríos y otros puntos de referencia.

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Costa oeste de África y parte del Océano Atlántico, con escudos y banderas portugueses

Los dos polos aparecen como Terra Incognita, ya que en ese momento no se conocía qué había más allá. La región del Polo Sur está ocupada por el Águila de las Vírgenes de Nuremberg, el escudo de la ciudad que impulsó la construcción de este globo.

Curiosidades de esta representación del mundo de 1492

Aunque son muchas, destacamos las que consideramos que pueden ser de mayor interés. La idea del exotismo oriental se puede comprobar en la descripción de la actual Sri Lanka, ya que según Behaim, el “rico rey de Ceilán tiene el rubí más grande y hermoso del mundo y su gente va desnuda”. 

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La isla de Sri Lanka (Ceilán), aquí llamada Taprobana

Aparecen igualmente animales fantásticos (sirenas, sátiros, hombres con cabeza de perro). También se incluye Cipango, el actual Japón, como una gran isla entre Asia y Europa.

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Sureste asiático. Se ven muchas islas más pequeñas y una grande, que es Cipango, la actual Japón.

Muchos de los pasajes hacen referencia a recursos económicos, como las especias más caras, por ejemplo, la pimienta, la nuez moscada y la canela, lo que refleja perfectamente el oficio de su autor. Gran parte del texto incluido en la esfera proviene de la época de Behaim, aunque luego se realizaron algunos añadidos.

Estado actual de conservación

Los mares del globo originalmente tenían un color azul claro. El envejecimiento y las múltiples restauraciones mal hechas llevaron a una imagen que ahora es difícil de leer con un mar de color gris oscurecido. Se puede ver cómo está actualmente en el vídeo y en el dibujo que aparece abajo, porque el resto de las imágenes se han mejorado para que se pueda apreciar la riqueza y belleza de la obra de Behaim.

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Un dibujo actual del globo de Behaim, en el que se puede observar, además de la ballena, las naves y resto de figuras, el color oscuro del agua marina, producto del envejecimiento

El globo en 3D

Actualmente se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional alemana, en Núremberg, y gracias al repositorio digital de otra Biblioteca Nacional, la de Francia, se puede ver el globo en color, mejorado y en 3 dimensiones.

En síntesis, es otra indudable joya de nuestro patrimonio naval, muy desconocida, estéticamente muy valorable y una fuente primaria básica, con importantes conocimientos históricos, geográficos, mitológicos, políticos y económicos de los inicios de la Edad Moderna.

Más información

MORRIS, J.G. Martin Behaim: The German Astronomer and Cosmographer of the Times of Columbus, Baltimore: Maryland Historical Society/John Murphy & Co., 1885.

POHLE, J. Martin Behaim (Martinho da Boémia) e os Açores. Boletim do Núcleo Cultural da Horta, 2012, 21, p. 189-201.

RAVENSTEIN, E.G. Martin Behaim, his life and his globe. Londres, 1908.

Nota: Informamos a nuestros lectores que a partir de ahora las imágenes que aparecen en este blog, sobre las que se ha intervenido para mejorarlas, ampliarlas, eliminar ciertos desperfectos o que los detalles se puedan ver mejor, llevarán la marca de la Cátedra. Por supuesto se mantendrá al pie de página la fuente de la que se han extraído. Hemos tenido que hacer ésto porque varias webs y blogs han copiado literalmente las entradas, texto e imagen, sin citar adecuadamente el origen. A los miembros del equipo de esta bitácora nos supone mucho tiempo y esfuerzo la elaboración de cada una de las entradas semanales y no nos parece correcto que se copien, ni que se reproduzcan sin ni siquiera citar el blog del que se han copiado. Para facilitar las citas se añadirá, a partir de ahora, una forma internacional de referencia, la norma ISO 690, tanto para citar en papel como para las que sean digitales (en ambas sólo hay que añadir en qué fecha se ha consultado, cuyo formato aparece marcado en color rojo).

Cómo citar esta entrada

En papel

CHAÍN NAVARRO, Celia. La representación del mundo en 1492. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, 26 de marzo de 2019. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2019/03/26/la-representacion-del-mundo-en-1492/ [Fecha de consulta:  día, mes y año]

En webs, blogs y resto de recursos virtuales

CHAÍN NAVARRO, Celia. La representación del mundo en 1492. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, marzo de 2019 [Fecha de consulta:  día, mes y año]

 

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Hay muchos países cuya vinculación con el mar aparece hasta en sus leyendas fundacionales y un buen ejemplo de ello es Nueva Zelanda. Situada en Oceanía, cuyo nombre representa al dios del mar, y rodeada por las aguas del inmenso Pacífico, la tradición aborigen cuenta una historia que evoca elementos marítimos característicos, que con alguna variación ha sobrevivido hasta nuestros días. Incluso hay investigadores que opinan que este país forma parte de un nuevo continente junto a Nueva Caledonia, que llaman Zealandia.

Se compone de dos islas grandes, la Isla Norte y la Isla Sur, con algunas más pequeñas. Está ubicada en el borde entre dos placas tectónicas y forma parte del denominado “cinturón de fuego” alrededor del Océano Pacífico, por lo que la actividad volcánica está presente en su territorio.

Tiene una biología muy característica como producto de su extraordinaria geología. Hace 200 millones de años existía una única masa terrestre, llamada Gondwana. Este supercontinente inicial se separó y dos de los bloques terminaron constituyendo Australia y Nueva Zelanda, aislándolas del resto del mundo y dando lugar, como resultado de la evolución, a plantas y animales únicos.

Dibujo de un kiwi

Los maoríes, sus habitantes aborígenes, la denominan Aotearoa, que también era el nombre de la canoa del primer explorador que según algunas tradiciones llegó a estas tierras.

Familia aborigen en Dusky Bay. A voyage towards the south pole, and round the World (s. XVIII). Fuente BNE.

El nacimiento mágico de la islas 

Las leyendas maoríes cuentan que Nueva Zelanda surgió gracias al semidiós Mäui (el hijo pequeño del dios del inframundo), que literalmente pescó la Isla Norte. Lo que ha dado lugar a una narración que intenta explicar este mágico hecho.

Todo empezó porque los hermanos mayores de Mäui no querían que fuera con ellos de pesca, así que un día se escondió al fondo de la embarcación y no salió de ella hasta estar alejados de la costa.

Para pescar usó un hueso mágico que había heredado de su abuela y como cebo obtuvo sangre de su propia nariz. La primera pieza que cobró fue un enorme pez, que sacó con ayuda de sus hermanos, y que figuradamente representaba la que sería la Isla Norte. Maui advirtió que esperaran hasta que se hubiese apaciguado a Tangaroa, el dios del océano, antes de que comenzaran a cortarlo en trozos. Así, se cuenta que el accidentado litoral fue causado por los hermanos de Mäui, mientras usaban sus cuchillos para cobrar las partes de la presa.

Realmente esta parte norte del país parece un pez. Algunos de los mitos señalan que la canoa que usó Mäui se terminó convirtiendo en la Isla Sur y que con su ancla se formó el archipiélago de las Chatham, aunque hay variaciones a este respecto, ya que otras tradiciones afirman que el ancla es otra de las islas situadas al sur.

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Las islas Chatham están situadas a la derecha de las dos más grandes.

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Las piedras redondas de la isla Sur

También es conocido el origen legendario atribuido a las fantásticas piedras redondas de Moeraki (un pequeño pueblo de pescadores que parece detenido en el tiempo), en la isla del sur de Nueva Zelanda. Estas formaciones rocosas prehistóricas naturales se relacionan con las calabazas que arrastró la marea en el naufragio de una de las ancestrales canoas que llevaron a los maoríes a Nueva Zelanda. Para ellos son rocas sagradas y piensan que las señales que presentan las piedras son marcas de las redes de pesca de sus antepasados.

Así de sencillo de escuchar, pero difícil de explicar, la leyenda fundacional nos cuenta que una de las grandes islas neozelandesas era un pez y la otra un barco, mientras que el ancla terminaría formando alguno de los pequeños archipiélagos. Por otra parte, la que está basada en las piedras redondas, habla de una gran canoa que cruzó el mar para colonizar estas tierras del continente austral. Son algunas de las muchas historias del origen mágico de las tierras que siembran el inmenso Océano Pacífico, en las que el mar es el protagonista indiscutible.

Más información

COOK, J. A voyage towards the south pole, and round the World: Performed in His Majesty’s ships the Resolution and Adventure, in the years, 1772, 1773, 1774 and 1775. London: Printed for W. Strahan & T. Cadell, 1777.

Más leyendas

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A lo largo de la historia los portulanos y las cartas náuticas han recogido islas que parece que sólo estaban en la mente de algunos navegantes. Sobre ellas han ido surgiendo leyendas, fábulas, monarcas invencibles, princesas bellas e indefensas y un sinfín de cuentos que durante siglos han avivado la memoria y el sentir de muchos pueblos. Todo ello sin contar las expediciones que algunos reyes mandaron llevar a cabo para descubrirlas y colonizarlas, para mayor gloria de su reinado.

Isla de Brasil en un portulano anónimo renacentista

Algunas no han sido identificadas todavía, y por parte de los geógrafos se mantiene la duda sobre cuál de las islas o costas del entorno en el que se dibujaron podían ser. Otras han sido ya descartadas, y aparecen como islas fantasma.

india en el mapa de Ptolomeo

Taprobana en el mapa de Ptolomeo

Han sido varias las que han ido surgiendo en la cartografía, que las ha recogido especialmente durante los primeros siglos de la edad moderna. De todas ellas vamos a repasar las más conocidas: Tile, Brasil y San Borondón, todas aparecidas en el Océano Atlántico, como islas fantasma, y otras que parece que ya están identificadas, pero que al comparar las cartas antiguas con las actuales surgen ciertas dudas, como es el caso de Taprobana, esta vez en el Índico.

Taprobana en un portulano de 1580

Tile

Tile es una ínsula famosa desde la Antigüedad clásica, de la que escribió Piteas tras su viaje al Mar del Norte, y que dijo haber visitado.

Tile en Prunes

Isla de Tile en el mapa de Prunes (1559)

Los cartógrafos, interesados en incluir nuevas tierras descubiertas, tuvieron siempre en cuenta esta misteriosa isla, que a día de hoy no sabemos si se refiere a Islandia, Groelandia o a alguna parte de la costa noruega.

Tile en la carta de O. Magnus (1539)

San Borondón

Otra isla mitológica es San Borondón, pero esta tiene un origen medieval. Con un profundo vínculo con leyendas y fábulas de la época, la crónica habla de un obispo, San Brandón, que tras navegar en peregrinación por el Atlántico, fondeó en la costa y cuando se dio cuenta, ésta era un gran pez, no tierra firme. Es muy posible que San Borondón sea la fábula vinculada con la historia marítima más reproducida en época medieval.

Isla de Brasil

La situaban cercana a la costa oeste de Irlanda y ha sido colocada en los mapas desde el siglo XIV.

La isla de Brasil en pleno Atlántico. Joan Martínes (1589)

Vista un poco más alejada de la isla, en donde se ve que está relativamente próxima a la costa irlandesa

Según Barry Cunliffe, profesor de la Universidad de Oxford, Brasil es la más intrigante de todas las legendarias islas del Atlántico:

“La leyenda se remonta mucho más atrás, probablemente a los tiempos precristianos, apareciendo primero en el siglo VII en el texto irlandés conocido como “La aventura del hijo de Bran de Febal”, que habla de la visita de Bran a esta isla del otro mundo sostenida por pilares de oro donde se hacían juegos, la gente siempre estaba contenta, no había enfermedades y siempre se escuchaba la música; verdaderamente una tierra de benditos”.

Isla de Brasil en la carta de Joan Martines (1589)

Taprobana

Taprobana es una isla de la que se empezó a hablar también en época antigua. Se sitúa siempre en la parte sureste de la India. Los navegantes egipcios que se atrevían a viajar a las costas de la India escribieron sobre ella, y de hecho Ptolomeo la menciona y dibuja en su célebre mapa. Suele aparecer como una gran isla cercana al continente asiático.

Taprobana

La isla en la Geografia de Ptolomeo

Como actualmente sabemos que su tamaño, en comparación con la península indostánica, es bastante menor, choca encontrar una inmensa isla cerca de una pequeña costa sobresaliendo del continente asiático, tal y como lo dibujó Ptolomeo. Y aunque hoy casi todo el mundo admite que es el nombre de Ceilán, ha habido quienes han pensado que Taprobana podía corresponderse con la parte sur de la India o de las islas de Malasia.

Taprobana en Agnese

Taprobana en el portulano de Agnese (1541)

Sintetizando, maravillosas fábulas que hoy nos entretienen y que para algunos investigadores son un interesante material de trabajo y análisis sobre la mentalidad de estas épocas, la conexión, o falta de ella, con lo marítimo y también acerca de la forma de entender el mundo.

 Más información

La maravillosa historia de las islas fantasma que tuvieron que ser borradas de los mapas. BBC. 2018.

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La cartografía es una disciplina que, además de proporcionar disfrute estético, sirve como evidencia, como foto fija de cómo se entendía el mundo, o la zona cartografiada, en un momento de la Historia. Este es el caso del mapa que aquí nos ocupa, y en el que podemos observar cómo se veían las últimas islas recién descubiertas o detectar ciertos errores geográficos propios de la época.

Bajo la denominación de “Mapa nuevo y preciso del mundo”, Nicolaas Visscher (1618-1679) publicó en 1658 esta ilustración (muy influenciada por la obra del gran Blaeu, y en especial por su mapa mundi publicado diez años antes). Visscher pertenecía a la tercera generación de una prominente familia de cartógrafos, en plena edad de oro de la cartografía holandesa, conocidos por la exactitud de sus mapas y la innovadora ornamentación de sus obras.

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El mapa mundi de Visscher (1658)

Este mapa representa el mundo como era conocido a mediados del siglo XVII. El orbe terrestre aparece en forma de dos grandes hemisferios, oriental y occidental, con las proyecciones polares norte y sur más pequeñas.

El polo norte en el mapa de Visscher

Han llegado varias copias, unas mas iluminadas que otras (puede verse al final otra copia con dibujos coloreados a mano), pero todas representan de manera fidedigna los conocimientos geográficos occidentales que había en ese momento. Prueba de ello son, por una parte que han incluido los últimos descubrimientos en el continente austral, y por ello se convierte en uno de los primeros mapas del mundo que muestra los resultados de los viajes de exploración de Abel Tasman en 1642-43 y 1644: el descubrimiento, entre otras, de la isla que luego se llamaría Tasmania.

Debajo de la actual Australia (Nueva Holanda antes) se puede distinguir la silueta sin terminar de Tasmania, la tierra que descubrió A. Tasman

Otra característica de la cartografía de esa época es la creencia de que California era una isla alargada, muy cercana al continente americano, en lugar de una península, como se descubrió posteriormente. En la siguiente ilustración puede verse claramente el error.

isla de California

Se puede observar que la actual península de California aparece como una isla en este mapa holandés del siglo XVII

Esta imagen también denota diversas inexactitudes y muestra que no se habían descubierto todavía las tierras polares, como por ejemplo una parte importante de Alaska. El oriente asiático tampoco está muy exacto, posiblemente porque era la parte menos explorada.

Asia oriental en el mapa de Visscher.

Como parte de los cartógrafos del momento, se ocupó en adornar el mapa con preciosos grabados de escenas clásicas, obra del holandés Nicolaes Berchem, tales como el rapto de Persefone, Zeus siendo llevado a través de los cielos en un carro tirado por águilas, Poseidón al mando de su séquito y Démeter recibiendo los frutos de la Tierra.

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Poseidón, el dios del mar, y su séquito

La ornamentación y los símbolos pictóricos de relieve, la separación de los hemisferios oriental y occidental en círculos y el uso de dos esferas separadas para representar las regiones polares son notables en este «mapa nuevo y totalmente preciso del mundo», al igual que su disposición a incorporar la información geográfica más reciente disponible y de utilizar una alta calidad en el grabado.

Copia del mapa coloreada a mano, que pertenece a la colección del Banco Nacional de Australia

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Localización

En el inmenso Océano Pacífico hay una isla que a lo largo de la Historia ha recibido múltiples denominaciones, y que se hizo famosa gracias a una película de cine (“El motín de la Bounty“). Sus playas son un símbolo de belleza, paz y sosiego.

Localización geográfica de Tahití

Localización geográfica de Tahití

Denominaciones

Originariamente se llamó isla de Amat y también Otahití, aunque hoy es conocida como Tahití. Los descubridores ingleses la bautizaron como isla del rey Jorge III. También se conocía en Francia como Nueva Cítera.

Otra imagen actual de la isla, con las aguas cristalinas, casi transparentes

Otra imagen actual de la isla, con las aguas cristalinas, casi transparentes

Estas variaciones en el nombre, así como su lejanía geográfica, han hecho que se repitan los errores sobre su existencia y la localización real. De hecho, uno de los mas frecuentes es confundirla con Haití, variando así su situación en unos miles de kilómetros, cambiando el océano que la baña y el continente al que pertenece.

Carta náutica de Haití en un atlas francrd frl S XVIII

Carta náutica de Tahití en un atlas francés del s. XVIII. Fuente

Situación estratégica

A pesar de que está en medio del Océano, como la mayor parte de las islas de esta zona del Pacífico, no ha dejado de ser una escala imprescindible en las rutas que cruzan esta gran masa de agua salada, tanto para las marítimas como para las aéreas.

Una de las vistas mas conocidas de esta preciosa isla

Una de las vistas mas conocidas de esta preciosa isla

Un poco de historia

Actualmente forma parte de la polinesia francesa, aunque durante el siglo XVIII llegaron hasta ella navegantes españoles y británicos principalmente. Sus habitantes originarios eran, según todos los indicios, polinesios.

Canoa tahitiana

Canoa tahitiana. Fuente

La historia de la llegada a la isla por parte de los europeos se asemeja a la de otras zonas cercanas. Avistada en viajes transoceánicos, ya fueran de exploración o de conquista, no estuvo en el punto de mira de los dos grandes imperios navales de la época (España e Inglaterra) hasta que uno de ellos decidió colonizarla.

Previamente había sido un lugar de paso agradable, donde todos los navegantes eran bien recibidos.

Canoas de Tahití. Fuente. BDH

Canoas de Tahití dibujadas por Rafael Monleón. Fuente: BDH

Entre los marinos españoles que llegaron allí durante el siglo XVIII están Boenechea y Gayangos, en un primer viaje, a los que se sumó Andía y Varela, que los acompañaría en el segundo.

De los viajeros ingleses el más famoso fue Cook, y entre los franceses Bouganville.

Rostros

Rostros tahitianos. Fuente

Cuando llegaron por primera vez Boenechea y Gayangos, con órdenes de tratar bien a sus habitantes, la llamaron “Isla de Amat”, en honor del virrey del Perú que les había ordenado viajar hasta ella. Una vez allí, siguiendo el espíritu ilustrado reinante, deciden recoger multitud de datos sobre las costumbres, la flora y la fauna, las posibilidades agrícolas, pero también se preocuparon por conocer los proyectos ingleses en la isla.

Arbol dle pan

Árbol del pan. Fuente

Posteriormente las buenas relaciones fueron sustituidas por malestar y desconfianza, con lo que los españoles abandonaron la zona, dejando vía libre a otras potencias. El famoso árbol del pan comenzó a levantar codicias (recordemos que la Bounty llegó a Tahití para recoger especímenes del árbol del pan y transportarlas al Caribe, donde comenzar su reproducción). En esos momentos también desembarcaban allí, con fines diversos, aventureros, balleneros y misioneros, y la forma de vida tradicional de los isleños comenzó a resentirse profundamente. Con ello vinieron las revueltas.

Habitantes de la isla a principios S. XIX

Habitantes de la isla a principios S. XIX. Fuente

El paraíso estaba empezando a dejar de serlo y tras varios intentos la isla se anexionó a Francia.

Una etapa de las obras artísticas mas conocidas del pintor galo Gauguin estuvo dedicada a esta preciosa parte de Oceanía, donde pasó una parte muy importante y fructífera de su vida.

El caballo blanco de Gauguin. Fuente:

El caballo blanco de Gauguin. Fuente: Museo de Orsay

Más información

AMARU, G. Tahití podía haber sido española. Universidad de Alcalá de Henares.

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Muchas veces hemos oído hablar de estos míticos caballeros templarios. Feroces guerreros, protagonistas de innumerables batallas, juramentados católicos, defensores de la fe y de los peregrinos de Tierra Santa. Sin embargo muy pocos saben que esta orden, extinguida en Europa a principios del siglo XIV, continuó en Portugal con el nombre de Orden de Cristo (1319).

La cruz de la Orden de Cristo

La cruz de la Orden de Cristo

A lo largo del tiempo, en el país vecino se fue extendiendo y formaron parte de ella insignes personalidades portuguesas como príncipes, infantes y nobles. Algunos fueron protagonistas de la época de los descubrimientos con la que se inicia el Renacimiento. Europa se da cuenta de que al oeste hay un gran continente y que en el lejano oriente, pasada la India, hay miles de islas, de indudable belleza y de riquezas inimaginables.

Atlas de Joan Martines Fuente: BDH

Atlas de Joan Martines. Fuente: BDH

Las grandes potencias del momento se lanzan a la aventura de conquistar y colonizar esos nuevos territorios, y la Orden del Temple, la que había sido una de las grandes protagonistas de la Edad Media, renace y pasa a formar parte de las hazañas marítimas portuguesas de los siglos XV y XVI.

Los antiguos guerreros medievales se transforman en marinos y aventureros que a bordo de míticos barcos llegan a nuevos e impresionantes lugares.

El infante Enrique. Fuente

El infante Enrique. Fuente

Uno de ellos, el infante Enrique, cuyo sobrenombre “El Navegante” es suficientemente significativo, se convierte, por sus hazañas bélicas y sobre todo por el patrocinio de expediciones marítimas, en uno de los héroes de la época. Llegó a gran maestre de la Orden de Cristo. Tenía sangre de reyes, herencia de caballero templario y visión de comerciante.

Castillo templario Tomar

Castillo templario en Tomar (Portugal)

El infante Enrique vivió entre 1394 y 1460, era hijo de Juan I, que había fundado la casa de Avis como rey de Portugal. Posteriormente su hermano (Eduardo I) y su sobrino (Alfonso V) también alcanzaron el trono lusitano.

Se estableció en Sagres, al sur de Portugal, y allí parece que fundó la mítica escuela de navegación, de la que algunos dudan que realmente existiera. Bajo su patrocinio se descubrieron o colonizaron las islas de Madeira, Azores y Cabo Verde.

Otra vista del castillo del Almourol

Vista del castillo del Almourol (Portugal)

En esos momentos un nuevo tipo de barco de vela ligero entra en escena y protagonizará muchos de los descubrimientos peninsulares: la carabela. Perfeccionada y preparada para los viajes oceánicos, demostró ser la nave ideal en esa época.

Una galera y una carabela portuguesas, dibujadas en un portulano

Una galera y una carabela lusitanas, dibujadas en un portulano

Promocionó una cátedra de Astronomía en la Universidad de Coimbra, que posteriormente ayudaría a muchos navegantes a desarrollar el imperio colonial portugués.

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Monumento a Enrique el Navegante en Lisboa

Sus logros y hazañas fueron múltiples y están recogidas en varias publicaciones. Pero lo significativo es que el hijo de un rey se dedicara a estos menesteres, su pasión por la cultura, el mar y la aventura.

Y lo relevante es que a través del maestre de una orden de caballería medieval llegó un fuerte impulso para la era de los descubrimientos, la que inauguraría la edad moderna.

Más información

Compendio de las historias de los descubrimientos, conquistas, y guerras de la India Oriental, y sus Islas, desde los tiempos del Infante Don Enrique de Portugal. Madrid, 1681. Ejemplar digitalizado por cortesía de la Biblioteca Nacional de España.

Crónica del infante D. Enrique.

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A lo largo de la Historia, de manera poco frecuente pero espectacular para quienes pueden observarlas, se han formado de un día para otro una especie de islas de un color grisáceo, que da la sensación que han emergido de manera repentina del fondo del mar y que van a la deriva en los grandes océanos.

Desde que en 2012 apareció una, posiblemente la más grande conocida hasta el momento, los científicos han estudiado este fenómeno por el cual de repente surge, en medio del mar, una isla unas veces muy pequeña y otras, como fue el caso anterior, tan grande que puede ser vista desde los satélites, ya que ocupaba unos 400 kilómetros cuadrados. Incluso Google Earth la captó.

Una imagen de esta acumulación de piedra pómez. Fuente.

Una imagen de esta acumulación de piedra pómez. Fuente.

El segundo factor que intriga a los que las observan es que, al contrario de las islas volcánicas conocidas que también han emergido, literalmente flotan sobre el agua y se desplazan varios kilómetros, y lo más chocante es que suelen cambiar de forma.

Son acumulaciones de piedra pómez que han emergido

Ahora ya sabemos que son de piedra pómez, un material muy ligero, por lo que flotan y se desplazan por el mar gracias a su baja densidad. Se generan por las erupciones volcánicas que tienen lugar debajo del mar, en el lecho oceánico, como por ejemplo la de la caldera del volcán Havre, situada en el suroeste del Pacífico, que provocó en julio de 2012 la aparición de esta gran isla grisácea. Las balsas de piedra pómez, islas efímeras o islas flotantes como también las han denominado (aunque no es exactamente lo mismo), pueden desplazarse durante años, saturarse de agua y hundirse o, por el contrario, quedar varadas en las costas.

La balsas vista mas de cerca. Fuente.

La balsas vista mas de cerca.  Fuente.

Los investigadores han afirmado que este gigantesco experimento natural, que suele aparecer en el Pacífico sur y también en la parte meridional del Atlántico, es muy relevante para estudiar la dinámica de placas tanto la actual como la prehistórica, así como su dispersión en la superficie oceánica. Suelen estar habitadas por microorganismos y pequeños seres vivos marinos, como crustáceos o corales.

Aunque se sabe que estas formaciones han sido vistas desde hace siglos, los avistamientos de balsas de piedra pómez siguen siendo poco frecuentes y muy espectaculares.

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El fenómeno fotografiado. Se puede ver que la piedra forma una capa sobre el agua. Fuente

La diferencia con las otras islas

No se deben confundir estas “islas efímeras” con las que en un momento aparecieron como consecuencia de una erupción volcánica submarina y se mantienen en su lugar de origen, que son muchas. Las de piedra pómez no están habitadas, cambian de forma continuamente y pueden durar, como tales, días, meses o años, pero si no se produce algún fenómeno que haga variar su composición o que añada otro tipo de material mas compacto, terminan desapareciendo.

al lado de un volcán. Fuente.

Una acumulación de piedra pómez al lado de un volcán (Rakata, en Indonesia). Fuente.

Avistamientos contemporáneos

Durante el siglo XX tenemos noticia de que han aparecido cerca de las islas Sandwich del Sur, en marzo de 1962, y en la de Eua (Tonga), en 1969, entre otras.

Antes de las imágenes de satélite, las aglomeraciones en las costas y los informes de balsas flotantes de piedra pómez sólo se conocían gracias a los navegantes, a través de cuyas notas quedaron signos de las erupciones volcánicas marinas y la aparición de islas. Como no existía forma de verlas desde el aire, no hay noticias de estas islas en la Antigüedad, aunque son frecuentes los relatos y leyendas referidas a algunas de ellas, pero es muy difícil identificarlas en la documentación.

Más información

JUTZELER, M. et al. On the fate of pumice rafts formed during the 2012 Havre submarine eruption. Nature Communications. 2014, nº 5, 3660.

Las rocas flotantes del Pacífico Sur. Vistas al mar. 2014.

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